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Sí
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No. Siempre es un engaño
Norma Araceli Bautista
Nada tan subjetivo como este tema, primero porque se relaciona con los sentimientos; y, segundo, porque en esto uno opina según le va en la feria. Pero antes de explicar mi postura, me interesaría preguntar: ¿por qué decidimos unirnos sentimentalmente a otra persona? ¿Será porque desde que el mundo es mundo hemos sabido de millones que lo han hecho? ¿Se debe a la ineludible disposición de los hombres (hablando del género) para relacionarse? ¿O será que es más fácil vivir cuando alguien ayuda a soportar el peso? ¿Se tienen novios(as) y esposos(as) para contrarrestar la soledad o para cumplir con los roles sociales? Me parece que la respuesta a la primera interrogante es más sencilla: decidimos unirnos sentimentalmente porque el gusto de estar con la pareja es lo que hacía falta para darle el elemento electrizante a los días. Enamorarse, o incluso vivir sólo una tremenda pasión, es el acto más cargado de libertad y placer que podemos experimentar. Bajo este contexto, hablar de fidelidad es ligarla a palabras fundamentales como pareja, responsabilidad y amor. Si la fidelidad es el compromiso de llevar por buenos términos una relación entre dos, sí estoy de acuerdo en apoyarla. De entrada habríamos de aceptar que uno se une a otra persona por el simple hecho de pasarla bien y disfrutarse en todos sentidos. ¿Quién se busca novio o novia, esposo o esposa, pensando en cargarse de más problemas y disgustos todo el día? Si la fidelidad implica que de forma voluntaria dos amantes decidan dedicar mucho de su tiempo -y ganas- para sentirse a gusto el uno con el otro, sí estoy de acuerdo en practicarla. Ser fiel tiene mucho de naturalidad y un poco de voluntad. De entrada, no tendría por qué convertirse en el reto a vencer cada que se emprende la aventura de com partir, puesto que se deriva de la libre elección de estar juntos. ¿Que siempre va acompañada del compromiso? Claro, pero no con el de enfrente sino con uno mismo. Y si ha de servir la humilde experiencia de quien esto escribe, cuando el gusto está por encima de la obligación, ser fiel pasa casi inadvertido por uno y muy tomado en cuenta para el otro. Si la fidelidad, como escribió Fromm, no supone la atadura de dos personas y, por el contrario, obliga a amar a la pareja sintiéndose uno con ella tal cual es y no como se desearía que fuera, por supuesto que estaré de acuerdo con la existencia y necesidad de vivirla. Confianza, respeto y honestidad son cualidades básicas en esta cuestión. Entiendo la fidelidad como responsabilidad individual y no de pareja. Cuando se asume como una obligación inherente al noviazgo o al matrimonio, la cosa truena automáticamente porque algo tan simple como el gusto de compartir con otro pasa a último plano. ¿Que la fidelidad ha pasado a la historia? ¿Que el hombre es infiel por naturaleza? Nada más alejado de la verdad, somos posesivos por naturaleza y con extrema necesidad de pertenencia. Seguramente a ello se debe que intentamos ponerle reglas y obligaciones a todo. Ahora bien, si no creyésemos en la fidelidad, qué caso tendría mantener compromisos sociales como el noviazgo o el matrimonio. De no tener la confianza de estar con la persona indicada y la voluntad de salir avante en la relación, ¿las parejas actuales, heterosexuales u homosexuales, se seguirían aventurando a emprender vidas en unión libre donde la fidelidad es la base del asunto? Yo no encuentro por ningún lado la información que haga verídica la atribución de la infidelidad como característica natural. Por el contrario, la forma como nos hemos venido relacionando por siglos indica la clara disposición a la vida en pareja, no en tríos. Y tampoco concuerdo con esa idea de Hobbes que señala a los hombres (nuevamente hablando del género) como entes buenos que la sociedad corrompe. La explicación que yo encontraría a la infidelidad iría en función del engaño que uno mismo se diseña respecto de los sentimientos que el otro le provoca. Ser congruente con lo que uno dice sentir y la forma como uno se comporta es característica fundamental de la fidelidad. Por supuesto que estoy en favor de ella, porque es el aliciente de todos los días y el termómetro de bienestar en las relaciones Norma Araceli Bautista estudió Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: bagu@compaq.net.mx |
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