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Ganar y competir
Miedo al terrorismo en el Sydney olímpico

María Cristina Rosas

Teatro de la Opera de Sydney
Foto: Geomundo

El próximo 15 de septiembre en la ciudad de Sydney, Australia, se inaugurarán los Juegos Olímpicos, los cuales se prolongarán dos semanas y serán seguidos por los Juegos Paraolímpicos. La jornada olímpica, en sí, incluye también Olimpiada Cultural que, en tiempos, se desarrolla a partir del 2 de septiembre hasta el 7 de octubre. Si bien ésta es la segunda ocasión en que Australia organiza las justas deportivas más importantes del mundo (la primera vez tocó el turno a Melbourne en 1956), desde el punto de vista de su cobertura será el suceso más visto en la historia de la humanidad, gracias a la transmisión que se llevará a cabo tanto por televisión como por otros medios electrónicos, sin descontar impresos, cuyos periodistas se encontrarán en la mayor urbe australiana para ser testigos de los sucesos que se gestarán en esas latitudes.

Las Olimpiadas, al menos en teoría, deberían ser una fiesta global de buena voluntad. Sin embargo, en la práctica, la consigna de competir por el simple placer de hacerlo ha sido rebasada por los imperativos de hacer un encuentro deportivo de estas magnitudes "consumible", "vendible", o para decirlo en términos menos elegantes: redituable.

La seguridad en Sydney

Uno de los aspectos más importantes -cuando de hacer un suceso de estas proporciones se trata- es la seguridad. En ese sentido, las Olimpiadas de Sydney serán las más monitoreadas y vigiladas de la historia, dado que por su propia naturaleza son susceptibles de ser objetivo de ataque por parte de las amenazas más diversas.

Al respecto, Pru Goward (vocera para los Juegos Olímpicos de Sydney y asesora del primer ministro para estos menesteres) comentaba a quien esto escribe, que Australia es un país pacífico. En realidad, esa es una afirmación difícil de refutar. Los expertos comentan que Australia no es un país violento y en la escena internacional se le considera como modelo de civilidad, si no perfecto, por lo menos no tan conflictivo como otras latitudes. A ello se suma el hecho de que debido a la existencia de instituciones democráticas (susceptibles de ser perfeccionadas), la sociedad australiana ni tolera ni admira el activismo violento y, en cambio, ofrece opciones para que diversas comunidades y grupos se manifiesten en paz. Claro, hay algunas actitudes de intolerancia, pero tanto el sentido común como el reconocimiento de que el mejor antídoto contra la inconformidad es el diálogo, tienden a imponerse, inclusive respecto del espinoso tema de la situación de las comunidades indígenas en Australia, tópico que merece un análisis por separado.

No se piense, pese a este comentario, que las comunidades indígenas que pretenden aprovechar la cobertura que los medios de comunicación harán sobre Australia con motivo de las Olimpiadas actuarán de manera violenta en las semanas por venir. Patricia Miller, de los Servicios Legales Indígenas con sede en Alice Springs, señalaba que en realidad estas comunidades quieren aprovechar el hecho de que Australia se encontrará bajo los reflectores del mundo por dos semanas y que ésa es una oportunidad única para dar a conocer la marginación y los múltiples problemas que han experimentado los indígenas australianos a lo largo de la historia.

Se espera que las posibles amenazas terroristas, de producirse, sean inducidas desde fuera, dado que grupos extremistas, derechistas, radicales y neonazis que también existen en Australia tienen un bajo perfil y se consideran bajo control. Y no son las comunidades indígenas quienes amenazan la seguridad del pacífico país del que habla Pru Goward.

Terrorismo en los Juegos Olímpicos

Sobre la base de las referencias que existen en términos de las acciones de grupos terroristas en el pasado, las Olimpiadas son un escenario ideal para el terrorismo. En estas justas deportivas se congregan participantes de prácticamente cualquier rincón del mundo, y líderes políticos de alto nivel figuran entre los espectadores en las distintas sedes. Mucha gente se da cita en los estadios y las Olimpiadas son seguidas, como se explicaba líneas arriba, por la mayor concentración de medios de información nacionales e internacionales en la historia del mundo. A ello se suma un factor de riesgo adicional: el fin del milenio, mismo que suele atraer a individuos y grupos, muchos de ellos extremistas, quienes consideran que se producirá un cambio radical en el planeta y, por ende, desean convertirse en activos promotores de ese cambio. Para el caso de Australia, a la lista de sucesos de gran envergadura (y, entiéndase, susceptibles de ser saboteados) para este año habría que añadir los festejos que se llevarán a cabo a partir del 1 de enero de 2001, con motivo del centenario de la Federación.

El terrorismo se ha globalizado, y ha experimentado una importante evolución, pasando de lo que los estudiosos del tema calificarían como terrorismo clásico a otro que podría considerarse terrorismo amateur. La distinción es importante, dado que las medidas antiterroristas para contrarrestar uno y otro deben ser diferentes. Así, el terrorismo clásico es llevado a cabo por organizaciones estructuradas, que utilizan métodos tradicionales y cuentan con una motivación claramente definida. Sus miembros son "profesionales" de tiempo completo, que han recibido entrenamiento y son capaces de ejecutar operaciones encubiertas. Las acciones perpetradas por la organización tienen un fin, mismo que es del conocimiento de las autoridades. En esta lógica, el terrorismo clásico no es violencia sin sentido, sino una acción con una agenda.

En contraste, el terrorismo amateur involucra a personas que no pertenecen a grupos específicos ni definidos, sin experiencia en el uso de la violencia con fines políticos ni en el desarrollo de acciones encubiertas. Su modus operandi no puede ser predicho a partir de la conducta mostrada por el individuo o el grupo de personas involucradas en estas acciones en el pasado, si bien lo letal de las mismas suele ser tanto o más devastadora a las que corresponden al terrorismo clásico.

Como ejemplos del terrorismo amateur y de su capacidad destructiva, figuran los bombazos en el World Trade Center de Nueva York; el uso de gas nervioso (sarín) en el Metro de Tokio, el bombazo en el Metro de París y también el tristemente célebre atentado que destruyó el Edward P. Murrah Federal Building en la ciudad de Oklahoma.

Terrorismo religioso

Un hecho que separa al terrorismo clásico del terrorismo amateur es el papel protagónico, sobre todo a partir de los 80, de grupos terroristas que operan por motivaciones religiosas. Ello obedece a que ahora, más que nunca, la violencia para los grupos religiosos se convierte en un propósito trascendental, desde el punto de vista de ser un deber divino, lo cual impide a sus ejecutores valorar las implicaciones de los asesinatos masivos. De hecho, la religión para muchos de estos grupos opera como una fuerza que legitima -si no es que alienta- la violencia en gran escala contra prácticamente cualquier categoría de "adversarios".

Para quienes se hacen cargo de la seguridad, el terrorismo amateur, sobre todo el que tiene motivaciones religiosas, implica desafíos de gran importancia. Por ejemplo, el riesgo de una letalidad indiscriminada, así como el uso de armas exóticas que no suelen ser empleadas por "profesionales", dificultan el rastreo y la detección.

Los expertos señalan que el terrorismo amateur se ha complejizado por el advenimiento del fin del milenio, debido a la existencia de cultos y sectas milenaristas y a la proliferación de fundamentalistas cristianos y organizaciones de extrema derecha con experiencia paramilitar.

Seguridad en Sydney

La seguridad es algo concreto, no abstracto. En el pasado, los Juegos Olímpicos han sido escenario de acciones terroristas que perturbaron su desenvolvimiento tanto en Munich, en 1972, como en Atlanta en 1996. De ahí que las Olimpiadas de Sydney hayan aprendido de esos lamentables sucesos, además de que la policía de Nueva Gales del Sur no es novata ni se encuentra desprevenida. De hecho, estos Juegos Olímpicos están llamados a ser los más seguros en toda la historia. Por primera vez todos los atletas (con la excepción de los estadounidenses) vivirán en la villa olímpica (un solo espacio físico); todas las sedes olímpicas en Sydney (recuérdese que también hay subsedes para los partidos de futbol fuera de esa ciudad, por ejemplo, en Canberra y Melbourne) se encuentran a 30 minutos de distancia de la villa olímpica; 15 de los deportes que serán disputados se ubican a 15 minutos de la villa olímpica; todas las instalaciones para efectos de entrenamiento están a 45 minutos de distancia; y la mayor parte de los encuentros e instalaciones se concentrarán en dos zonas compactas: el Parque Olímpico de Sydney en Homebush y la zona de la bahía de Sydney, separadas por una distancia de 14 kilómetros.

Foto: Marion Jones

Elsie Hasting, encargada de prensa de la Autoridad Olímpica Coordinadora, explicaba que la única manera de trasladarse desde el centro de Sydney a Homebush es en tren (Metro) o en autobús, ello por razones de seguridad. No se permitirá que transiten vehículos particulares en la villa olímpica (sólo los autorizados), y los costos de traslado (tren y autobuses) están incluidos en el pago de los boletos que el público interesado hizo o hará para presenciar las competencias entre los atletas.

Además, concentrados todos los atletas en la villa olímpica, no tendrán por qué salir de ésta, pues se ha planeado que en ella exista todo lo que podrían necesitar. Hasting señalaba que aparte de contar con sus dormitorios, la posibilidad de acceder a cualquier alimento, por sofisticado que sea, está abierta. McDonald`s, que ha recibido una concesión para operar en la villa olímpica, será la entidad encargada de proveer de comida chatarra a los atletas.

Y para que nadie se sienta frustrado, se ha dispuesto que a cada atleta (hombres y mujeres) se le entregue una dotación diaria de tres condones. Quien necesite más (y cuente con las energías), podrá solicitar otro paquetito a partir de sus necesidades.

El fastidio de los australianos

Representantes del Comité Olímpico Internacional (COI) han respondido a las quejas de los habitantes de Sydney, quienes se sienten abrumados desde hace años, cuando se anunció que su ciudad sería sede de las Olimpiadas en el 2000. El común de los australianos deplora que se hable tanto de este tema en detrimento de los problemas nacionales y regionales. Existe también preocupación por los congestionamientos que el flujo de turistas puede generar desde el centro de Sydney a Homebush y viceversa. Una alta autoridad del COI replicó a estos cuestionamientos: "Quien no quiera engentarse que no salga a la calle". La arrogancia del COI le ha ganado varios enemigos en el peor momento, máxime considerando los escándalos sobre corrupción y tráfico de influencias que pesan sobre sus hombros.

Los australianos -acostumbrados a no ser protagonistas- parecen sentirse agobiados con tanta publicidad y tantas reflexiones formuladas en torno a las Olimpiadas. Se trata de un suceso ampliamente esperado en todas las latitudes, pero los aussies hace rato que se empacharon.

Más alto, más fuerte, más business

Si algo puede desprenderse del proceso de adjudicación de las sedes olímpicas efectuadas en los últimos años es que éstas se venden al mejor postor. Esto tiene un doble significado: cada vez resulta más caro organizar las Olimpiadas y tal parece que en el futuro esta actividad quedará reservada a países muy ricos y, más que nunca, se hará evidente la brecha Norte-Sur.

Grecia, en el año 2004, será sede de las Olimpiadas y ya se cuestiona, en el seno mismo del COI, que al pauperizado país europeo le será muy difícil organizarlas. Ni qué decir de países en desarrollo, para los que los costos por lobby, más lo que implica la construcción de la infraestructura necesaria para garantizar que todos los deportes olímpicos puedan tener cabida resultan imposibles de enfrentar. Así, México y Corea del Sur pasarán a la historia como los únicos dos países pobres que lograron obtener la sede de las Olimpiadas, en gran medida porque en aquellos tiempos la comercialización y el afán de lucro aún no se desarrollaban tan amplia ni descaradamente como en la actualidad.

Pese a lo anterior, la fiesta está por comenzar. Para Australia se trata de un suceso de trascendencia nacional, pese a que las actividades se concentrarán en su ciudad más grande. Para el mundo será un acontecimiento deportivo sin igual, aunque sería conveniente tomar conciencia, además de las competencias deportivas, de los reclamos de las comunidades indígenas australianas, que al igual que miles de australianos no indígenas están presionando para que el gobierno de John Howard emita una disculpa pública por las atrocidades perpetradas contra de los habitantes originales de la islota en el pasado. Algunas delegaciones, como la alemana, ya han sido contactadas por representaciones indígenas australianas para informarlas sobre el particular y si se tiene éxito, quizá las Olimpiadas podrían convertirse en un foro de presión sobre la renuente administración de Howard. Y es que en condiciones de comercialización acelerada, ya no es posible esperar que los Juegos Olímpicos propicien hermandad entre los pueblos pero, en cambio, si logran apoyar el proceso de reconciliación en Australia, habrán expiado parte de las culpas que pesan sobre el corrompido COI y recompensarán a la islota del Pacífico sur por su extraordinaria hospitalidad

María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx

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