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El pragmatismo de Lieberman

María Cristina Rosas

Joseph Lieberman
Foto: El País

Tras la Convención Republicana que contribuyó a ampliar la brecha que por ahora pone a George W. Bush a la cabeza de las preferencias electorales, el suceso más importante ha sido la elección del compañero de fórmula de Albert Gore. El candidato demócrata Joseph I. Lieberman, senador por Connecticut, fue el elegido, y con ello el vicepresidente intenta resolver dos problemas que afectan visiblemente sus aspiraciones presidenciales: su cercanía con William Clinton y la necesidad de congraciarse con un grupo importante de electores.

De hecho, es un personaje singular. Fue el primero en denunciar el declive de los valores morales en la Casa Blanca cuando se suscitó el escándalo con motivo de las "relaciones impropias" de William Clinton con Monica Lewinsky. La sociedad estadounidense, tan contradictoria, considera que Clinton llevó las cosas demasiado lejos con la ex becaria de la Casa Blanca y George W. Bush se encargó de traer a colación el tema ante sus miles de seguidores hace dos semanas en la Convención Republicana efectuada en Filadelfia. Así, al elegir a Lieberman, Gore está comprando una especie de "protección" ante los embates puritanos de Bush, y a la vez refuerza la imagen del candidato demócrata como un defensor de la unidad familiar.

El otro aspecto que resulta interesante de la elección de Lieberman es que se trata de un judío. Si bien los analistas esperan que ello tenga un impacto menor en el apoyo de la comunidad judía a Albert Gore, toda vez que ese influyente grupo suele apoyar al Partido Demócrata, el escándalo suscitado recientemente en torno a la candidatura para el Senado por el estado de Nueva York para Hillary Clinton, ciertamente es un suceso que no sólo disminuye las posibilidades de que la primera dama logre concretar su sueño, sino que también afecta negativamente a la candidatura de Albert Gore en el entendido de que todos estos personajes están a bordo del mismo barco, léase la administración Clinton. Supuestamente hace varios años la señora Clinton hizo comentarios insultantes en torno a un prominente judío y esto ha sido utilizado por los republicanos para atacar su candidatura justamente en un lugar como Nueva York donde el peso de la comunidad judía es enorme. Hay quienes piensan que la primera dama verá frustradas sus aspiraciones senatoriales, pero Albert Gore todavía puede enmendar el camino y por eso eligió a Lieberman, quien está en posibilidad de resolver muchos de los problemas que enfrenta el candidato demócrata.

Lieberman, de todas maneras, es un personaje interesante. Es prochoice en torno al aborto, está en favor de la pena capital y mantiene una mezcla de posturas liberales y conservadoras sobre diversos tópicos que no dejan de llamar la atención. Por ejemplo, no está de acuerdo con los programas de acción afirmativa. Como el primer judío que logra entrar a una contienda presidencial por la puerta grande, Lieberman se ha comparado a sí mismo con John F. Kennedy, quien se convirtió en el primer Presidente católico en la historia de la Unión Americana.

Si se hiciera un análisis sobre la manera como Gore y Lieberman han evolucionado políticamente en sus respectivas carreras se encontraría que proceden de polos opuestos. Como senador por Tennessee, Albert Gore será recordado por su conservadurismo hasta que poco a poco fue adoptando posturas más liberales. Lieberman, por su parte, se inició como opositor a la guerra y a la pena de muerte, ahora no sólo apoya la pena capital, sino que es conocido en el Senado por sus posturas en favor de actividades belicosas y la defensa vigorosa de la seguridad nacional estadounidense.

Lieberman es reconocido por profesar devotamente el judaísmo y también por denunciar que las industrias del entretenimiento que genera Hollywood propician la violencia en la sociedad estadounidense (por cierto, no se han hecho esperar las reacciones en la "fábrica de sueños" de California, donde actores, empresarios y productores deploran que los candidatos a la Presidencia sólo se acerquen a Hollywood para pedir apoyo, pero una vez que lo tienen renuevan sus críticas).

Otra de las virtudes de Lieberman es su capacidad para trabajar sin mayores problemas con los conservadores y los liberales, cualidad que puede ayudar mucho al Partido Demócrata frente a George W. Bush.

El apoyo que Gore podría "amarrar" gracias a la elección de Lieberman, estados clave como California, Nueva York, Nueva Jersey y Florida podrían apoyar a los demócratas gracias a la enorme importancia de las comunidades judías en esas latitudes. En Nueva York esta situación podría favorecer inclusive a la primera dama. (En ese estado se encuentra la mayor cantidad de contribuyentes en favor del senador demócrata, integrada por los iconos del sector financiero, superando inclusive al estado por el que Lieberman es postulado a la senaduría, Connecticut.)

En Florida la situación es difícil dado que después de la polémica que se suscitó en torno al balserito Elián González, los republicanos tienen prácticamente controlado el estado, en parte por el apoyo de la comunidad cubano-estadounidense y desde luego por el hecho de que el hermano de George W. Bush, Jeb, es el gobernador y se ha asegurado de ganar adeptos para la causa republicana. Aun así se espera que con Lieberman a bordo, los demócratas logren acortar la distancia que los separa del liderazgo republicano en la península de Florida.

Lieberman es defensor del libre comercio (ello explica el apoyo del capital corporativo a su candidatura para el Senado), pero debido a su habilidad política, su candidatura ha sido bien recibida por la AFL-CIO, principal central sindical estadounidense que tradicionalmente se opone a la liberalización del comercio, sobre todo en el hemisferio occidental.

En una entrevista en el programa Larry King Live, Lieberman explicaba que lo que más debe sorprender al público estadounidense no es que sea el primer judío en participar en una contienda electoral, sino el hecho de que un egresado de Harvard (Gore) haya elegido como compañero de fórmula a un egresado de Yale. El hecho es que por ahora los demócratas empiezan a acortar la distancia respecto de los republicanos, y dada la reputación de que goza Lieberman, les va a ser muy difícil seguir adelante con la consigna del "retorno a los valores morales" en el gobierno

María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx

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