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bahías El cambio y los partidos
Rafael Cordera Campos
En unos partidos se habla de refundación, en otros de renovación o redefinición, algunos personajes de las diversas organizaciones partidarias subrayan planteamientos como aquel de crear nuevas entidades políticas, en otras también se dice que hay que cambiar colores y siglas. El caso es que en el país se viven los efectos de los resultados electorales del pasado 2 de julio. Se pueden analizar las posiciones de cada una de las principales fuerzas políticas en términos de los lugares que lograron ocupar como resultado de dicha elección, particularmente en lo que se refiere al Congreso de la Unión, al número de gobernadores y a la presencia real en los congresos locales, etcétera. Pero tal vez lo más importante es una conclusión crecientemente compartida por los analistas de dichos temas y no es otra que aquella que subraya la necesidad del cambio de todas y cada una de las organizaciones políticas. De otra manera, pareciera que de lo que se habla es de la necesidad de que, por lo menos, los principales partidos asuman el dictado de la nueva realidad que produjeron los votos. Si la transición de la que se hablaba era aquélla donde lo que faltaba era la alternancia en la Presidencia de la República, entonces, una vez logrado esto, lo que falta es que tanto pleito entre varios y los estilos que cristalizaron los candidatos durante las recientes campañas pasen a formar parte de la historia reciente. Ahora, lo que parece más importante que el grito y el señalamiento facilón y persecutorio es el debate de ideas, la presentación de propuestas consistentes, la construcción de consensos en lo principal. Lo que ahora puede empezar a reclamar la sociedad y los ciudadanos es que, más que el imperio del calificativo, lo que presenten los dirigentes políticos nacionales y sus organizaciones sean proyectos de futuro. La reforma del Estado que se quiere y puede consensar, la lucha contra la pobreza, las soluciones a los problemas educativos que están más que a la vista: Chiapas, la inseguridad y la justicia, los derechos humanos, la tolerancia ante lo diverso y varias cosas más son los temas a propósito de los cuales es necesario construir los procesos que den lugar a la comunicación y deliberación tanto entre organizaciones políticas y gobiernos, como entre éstos y las organizaciones sociales. Para que eso (y otro tanto) sea posible, es necesario que los partidos políticos y los gobiernos se muestren de diferente manera como lo han hecho hasta ahora. Otras conductas y otra institucionalidad de los mismos puede convertirse muy pronto en demanda social o en reclamo ciudadano. Para allá vamos si, en primer lugar, nuestros principales políticos no asumen las nuevas realidades y necesidades. Se ha estado insistiendo desde hace tiempo en que no basta con la pluralidad que se instaló entre nosotros a lo largo de los últimos años, sino que hacerla productiva es aquello que la puede sintonizar con la democracia como forma de gobierno y de vida. Y esta es la principal necesidad en el terreno de la política nacional. Al estudio de la aritmética electoral, al análisis de las consecuencias del resultado del 2 de julio, los partidos políticos deberán añadir las definiciones básicas con que deben contar para perfilar hacia el futuro sus principales relaciones con los poderes Ejecutivo y Legislativo, sus traducciones en cada uno de los estados de la Federación. No es menor la tarea que tienen por delante para saber cómo comunicarse con la sociedad civil, con los medios masivos de comunicación y un extenso etcétera. Tienen que actuar de cara a la sociedad de manera radicalmente diferente a como lo han hecho hasta ahora y, en particular, durante los recientemente pasados tiempos de campañas. Si les faltaba algo para saber que el voto ciudadano es volátil, aprendió a distinguir, premiar y castigar, es secreto y está valorado en sus justos términos. Ahora sobran razones para confirmarlo. Los partidos políticos están frente a una nueva realidad que solamente podrán enfrentar si asumen sin pretextos que aquí está y que se debe saber actuar en ella, sintonizarse con las nuevas necesidades, cambiar las formas y el fondo. La autocomplacencia ya no sirve a nadie, pero menos a ellos. No es lo mismo contar con partidos políticos para lo que ya pasó que para lo que parece venir. Al tiempo Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. Correo: rcc140@servidor.unam.mx |
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