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punto de fuga

William Blake
Oscuridad y luz de una visión

Rocío Cerón

Frowing, frowing night,
O`er this desart bright
Let my moon arise
While I close my eyes.

(Amenazadora, amenazadora noche,
Sobre este claro desierto
Levanta tu luna
Mientras cierro mis ojos.)
William Blake

 

The marriage of Heaven
and Hell
, 1790

La mirada mística de William Blake -considerado un "romántico febril"- renovó las imágenes de la psique humana y el imaginario cristiano. Durante su primera visión, experimentada a los ocho años, contempló un frondoso árbol rodeado de ángeles. Tiempo después, según él, Dios se asomaría a mirarle por la ventana de su habitación. A pesar de ser reconocido como uno de los poetas capitales en lengua inglesa, aún permanece en la sombra la faceta con la cual se ganaría la vida: la de grabador y viñetista. Si en sus poemas subyace una fuerte voz que clama por una unión con lo divino -sin dejar de lado la tácita parte oscura y abismal-, en su obra plástica Blake dio trazo y cuerpo a un mundo configurado por el devenir de la inocencia y la iluminación sin erradicar la inminente (y siempre paralela) presencia de lo instintivo y lo infernal.

Activados por un sistema de interpretaciones y representaciones de cualidades únicas, los dibujos de Blake tienden a crear imágenes que aluden a la fuerza cósmica, a la irradiación de la presencia poderosísima de Dios y a un ambivalente sentimiento de salvación y castigo. Sus figuras humanas -siempre personajes bíblicos o entidades en el escalón del pecado o la redención- se encuentran envueltas por un halo, por una luz magnificente, que subraya la permanente relación de lo humano y lo divino. Imágenes de orden aéreo, el uso de los fondos vacíos, del vuelo de seres míticos y aves, de formas y monstruos que serpentean, dan al espectador la sensación de presenciar un fragmento de la vastedad. Blake supo que el vacío (al igual que el silencio en la poesía) legitima y da soporte a las formas.

The Ancient of Days, 1794

Poeta y grabador, Blake realizó varios libros uniendo dichas virtudes, Los cantos de inocencia, Los cantos de experiencia y El libro de Job son extraordinarios ejemplos. Consciente de que la legión de las palabras y el impacto de lo visual abren a los hombres la vía de la belleza y el entendimiento, Blake compuso un solo armónico de texto e imagen. Si Dios es el gestador de lo visible y lo invisible (el lenguaje), su humilde siervo (Blake) lo convocaría y exaltaría en la comunión de la línea y el signo. Ejecutados sobre una misma placa de cobre -con un método que él decía le fue revelado en sueños- Blake imprimía los textos y dibujos que después las manos de su esposa, Catherine Boucher, pintarían con acuarela. Ella tenía también a su cargo la producción y el cosido de los libros. Los ejemplares eran vendidos por unos cuantos chelines; hoy un ejemplar puede alcanzar miles de dólares.

Gráfica de pequeño formato, las piezas de Blake resaltan por la meticulosidad con la que se encuentran trabajadas. El imaginario que muestran es el mundo donde la unidad del ser está escindida, donde la armonía entre el hombre y la naturaleza es una integración dislocada. Haciendo uso del claroscuro, los grabados y viñetas de Blake fraguan universos de equidad, es decir, ni la oscuridad ni lo luminoso llevan la batuta. Las imágenes son espacios de tensión, entradas a la cavilación. En la obra de Blake el soporte de vuelos y gestos es una mirada agudísima que tiene como patria la imaginación. Blake, al dejar de lado el pensamiento materialista que imperaba en su época, logró soltarle las bridas a lo lúdico y a lo sensorial: la creación, entonces, fue su entrada a los paisajes del inconsciente, a sus profundidades y vórtices. Sabiamente, William Blake utilizó el salvoconducto de su genio para dar pistas y claves que incitan a la disertación entre lo divino y lo terrenal. Sus imágenes son (como sus poemas), ante todo, puertas

Rocío Cerón es poeta y ensayista.

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