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Enrique Contreras Montiel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Guanajuato
Las razones de la Iglesia (y del PAN)

Ricardo Becerra

¿Cómo explicar la vehemencia, la torpeza y la ceguera de los panistas en el Congreso de Guanajuato? ¿En qué cabeza cabe hacer una ley que, ostensiblemente, hace víctima dos veces a una mujer violada en aras de complacer la moral de los censores, omitiendo por completo la situación y la voluntad de la víctima? La democracia llegó, pero el precio a pagar fue un creciente poder de grupos de derecha, curas y buenas conciencias.

Los legisladores de Guanajuato retoman gustosos el dogma de la Iglesia católica y de las agrupaciones islámicas, el mismo por el cual llevan años militando en todo el planeta. ¿Por qué una medida tan claramente abusiva, intolerante, clerical, fue aprobada por un Congreso estatal, supuestamente laico? Su prisa y su irracional vehemencia pueden explicarse, tal vez, a través de las estadísticas. Veamos.

En los últimos 20 años, la mitad del descenso en las tasas de fecundidad en países subdesarrollados se debe a los anticonceptivos. Según el informe (Pekín +5) preparado por Naciones Unidas, en los países avanzados, 75% de las familias utiliza algún tipo de anticonceptivo; en los países desarrollados esta proporción alcanza 55%. Todo esto representa un avance radical, pues en los 60 el promedio mundial de uso de anticonceptivo era de 9%.

Se calcula que en 1995 había 300 millones de parejas en el mundo que querían planificar su familia y no podían: justamente, el objetivo de la Declaración de El Cairo en ese año fue declarar prioridad mundial el acceso universal a la planificación familiar para el año 2020.

Y para sorpresa de muchos, resulta que la forma más extendida mundialmente para controlar a la natalidad es el aborto, completamente legal en 38 países (los que se refieren las últimas dos filas de la siguiente tabla). Veamos la situación mundial:

Hay dos países que representan casos paradigmáticos en materia de descenso de la natalidad: Japón, después de la Segunda Guerra Mundial, y Rusia desde los años 80, frenaron la expansión demográfica recurriendo al aborto: esos países tuvieron los descensos más fuertes en las tasas de natalidad que haya registrado cualquier nación en la historia.

No es el único método, y en las condiciones de la cultura mexicana tampoco es el más deseable. Pero la modernidad avanza por otras vías. Por ejemplo, Brasil, país con la mayor población católica del mundo y con curas entrometidos e hiper-quinéticos (como los nuestros), constituye un ejemplo viviente de lo que verdaderamente preocupa a la Iglesia: los límites de su influencia. En Brasil, 75% de las personas son católicas, pero 90% declara que "no siguen" la doctrina clerical sobre control de la natalidad, anticonceptivos y aborto. Casi 80% de los brasileños usa condón. Es lo que no puede concebir la inveterada madre Iglesia: que la vida real de la gente vaya por un lado y sus predicaciones por otro.

Esto pasa también en México, aunque las cifras disponibles debemos plantearlas en otra ocasión. No obstante y en definitiva, esa actitud de las mujeres, esa emancipación del discurso religioso, ha traído como consecuencia una de las reducciones más drásticas del tamaño de la familia en la historia. En una generación, el número de nacimientos pasó de 5.8 (en 1970), a 2.3 por familia en el año 2000.

La creciente demanda de igualdad de las mujeres pasa necesariamente por la decisión sobre cuántos hijos tener, cómo y con quién. Son los famosos derechos reproductivos. Si la creciente igualdad de la mujer no hubiera tenido lugar en los últimos 20 años, el país habría crecido a tasas incontroladas, superiores a 4%: significa 140 millones en vez de los 97.5 que somos. Y eso es lo que no perdonan fundamentalistas católicos, islámicos y un sector del PAN: la liberación de la mujer es un desafío fundamental a su autoridad. En este caso, lo que le conviene al PAN y a la jerarquía eclesiástica no es lo que le conviene al país ni a millones de mujeres. La modernización del país no puede sujetarse a las ocurrencias de sacristía

Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM.

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