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en la red
La vida de Monty
Antulio Sánchez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

el navegante


Antulio Sánchez

Todo parece indicar que los problemas de privacidad ocupan cada vez más espacios destacados en los medios de comunicación convencionales y emergentes. Los escándalos se suceden y los casos de Echelon y Carnívoro por parte de los gobiernos, y de Double click en el caso de las empresas, indican que este fenómeno se está convirtiendo en un serio peligro para la vida en común, azuzando temores generados por el "Gran Hermano". En fechas recientes hemos asistido a un nuevo problema sobre cuestiones de privacidad y el escenario ha sido Canadá, aunque se ramifica a otras regiones del planeta.

Hace poco se dio a conocer que el gobierno canadiense cuenta con un programa de tratamiento de datos con el fin de enviar por la red de redes, de manera fur-tiva, datos e informaciones consideradas como secretas a la policía estadounidense. La policía montada de Canadá (RCMP) y los servicios secretos de esa nación están equipados con ese programa, y se sospecha que diversas versiones del mismo estarían siendo usadas en el mundo.

En días pasados el Toronto Star (www.thestar.com) publicó un artículo que reproducía datos de un documento secreto de la oficina de seguridad de ese país donde se menciona que las instancias policiacas de Canadá han abierto una encuesta sobre este problema. A lo largo de ese artículo se menciona que los servicios secretos y la policía montada canadiense usan un software que permite la coordinación de datos e informaciones entre ese país y Estados Unidos. El programa, según Toronto Star, dispone de una parte de servicio que se puede activar a distancia y proporciona acceso a un intruso o permite la expedición de datos para Internet. El portavoz de la RCMP, interrogado por el medio informativo canadiense, no ha desmentido ni confirmado tales acusaciones. Sin embargo, esto ha dado pie a especulaciones y sospechas.

Asesinatos y rumores de conspiración

El programa de marras no es más que el famoso Promis, un software que se remite a los años 80 lleno de pasajes oscuros. Desde esa época, la evolución de Promis se ha visto envuelta en grandes misterios, asesinatos y rumores, hasta el punto que el "asunto Promis" ya figura en el top ten de las conspiraciones estadounidenses y recientemente fueron destacadas por la revista Wired desde marzo de 1993 (www.federal.com/Inslaw91.html). El programa concebido por la empresa estadounidense Inslaw estaba originalmente destinado a los juristas y procuradores. Con dicho programa se proponía clasificar los documentos y establecer correlaciones entre ellos. El gobierno estadounidense, en voz de su ministro de Justicia, sería quien tuvo acceso a este programa, lo modificó y revendió a otras autoridades de otros países, a sus servicios secretos (de Jordania e Israel sobre todo), pero también a varias empresas en el mundo, entre las cuales figuran una gran cantidad de bancos. Las modificaciones o perfecciones consistieron en colocar dispositivos de escucha y de intervención en las computadoras donde se instalara Promis, con lo cual se da a la policía de Estados Unidos la posibilidad de vigilar y espiar gran número de empresas y de agencias gubernamentales.

Después de que Promis se transformó en espía, fue ven-dido a otros países bajo otros nombre. Thierry Pflister y Fabrizio Calvi, coautores de L`Ril de Washington (Albin Michel), han mencionado que la policía montada canadiense y el CSIS (servicios secretos) usan una versión maquilada de Promis conocida como PIRS. Más allá de que esto sea cierto, o una más de las notas estridentes que se gusta destacar en la prensa, lo que no se puede soslayar es que cada vez más se ponen sobre el tapete de discusión las cuestiones de privacidad y lo vulnerable que está siendo la intimidad por tres grandes frentes: las empresas que ponen en marcha el comercio electrónico, las diversas policías y los no siempre amables hackers

Antulio Sánchez es periodista, ha colaborado en diversas publicaciones. Correo: antulio@mailcity.com

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