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real politik Kursk
María Cristina Rosas
En Portland, Oregon, se encuentra el Museo de Oregon de la Ciencia y la Industria (OMSI) y su atracción principal es el submarino no nuclear USS Blueback. Este no es precisamente el submarino más grande del mundo. Ese récord lo tienen los rusos, quienes poseen las naves de mayores dimensiones. También es importante mencionar que el USS Blueback pertenece a una generación de submarinos pioneros (entró en operaciones en 1959), no impulsados por energía nuclear como sí es el caso de las embarcaciones que hoy circulan por los mares del mundo. La energía nuclear es un combustible muy apreciado para mantener en marcha a los submarinos, básicamente por dos razones: su duración y, además, el hecho de que no se congela a pesar de las bajas temperaturas que se registran en aguas como las árticas. Sin embargo, los submarinos nucleares entrañan riesgos, pues el daño ecológico y humano que puede causar una avería se asume como devastador. Por eso no deja de llamar la atención la suerte que ha corrido el submarino ruso Kursk que se averió fatalmente en las aguas del mar de Barents. Muchas críticas recibió la aparente lentitud con la cual respondió el gobierno de Vladimir Putin a la situación, que por falta de oxígeno los ocupantes de la nave perecieran. Sin embargo, esa lentitud se explica en buena medida por razones estratégicas, debido al hecho de que la mayor parte de los submarinos que circulan por las aguas del Océano Artico portan armas estratégicas (léase misiles balísticos nucleares) y, por ende, poseen información altamente confidencial que ni los rusos ni los estadounidenses están dispuestos a compartir con nadie, dado que ello vulneraría su seguridad. La lentitud también se explicaría por que se presume que desde que sufrió la avería la tripulación del Kursk pereció casi de inmediato, por lo que no valía la pena comprometer recursos para su rescate. Quizá éste es un buen momento para reflexionar en torno a lo que ocurre en una parte del mundo que se encuentra ausente de las preocupaciones de la mayor parte de los seres humanos. El Artico es un océano congelado ubicado en el círculo polar ártico. Sus dimensiones ascienden a 14 millones 56 mil kilómetros cuadrados. La región tiene agregados de arena y grava, nódulos polimetálicos, petróleo y gas natural, peces y mamíferos marinos (focas y ballenas). Algunos peligros naturales son las islas de hielo que ocasionalmente se rompen al norte de la isla Ellesmere. Los témpanos de hielo que se desprenden de los glaciares en el oeste de Groenlandia y en el extremo noreste de Canadá son otra amenaza. Hay congelamiento permanente en algunas islas. El Artico está completamente congelado de octubre a junio y las naves están expuestas al congelamiento de su estructura de octubre a mayo. Con frecuencia se asume que Europa fue el corazón de las acciones militares perpetradas por Estados Unidos y la Unión Soviética en el marco de la confrontación Este-Oeste desarrollada a lo largo de la guerra fría. Si bien los especialistas acotan que efectivamente Europa constituye el núcleo de la estabilidad y la seguridad internacionales, es menester reconocer que el Artico ha sido el escenario de importantes maniobras militares que en la guerra fría (y aun ahora) formaron parte central de la disuasión entre Washington y Moscú. Tanto Rusia (o la URSS, considerando el periodo comprendido entre mediados de los 40 y principios de los 90) como Estados Unidos militarizaron el Artico, dado que, como naciones ubicadas en el hemisferio norte, se encuentran frente a frente en el Polo Norte. Esto convierte a Canadá en el "jamón del sandwich". En la era soviética, el Artico fue una base de poderío naval para buena parte de las capacidades nucleares emplazadas en el mar por parte de la URSS. Para Estados Unidos, el Artico fue el lugar donde se desplegaron sistemas de defensa antiaérea dedicados a la alerta temprana y a contrarrestar cualquier ataque soviético. Lo que es más: la región padeció los efectos de un activo programa nuclear soviético (y también estadounidense). Diversos expertos explican que las dos superpotencias solían desarrollar juegos de guerra al estilo "el gato y el ratón" para probar en el Artico sus capacidades tecnológicas a través del empleo de submarinos "asesinos". El fin de la guerra fría supone también el término, al menos en teoría, de la actividad militar en esa región y ello explicaría en parte el surgimiento del Consejo Artico y de otra serie de iniciativas que vinculan y hermanan a las comunidades indígenas árticas de, por ejemplo, el norte de Rusia y Alaska, escenario impensable en la guerra fría. El declive de Rusia tras el colapso de la URSS modifica considerablemente la seguridad del Artico sin que ello signifique que la dimensión militar se haya evaporado. Ocurre, sin embargo, que también hay una agenda no militar que reclama atención urgente en la zona. Justamente un tema no militar que paradójicamente es consecuencia de las maniobras militares efectuadas por las potencias en la guerra fría es la contaminación. El Artico padece una severa contaminación explicable, en parte, por la intensa actividad industrial y comercial, pero sobre todo por las maniobras militares efectuadas por las potencias. Para muchos, estas maniobras militares del pasado podrían ser causantes de un desastre ecológico en el futuro si no prospera la cooperación entre las naciones principalmente involucradas. Las actividades militares efectuadas por EU y la URSS en el Artico incluyeron ensayos nucleares, accidentes navales que involucraban a naves alimentadas con combustible nuclear o portadoras de armas nucleares, así como la contaminación deliberada provocada por arrojar desechos radiactivos al océano. En conjunto, estas actividades elevan el impacto de la contaminación radiactiva en la región y, por lo mismo, representan una seria amenaza a la salud y el bienestar de los Estados y los pueblos de la zona. En relación con los ensayos nucleares, desde el inicio de la guerra fría, Washington y Moscú ejecutaron programas intensivos de pruebas atómicas, diseñadas para probar sus nuevos sistemas de armamento. Ciertamente, EU hizo buena parte de las detonaciones en Nevada, en tanto la URSS ensayó sus artefactos nucleares preferentemente en el polígono de Semipalatinsk, Kazajstán, Asia Central. Empero, las dos naciones efectuaron un número importante de pruebas en el Artico. Los lugares elegidos fueron, por parte de la URSS, Novaya Zemla, y de Estados Unidos, la isla de Amchitka de la península de Alaska. Así, el Artico es el escenario donde si bien no se ha producido un encuentro directo entre las fuerzas armadas rusas y estadounidenses, sí se han producido algunos incidentes, especialmente entre los submarinos que circulan bajo las banderas de cada uno de estos países. ¿Cuántas averías se han producido en la región sin que salgan a la luz pública? En esta ocasión se ha presentado a Rusia y a su Presidente como un paria, cuando en innumerables ocasiones, en la guerra fría y al finalizar ésta, múltiples submarinos han sufrido averías o simplemente han "desaparecido". Recientemente, Dinamarca demandó de EU una explicación por la misteriosa "evaporación", en los años 60, de un submarino estadounidense en las aguas árticas de Groenlandia. ¿Qué relación existe entre el desastre ambiental propiciado por los ataques que se han propinado los submarinos rusos y estadounidenses, o bien por arrojar desperdicios nucleares al área y, por ejemplo, el cáncer de piel que algunos osos polares padecen actualmente? Ciertamente los tripulantes del Kursk no se merecían ese destino. Sin embargo, la guerra fría sobrevive casi intacta en el Artico y los submarinos forman parte de los juegos de guerra entre EU y Rusia María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx |
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