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música Reloj, no marques las horas
Salvador Quiauhtlazollin
Lejos de los 60, el camino recorrido parece un suspiro pero abarca más de tres décadas; más de 30 años en una jornada que otorga los orgasmos del reconocimiento y la adulación del triunfo, pero más comúnmente la hiel del olvido, el escozor de la crítica y el éxtasis de la autodestrucción. Por todos los estadios ha pasado David Bowie, genio esquivo que sin embargo puede mirar los escollos sin desaliento y con la completa indiferencia que da el autoconocimiento de la genialidad. El periplo musical de Bowie inicia con una prueba histéricamente rechazada por el productor Joe Meek (incapaz de reconocer un cheque en blanco cuando lo tiene enfrente); y continúa hasta nuestros días, después de haber pasado por el glam, el pop, el tecno, el rock hard, algo de funk con soul, lo electrónico, lo conceptual, lo extraordinariamente vanguardista o lo inequívocamente kitsch (su cover de "God only knows", de los Beach Boys). Así es David Bowie, calificado como camaleón por críticos ignorantes que no conocen el mito de Proteo, dios portentoso que mantiene su divinidad gracias al don del polimorfismo. De manera mística, Bowie nos entregó en los 90 tres obras definitivas: el poperísimo Black Tie White noise, el hiper ecléctico Outside y el terriblemente tecnológico Eart HI I ng. Para cerrar, a fines de 1999 llegó Hours... la retrospectiva existencial de un Bowie que por primera vez en diez años desconfía de los efebos iconoclastas y prefiere sumergirse en sonidos ya conocidos por él y por su público. Sin autocomplacencia, con mucha autocrítica pero sobre todo con una aceptación apabullante en un astro del rock, en Hours Bowie confiesa en forma lírica que la montaña rusa representada por su carrera no es más que una estructura que no sería nada sin sus desprevenidos pasajeros: él mismo y sus oyentes. Aunque hay un tema de optimismo engañoso ("New Angeles of Promise") y un instrumental que seguramente causó un ataque de risa a Brian Eno ("Brilliant Adventure"), el resto del disco es imprescindible. Como enunciados contundentes para los milenaristas aburridos de la ausencia del Apocalipsis. Aparecen "Something in the air, If I`m dreaming my life" y "What`s really happening?"; "Seven" es un tema más duro que recuerda en su letra los aullidos temperamentales de un Prince que ya no existe. Finalmente, los sencillos "Thursday Child" y "The pretty things are going to hell" demuestran el tino comercial de los productores David Bowie y su mano derecha Reeves Gabrels. Dadivoso, Proteo lanza como un single más la canción, el tema definitivo: "Survive", la melancolía de que el mundo seguirá siendo un sueño que vale la pena soñar. Un sueño del que, al igual que David Bowie, esperamos nunca despertar David Bowie, Hours..., Virgin Records 1999. Salvador Quiauhtlazollin estudió Derecho, es periodista free-lance. |
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