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Aborto, sin oportunismos

Pablo Hiriart

Sí o no al aborto, parece ser la pregunta del plebiscito de facto que a la conciencia pública han convocado algunos actores políticos. El tema no puede esperar eternamente a que se discuta con miras a legislar en un sentido u otro, pero tampoco puede admitirse que un asunto de esta naturaleza pueda resolverse al vapor.

Es de primordial importancia porque incumbe a mujeres que ponen en riesgo su vida, y en muchos casos la pierden en abortos que se realizan en condiciones precarias e insalubres que impone el clandestinaje. Importa porque atañe a la vida de un tercero que se desarrolla en el vientre de la madre. E importa muchísimo porque es un tema que divide enconadamente a la sociedad mexicana pero no por ello debe dejar de discutirse y resolver en consecuencia.

Por ello asombra la manera oportunista con que ha sido tratado en estas últimas semanas, pues así como se han planteado las cosas se tiende a cancelar los matices que hay entre las dos posiciones y termina por cerrar las alternativas para enfrentar el creciente fenómeno de nacimientos no deseados.

En Guanajuato la mayoría panista del Congreso del estado vio en los buenos vientos del triunfo de Vicente Fox la oportunidad para penalizar con cárcel a las mujeres que recurran al aborto, aun cuando el embarazo haya sido producto de una violación.

Aún no sabemos las consecuencias de esta iniciativa, pero no cabe duda que fue un campanazo de júbilo para los sectores más conservadores del país a quienes se les recordó que habían ganado las elecciones presidenciales, que tenían ya el poder y que había llegado la hora de comenzar a desmontar las partes liberales que hay en toda nuestra legislación.

De inmediato hubo una réplica en Yucatán donde el dirigente del PAN, Roger Cícero, manifestó que las nuevas disposiciones legales aprobadas por el Congreso de Guanajuato debían imitarse en otros estados del país. El partido de Cícero no es mayoría en su estado, pero podría serlo el próximo año.

En el Estado de México, las autoridades priistas también iniciaron el baile al son que tocaron en Guanajuato y se presentó una iniciativa de ley para dar marcha atrás a las reformas aprobadas hace pocos años, consistentes en despenalizar el aborto cuando a juicio de dos médicos se establezca que el producto está condenado a nacer con malformaciones genéticas.

En el DF, Rosario Robles asumió la posición contraria: un periodo extraordinario de sesiones en la Asamblea Legislativa para flexibilizar las disposiciones legales en materia de aborto. Tal vez ésa sea una solución, pero esta iniciativa no puede sustraerse al hecho de lo que está ocurriendo en Guanajuato y otras entidades. Además, ¿por qué un periodo extraordinario de sesiones para legislar sobre aborto?

¿Por qué no lo hicieron en el periodo ordinario de sesiones, si tuvieron tres años para plantear el tema y abrir una amplia y enriquecedora discusión sobre el asunto? Además, han contado con la mayoría en la Asamblea para disponer el inicio de un proceso de consulta que confluya en acuerdos legislativos.

El tema exige su ventilación pública y resoluciones al respeto. Pero el oportunismo político de unos y otros pervierte de antemano cualquier intento de debate abierto y borra los matices que hay entre ambas posiciones.

Luis González de Alba sugería revisar la legislación para facilitar la adopción, que en nuestro país es muy complicada a pesar de las adecuaciones que se han hecho en los últimos años.

Pero ese es un tema que debe plantearse en el contexto de la discusión sobre el aborto porque hasta el momento existe una barrera legal que impide armonizar dos fenómenos reales: los nacimientos no deseados y los padres que no pueden fecundar y desean asumir la responsabilidad paterna.

El tema es primordial, y los partidos están obligados a permitir que se aborde sin oportunismos ni albazos legislativos

Pablo Hiriart es director general del periódico Crónica.

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