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Para todo momento
Norma Araceli Bautista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

todos somos consumidores


Norma Araceli Bautista

Nunca faltan en bares y restaurantes aquellos que se dicen "conocedores de vinos" y hacen todo tipo de observaciones a la copa y líquido a fin de catarlo. Al común de los consumidores podría parecernos un arte difícil reconocer los buenos vinos para deleitar el paladar.

Sin embargo, no necesitamos ser expertos para saber si el vino que ingerimos es de buena calidad, por lo menos en el terreno elemental y de lo mínimo indispensable.

Simplemente debemos prestar atención -cuando lo sirven y cuando se va a tomar- a tres aspectos sencillos: color, textura y limpidez.

Convertirnos en "catadores de ocasión", según los expertos, es tarea sencilla si somos capaces de aceptar sólo vinos que cumplan con los siguientes requisitos: estar libres de cualquier impureza que pudiera enturbiar su apariencia. Un vino límpido es claro y se halla libre de cuerpos sólidos que al flotar puedan alterar el sabor y el aroma.

Los mejores vinos, de acuerdo con los expertos, tienden a ser glicéricos, es decir, al agitarlos de forma circular en la copa dejan en las paredes gotas que caen más o menos rápido dependiendo la cantidad de aceite que contengan. Un vino con cuerpo combina perfectamente lo aceitoso con el nivel de alcohol, y en ello radica el secreto del buen cuerpo del líquido.

El color siempre señalará el tiempo que un vino ha permanecido en reposo. La zona de su procedencia, el tipo de uva con que se elaboró y otras tantas características. Los vinos jóvenes son por lo general brillantes y claros; a medida que aumenta su edad el color se opaca.

¿Blanco o tinto? Todo es cuestión de gustos, vinos de calidad se hallan en ambos. Pero los buenos vinos blancos generalmente tienden más al amarillo o al ámbar. Y los tintos en su mejor momento, pertenecientes a una gran reserva o crianza en madera fina, andan en tonalidad cercana al anaranjado.

Pero, definitivamente, expertos catadores coinciden que la prueba final para aceptar un vino está en el sabor. De entrada, siempre habrá que rechazar los avinagrados; aquí radica la dificultad y cualidad para convertirse en un experto catador. Comiencen ya porque dicen que sólo la práctica hará maestros

Norma Araceli Bautista. Correo: bagu@compaq.net.mx

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