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El silencio de los no inocentes

Marco Levario Turcott

Foto: Santiago Salmerón/Contraluz

Entre la democracia plena festejada por el doctor Zedillo y la consolidación de la democracia advertida también por el Presidente durante su mensaje del 1 de septiembre, media un trecho que advertimos desde la agenda desahogada durante los últimos seis años, así como por los pendientes que aún quedan. Desde luego, ni los avances ni los déficit en esta materia le son atribuibles únicamente a quien dentro de algunos meses dejará el cargo.

1994 parece que fue ayer y sin embargo, al momento de revisar los logros, encontramos no sólo coordenadas sólidas en materia de normas e instituciones electorales -en ese año, el propio Ernesto Zedillo fue electo Presidente en un proceso que presentó avances importantes respecto de otros comicios-. Ahora todos los actores de la competencia política reconocieron los resultados de las urnas. Fue un acicate para ello, naturalmente, el hecho de que por primera vez hubiera ganado un candidato presidencial distinto al del PRI.

Quizá en eso pensó el mandatario cuando enalteció la plenitud democrática ya referida aunque, según el juicio de quien esto escribe, hubiera cometido el error de decir "perdimos" ante el Congreso. De algún modo en la derrota del tricolor también está la de su último gobierno consecutivo, pero el doctor hubiera podido ahorrarse el verbo aludido. Frente a sí tenía un grupo de correligionarios que, por primera vez en la historia, no chocaron las palmas en honor del Presidente. Ni siquiera cuando convocó a reconocer los avances democráticos. Emilio Gamboa Patrón, uno de los más connotados integrantes del equipo de campaña de Francisco Labastida, dijo que ellos no aplaudían la democracia.

Horas antes de ese mensaje, por cierto, el ex candidato priista habría hecho puntuales críticas a uno de los saldos de esa administración: la pobreza en la cual se encuentran millones de mexicanos. Se recuerda incluso que, en esos momentos, entre los priistas hubo una discusión inédita sobre si interpelarían o no a Zedillo, justamente porque el pregonado "bienestar para la familia" no había pasado de ser frase de campaña. Finalmente optaron por el silencio.

Al tema social se refirió el mandatario el viernes pasado, y aunque no lo hubiera hecho con la precisión que varios hubieran esperado, sí fue de los más connotados en el mensaje. Ese reconocimiento no debiera regatearse, menos aún cuando uno de los resultados de esta administración no parece ser el de una crisis como las padecidas en sexenios anteriores. Ahora el desafío es cómo hacer compatible el desarrollo económico y la estabilidad financiera con la satisfacción de las enormes necesidades sociales que hay en el país. Entre las pancartas de los legisladores del PRD -"60 millones en la pobreza"- y la necesidad de pensar con toda precisión cómo atender ese problema, media una reflexión que, con mucho, rebasa al último mensaje presidencial del doctor Zedillo.

El Presidente rubricó su mandato diciéndose liberal, tanto en lo económico como en lo político. Creyó que le hacía falta asumirlo así y, tal vez, porque hace todavía muy poco varios actores políticos renegaban de los avances democráticos y muchos otros advertían la incorporación de México en la economía internacional como una nueva versión de entrega a los intereses del imperialismo. En todo caso, es irregateable el mérito de la convicción expuesta por el Ejecutivo frente a tales coordenadas durante los seis años de su mandato. Otra cosa es que asumamos las insuficiencias que aún tiene el sistema político y que a partir de su política económica encontremos el saldo de miseria extrema que deja la preocupación casi exclusiva por los indicadores macroeconómicos.

Fue un mensaje político sobrio y mesurado. No podía faltar la justificación de los esfuerzos presidenciales. Pero ahora con un Congreso cuya composición y facultades lo incorporan de lleno en la discusión de las cuestiones señaladas y otras más, a saber entre los principales fracasos de la administración presidencial: el problema de la justicia y la inseguridad

Marco Levario Turcott es subdirector de etcétera.
Correo: mlevario@etcetera.com.mx

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