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nostalgia Las carreras de Espinosa
Julián Andrade Jardí
Al margen de cómo termine el expediente de Oscar Espinosa, lo cierto es que ya podemos hacer un pequeño balance de este turbio episodio. Las acusaciones por peculado contra quien fuera regente de la ciudad movieron a escándalo a propios y extraños. De ello hace meses y aún no tenemos la certeza de que sea culpable. La partida presupuestal que desvela a Samuel del Villar fue utilizada, presuntamente, para el pago a periodistas y funcionarios de los medios de comunicación. ¿No sería bueno publicar estos datos? Otra parte del ejercicio se relaciona con dinero entregado a dirigentes partidarios y de organizaciones sociales. Este fondo para reptiles (como le llaman en Estados Unidos) benefició en parte a la clase política capitalina, de ahí que la Procuraduría sea tan cuidadosa en lo que se refiere a quienes pudieran estar involucrados. Estamos muy lejos de una operación de transparencia y muy cerca de una cacería de brujas. Oscar Espinosa no está en el banquillo por delitos que pudo o no cometer sino porque las acusaciones en su contra forman parte de una estrategia para desprestigiar al PRI. ¿Desprestigiar al PRI? Aunque parezca increíble se puede, porque las espirales de descomposición no suelen tener fin. Dirigentes del PRI en la capital decían que el efecto de la acusación sería devastador. Los tiempos de la Procuraduría coincidían con los electorales y de ahí el efecto telúrico. Una de las explicaciones del derrumbe del priismo en la capital se relaciona con esto y con la actitud ambivalente del gobierno federal en la que no se acabó de defender a Espinosa, pero se dejó al PRI en el centro de la tormenta. Ahora lo que no se explican es el motivo de Espinosa para renunciar al cargo en este momento. Creo que como tantas cosas, la respuesta puede estar en la agenda política, en el próximo informe de gobierno y en los días que faltan para el relevo presidencial. En Los Pinos no quieren turbulencias pues sería dramático verse envueltos, el 2 de diciembre, en el escándalo judicial del secretario de Turismo. Era arriesgado esperar a la instalación de la siguiente Legislatura y a que las acusaciones se ventilaran en San Lázaro. Los viejos reflejos del sistema aún perduran, y la maquinaria juega para que el último informe sea sin contratiempos. Nadie está seguro de que lo lograrán pero, sin duda, trabajan para ello. Otra cuestión que no debemos perder de vista es que Oscar Espinosa podría ser absuelto de las acusaciones en su contra. Eso explicaría la tardanza de la PGJDF para consignarlo y las argucias legales para no hacerlo. Pero este episodio es también un ejemplo de cómo será el fin de régimen. El priismo dejará el poder con expedientes judiciales abiertos y una impopularidad que avanza. Espinosa no es sino ejemplo de los funcionarios dejados a su suerte, de esa cuenta que paga la élite política cada cierto tiempo. El silencio de su partido es la señal de cómo serán las cosas a partir de ahora en una clase política en la que habrá reacomodos interesantes. Para colmo, es poco factible que sobreviva como partido. Las culturas de los priistas son incompatibles y el asunto, en todo caso, será ver si optan por una ruptura ordenada o se enfrascan en una avalancha de enfrentamientos. Los sectores modernos del PRI no pueden hilvanar un proyecto con corrientes que se han caracterizado por el desprecio a la democarcia y establecer lazos criminales para hacer fortuna Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica. |
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