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textos Aborto y derechos
Yuriria Sierra
Tenía que ser. ¡Comenzaron las persecuciones al amparo de una elección que, dada su naturaleza, legitima hasta el nacimiento de un nuevo tipo de oscurantismo! Muere la oscura hegemonía y nace la oscura inquisición. Los sectores más radicales -y sí, hay que decirlo: reaccionarios, aunque suene a las arengas aquellas tan gastadas en los recientes tiempos de proselitismo- del PAN comenzaron con un golpe al vientre. De las mujeres y de la democracia. Parece casi una ironía; son ellos quienes están abortando, con una decisión que avala todo menos la libertad de decisión -que debe ser el sustento de todo sistema democrático, en teoría y en la marcha- el nuevo pacto político de los mexicanos... y las mexicanas. La nueva democracia empezó por ser todo menos plural y tolerante, cuando justamente ésos deberían ser sus adjetivos medulares. ¿Quién dijo que el 2 de julio, los electores que votaron por Vicente Fox votaban también por los excesos de una ala derechista? Nadie en realidad, aun cuando en descargo incluso de los panistas, bien lo advirtieron todos los candidatos de la oposición. Tanto Gilberto Rincón como Cuauhtémoc Cárdenas y Francisco Labastida hicieron el debido énfasis, electorero si se quiere, sobre el peligro de abrir con el voto las puertas a una opción partidista que, por más que se arrime al centro del espectro político, lo que no puede abortar es su naturaleza ideológica. Tal vez aquí se cuele en nuestros pensamientos aquello de que "sobre aviso no hubo engaño". Como lo previnieran sus contrincantes, el PAN más recalcitrante y menos moderado ha sacado los dientes a un mes de realizada la jornada electoral. Pero incluso ese timing tiene una razón más pragmática que meramente ideológica de ser. Seguramente, ese sector del panismo tiene en mente al menos dos factores: el primero es que las reformas más "dolorosas" o controvertidas (como lo sería también la reforma fiscal que quiere poner en marcha el equipo económico de transición) deben hacerse al principio de la administración, pues los índices de popularidad son más altos que a mediados de cualquier periodo de gobierno. En el caso mexicano, este argumento es doblemente válido en tanto que Fox y el PAN encabezan el primer gobierno de alternancia en un lapso de tiempo que se acercó a los tres cuartos de siglo. Así, las reformas cuentan, cuando implementadas en los albores de la administración, con mayor apoyo, aceptación o al menos indulgencia civil del que enfrentarían en otro momento del ejercicio público. Y, en segundo lugar, el ala recalcitrante del panismo conoce de un aspecto fundamental: en la mayor parte de los países desarrollados, antes de implantar una medida a nivel federal, hay que "medir el agua a los camotes" llevando a cabo un experimento local. No es gratuito, ni mera coincidencia, que el anuncio de penalizar el aborto aun cuando el feto sea producto de una violación, y hacer de las mujeres, además de entes ajenos a la decisión sobre su propia maternidad, unas delincuentes del orden común que pagarían la osadía de ser libres hasta con tres años de prisión, se haya implementado precisamente en Guanajuato. La reforma local no fue legislada y aprobada sin el consentimiento del hasta hace año y medio gobernador de la entidad, hoy Presidente electo de todos los mexicanos. Así, resulta más factible obtener una medición más acertada, con grupos de enfoque, de la percepción general de la opinión pública sobre la reforma: por un lado medir la recepción y pasividad o indiferencia civil en torno al específico de la penalización del aborto y, por el otro, medir qué tanto afecta esta reforma la "imagen de Vicente" al ser en su propio estado en donde se impulsa la bárbara legislación. Y claro, todo ello sin desgastar la figura del Presidente electo o incluso de Acción Nacional, que ya hoy condena la legislación instrumentada por los "bárbaros legisladores guanajuatenses" dada la mala recepción y la inmediata condena de los sectores sociales progresistas que no están "pasmados" en su propia agenda interna a la postre de su derrota como lo están prácticamente todos los partidos de oposición. Tal como se hiciera hace poco con el asunto de la eliminación de la tasa cero de IVA a alimentos y medicinas, primero se midió la temperatura social, política y económica de su factibilidad para después dar marcha atrás, que lejos estará de ser definitiva. La derecha tiene una agenda, política, económica y social. Y si reculan ahora será sólo para retomar después. Para eso pugnaron por el poder, y para eso lo ganaron. Para imponer, incluso al costo del aborto de esta democracia todavía en estado fetal, el criterio de su dios sobre la ley humana Yuriria Sierra es analista política. |
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