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Rodríguez Alcaine
Sin remedio

Rafael Cordera Campos

"Rodríguez Alcaine, el mejor
ejemplo de cómo el pasado se
enquistó en el presente y futuro"
Foto: Edgar Medel

Tal vez no haya otra personalidad en el mundo laboral o sindical que exprese de mejor manera lo que le ha pasado, por décadas, en cuanto a su incapacidad para convertirse en un interlocutor excepcional en la economía y la política mexicanas, que el señor Leonardo Rodríguez Alcaine.

Los reporteros de prácticamente todos los medios de comunicación lo conocen mejor que nadie. Ha sido grosero con ellos, se ha pasado muchas veces de "ocurrente" y sus declaraciones han sido prácticamente todas ellas motivo de escarnio. No es para menos y, en estos días que fue a visitar al presidente electo Vicente Fox no demostró otra cosa que lo mismo. Ahora salió con que quienes lo entrevistaron y entrevistan son unos mentirosos, que lo mejor es que Fox lo aceptara como su "cuate", que no hay mejor personaje para hacer química que el mismísimo señor Rodríguez Alcaine.

No tiene remedio. En eso terminó la dirigencia de la otrora poderosa CTM. La "Güera" Rodríguez, como se le conoció siempre, llegó a dirigir el SUTERM una vez que falleció Francisco Pérez Ríos y, en el caso de la CTM de la misma manera, es decir, cuando le tocó su turno a Fidel Velázquez. Es un heredero natural y profesional, como otros lo han señalado.

Pero fuera de eso, no hay nada qué decir del dirigente cetemista. Cuando llegó al SUTERM su mayor virtud fue perseguir y reducir al mínimo a Rafael Galván y sus seguidores, cancelar las opciones ideológicas y políticas en el seno de la organización sindical y manejar ésta como si se tratara de un patrimonio de grupo y no de una entidad laboral cuya materia de trabajo se ubica en una de las industrias estratégicas nacionales y nacionalizadas.

No ha podido ser de otra manera. Eso aprendió y eso significa el tipo de "liderazgo", el estilo de hacer política laboral y sindical que representa Rodríguez Alcaine.

Ese cuento de que fue a ver a Vicente Fox para proponerle incluir un programa para los trabajadores en el Plan Nacional de Desarrollo del próximo gobierno, es eso: un "cuento chino". En el otrora llamado sindicalismo oficial no había otro tipo de programas que los que se elaboraban en las oficinas gubernamentales. Por supuesto que había negociación entre las partes, por lo menos entre los gobiernos, los patrones y los dirigentes sindicales, pero aquélla se daba a partir de lo primero, la propuesta oficial, y después se lograba lo que se podía. La falta de autonomía en la organización sindical, la inexistencia de una real participación y determinación de los trabajadores, es lo que siempre ha representado eso que antes era designado como "charrismo sindical".

La modernización del sindicalismo mexicano pasa por la jubilación de esos liderazgos, el entierro de esa práctica tan socorrida de la venta de protección sindical a las empresas y, por supuesto, encontrará mejores vías de desarrollo si se deja en libertad a los trabajadores para decidir sus nuevos objetivos y políticas, sus estructuras organizativas y sus programas. Y no se parte de cero en dichos ambientes.

La herencia del STERM y la Tendencia Democrática, dirigidos por Rafael Galván, su programa inscrito en la llamada Declaración de Guadalajara fue, tal vez, el gran detonador de una serie de experiencias que han rendido diversos frutos en la geografía sindical de México. Hay ahí prácticamente de todo y deben ser los propios sindicatos los que deberán acudir a su revisión, evaluación y proyección. Pero no debería haber duda de que lo tendrán que hacer y rápido, si lo que se quiere es crecer en fuerza, presencia política e interlocución.

Este es un tema de gran actualidad. En el fondo, lo que debiera estar en juego es si el esquema de relación (que bien puede leerse también como de subordinación) entre los gobiernos y los sindicatos puede seguir siendo el mismo que hasta ahora. Desde los diferentes gobiernos se podrá decir que dicho modelo ha sido y puede seguir siendo elemento clave para seguir "construyendo" el futuro. Desde los trabajadores y sus organizaciones solamente se podrá decir que la mayoría de edad llegó hace tiempo, y para la economía y el país lo que una vez funcionó, impulsarlo ahora no sería expresión más que de una insensibilidad social y política que no ha brillado por su ausencia a lo largo de décadas.

Rodríguez Alcaine es lo que es, el mejor ejemplo de cómo el pasado se enquistó en el presente y futuro mexicanos. Por ahí, en sus dichos y en sus "programas", ni los trabajadores ni sus sindicatos podrán encontrar alguna iniciativa o estrategia política de futuro. Eso ya se vio desde hace mucho

Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM.
Correo: rcc140@servidor.unam.mx

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