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El agua que
vendrá del norte

Marina Robles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leche materna

Marina Robles

Foto: José Zepeda

Durante la década de los 70 amamantar fue una práctica que empezó a decaer paulatinamente en el mundo, en especial entre los sectores de clase media y alta. La justificación de este decaimiento obedecía, en buena medida, a las recomendaciones que emanaban de los países del Primer Mundo respecto de los requerimientos nutricionales de los recién nacidos. Lo que empezó en ciertos círculos sociales se fue extendiendo hacia otros grupos de la población y buena parte de la estrategia usada para ello era a través de la publicidad que mostraba rubias con turgentes y hermosos senos, ofreciendo un biberón a su también rosado, gordo y rubio hijo. Al mismo tiempo, como complemento del mensaje, se mostraba a alguna nativa americana o africana con los senos flácidos, amamantando a un bebé escuálido. La opción a tomar era evidente, todas querían verse en el reflejo de la rubia y así también a sus hijos.

Al terminar esa década, los estándares volvieron a cambiar. Las instituciones internacionales replantearon sus recomendaciones y la imagen se invirtió. Ahora, la rubia maravillosa con los senos turgentes amamantaba a su cachorro.

Desde entonces, los beneficios de amamantar son parte importante de las recetas que reciben todas las mujeres que esperan un hijo. Sin duda, mucho de cierto tiene la facilidad del contacto físico con el hijo, los anticuerpos que se trasmiten y lo protegen, al menos temporalmente, de ciertos males y otros más. Sin embargo, la disputa sobre el valor de estas dos posibilidades (amamantar o usar leche de fórmula) se ha mantenido y pareciera que no casualmente, pues ha estado muy involucrado en el proceso la conquista de mercados y lo otro que ha sido soslayado se relaciona con las diferencias entre regiones y grupos sociales.

Recientemente, un estudio hindú avivó la flama de la discusión, planteando que, por lo menos para los niños indios, la leche materna como único alimento en los primeros seis meses de vida no es la mejor opción, pues no aporta las sustancias necesarias paradesarrollarse apropiadamente.

En India, país con una población de mil millones de habitantes, los informes de organizaciones como el Banco Mundial han mostrado que los grados de desnutrición entre los niños son muy altos. Se estima que más de la mitad de los menores de cuatro años tienen problemas severos y 60% de las madres están anémicas. En términos globales, estas cifras implican que cerca de 40% de los niños malnutridos son hindúes.

La respuesta a la publicación presentada por los demógrafos Ravilla Anandaiah y Minja Kim Choe, por parte de las organizaciones internacionales, no se hizo esperar con argumentos asociados a salubridad, higiene y nutrición. Sin embargo, Anandaiah y Kim plantean que, para las condiciones de este país, los bebés deberían y pueden recibir complementos líquidos o comida suave desde los dos o tres meses y esto cubriría las deficiencias de la leche de madres malnutridas.

Por otra parte, los autores anotan que no cuestionan el valor de la leche materna sino la importancia de complementarla para disminuir la desnutrición en zonas altamente deprimidas. Bajo esta idea proponen que se replanteen los lineamientos establecidos por la Organización Mundial de la Salud, particularmente en lo que se refiere a la exclusividad de la alimentación con leche materna en los primeros seis meses de vida, lo que implica incorporar a la discusión del tema los asuntos de la desigualdad

Marina Robles es maestra en Ecología Marina por el CICESE y Fellow del Programa LEAD-México. Actualmente estudia el doctorado en Ciencias en la UNAM.

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