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reseña

Amores perros

Guillermo Raigosa García

Hay escritores dotados de grandes aptitudes para la literatura; en ellos confluye una multiplicidad de cualidades y virtudes: dominio de un estilo, imaginación alada, creación y extensión de atmósferas de suspenso, creación de personajes excepcionales e historias desbordantes de emoción, así como desenlaces insólitos. Es destacable entre ellos el polifacético escritor chileno Alejandro Jodorowsky, especialmente en la creación de historias saturadas de rareza y alejadas de la realidad, en la conformación de personajes extravagantes y excepcionales y en la construcción de escenarios alucinados.

Jodorowsky no se ha conformado con ser escritor, ha incursionado en la cinematografía como argumentista y dirigiendo películas; idénticas tareas realiza en el ámbito teatral, incluso ha sido actor de teatro y cine, y hasta mimo. Los investigadores le consideran dueño de un estilo simbolista y psicomágico, con tendencia a la alteración y desvanecimiento de la realidad, a la creación de escenarios efímeros y nihilistas, y a la conformación de personajes extraordinarios. Guardo honda impresión de la viva e ilimitada imaginación de Jodorowsky, que le permite con mucha facilidad la gestación de atmósferas absurdas.

En Albina y los hombres-perro, el narrador pone de relieve sus historias fantásticas y sus personajes extraños. Uno de ellos es La Jaiba: habla canturreando como todos los chilenos y se comporta como ellos; pero no es chilena sino lituana. El autor logra aquí un bello contraste literario. De pequeña aprende a leer; a los cuatro años queda cautivada del personaje "El Jorobado", de Paul Féval; por imitarlo, camina encorvada y con los pies encontrados. El apodo le gusta y siente placer al identificarse con ese animalito.

Otro personaje es Albina, mujer blanquísima con más de dos metros de altura, muy joven, con sólidas piernas, posaderas y senos enormes; pierde la memoria pero, en cambio, tiene un inmenso poder de atracción para los hombres, quienes, simplemente al verla se vuelven locos de deseo. Dada la amnesia, La Jaiba se convierte en una abnegada y tierna madre de Albina: le da de comer, le enseña a andar y a buscar el baño, según sus requerimientos. Surgen otros: Pata de Bombo, pintoresco modelo que abunda en Latinoamérica: inspector municipal, recaudador de impuestos y multas, arbitrario, ladrón y corrupto; Amado Bellarrosa, el Sombrerero, singular hombrecillo; Doña Sofocos, la Curandera; Pinco, el burrero sordomudo, ente otros.

El entramado se forma con insólitos sucesos en los cuales el universo onírico se empequeñece. Albina, siempre virgen, propina un mordisco en el hombro izquierdo a los hombres, quienes en pocos días se convierten en perros. Ella también adopta esa forma en las noches y, en los cerros cercanos al pueblo de Camiña, incita a los hombres-perro al acoplamiento; así, un aquelarre sexual sólo concebido por Jodorowsky se vierte en el libro. Véase la desorbitada imaginación del autor: Pata de Bombo, convertido en perro "se revolcó sobre los excrementos de Albina jadeando de placer"

Alejandro Jodorowsky, Albina y los hombres-perro, México, Grijalbo/Mondadori, 2000, 135 pp.

Guillermo Raigosa García es licenciado en Derecho y en Lengua y Literatura Españolas por la UNAM.

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