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Se acabó
Mensaje autocomplaciente

Julián Andrade Jardí

Foto: Santiago Salmerón/Contraluz

No encuentro muchas razones para pensar que Ernesto Zedillo pasará a la historia como el gran demócrata (aunque ahora muchos piensen eso) y en todo caso esto dependerá de cómo lo trate Vicente Fox. Nuestro sistema se caracteriza por una suerte caníbal y habrá que ver qué tanto cambiaron las cosas. La tentación de linchar al anterior siempre es demasiado grande.

La profundización de los cambios políticos era irreversible desde 1994. Nuestra ruta a la democracia es una larga historia de encuentros y desencuentros y no un momento fundacional al estilo "yo propuse". La elección fue limpia, sin duda, pero esto no se lo debemos a una sola persona.

Me decepcionó, en buena medida, el último Informe. Por más que busco no encuentro grandes explicaciones a los problemas que nos aquejan. Uno de ellos, el de la inseguridad, creció con el sexenio. "Estoy apenado", no es suficiente para explicar el grave deterioro en la procuración de justicia. Se enterraron calacas, se fabricaron culpables, se suicidaron oficiales mayores y varios generales se metieron al narco; 95% de los delitos queda impune. Los jueces no cuentan con autonomía, no al menos como la que requiere un sistema democrático.

Chiapas dejó de ser parte de la agenda presidencial en un esquema de posposiciones que no ayudan al futuro del país. Quedaron, eso sí, los acuerdos de San Andrés, con sus lagunas constitucionales y su interpretación arriesgada del derecho, al menos en la iniciativa de la Cocopa.

En el mundo presidencial los grandes escándalos no son dignos de análisis. Los criminales de guerra en el Renave, la explosión latente de los expedientes del Fobaproa y la corrupción que avanza no merecieron ni una línea. Se podrá argumentar que son expedientes judiciales, que se está actuando conforme a la ley, que no se tiene que rendir cuentas por temas que ya no competen al Poder Ejecutivo. Quién sabe. También puede ser que su importancia haya sido magnificada, pero entonces se debió argumentar sobre ello.

Luis Donaldo Colosio ya no es bandera del que se va. Prometió resolver el caso y ni una palabra dijo en su última oportunidad ante el Congreso. Puede ser que en las próximas semanas la PGR rinda un informe, pero esto no quitará el mal sabor de boca. Y no es que uno crea en el complot ni en las tramas dignas de la novela de espionaje, sino que duele que todo esté visto a la luz del prestigio del Poder Ejecutivo y no de un apego estricto a la justicia. Es increíble que contando con una investigación tan exhaustiva no se pondere sobre ello.

Tampoco creo que se terminó la Presidencia todopoderosa, si así hubiera sido, habríamos escuchado un mensaje que diera idea de lo que el Presidente piensa de los asuntos que conmovieron nuestra vida pública. Se justificó y todo el mundo tuvo que apechugar.

Ernesto Zedillo es un Presidente con claroscuros. Así debemos entenderlo. Escatimar méritos a la corrección que hizo de la crisis de diciembre de 1994 y a su respeto por el IFE sería injusto. Jugó a respetar el resultado de la elección y eso habla bien de él. No necesitaba vendernos una especie de mito iniciático para saberlo.

Es cierto que terminó con una buena parte del entramado faraónico presidencial, haciéndolo más republicano. Méritos sin duda tiene y no pocos, pero creo que su Informe fue autocomplaciente. Ni hablar, cuestión de gustos y de agendas.

También debo admitir que mi lectura del sexto Informe sea acaso desde la perspectiva de un agravio ciudadano. El discurso de toma de posesión me pareció notable. Existía el compromiso de terminar con los grandes males del país y de hacer frente a grupos criminales que ensangrentaron a nuestra clase política.

La decepción no tardó en llegar con los cadáveres sembrados por Chapa Bezanilla y el retorno de comandantes corruptos a la PGR. Después vendría toda una serie de reformas constitucionales a todas luces violatorias de las garantías individuales.

Los testigos pagados y protegidos llegaron para quedarse, con la enorme perversión que esto implica.

Quizá ahí esté el saldo negativo y el motivo de reflexión para los próximos años

Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica.

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