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real politik El turno de Gore
María Cristina Rosas
Filadelfia, una de las ciudades más importantes en la historia de la creación de Estados Unidos, fue la sede de la Convención Republicana la semana pasada. El suceso, intrascendente en esencia, pasará a la historia como uno de los acontecimientos políticos más aburridos del año. Claro, en ello mucho tiene que ver el hecho de que hace tiempo que las convenciones de los partidos dejaron de ser espontáneas para convertirse en espectáculos masivos plagados de loas para el candidato cuya elección interna ya ha sido determinada con bastante antelación. También, como lo demostró el discurso de John McCain en la apertura de la Convención Republicana el pasado martes 1 de agosto, los acontecimientos de esta naturaleza tienen el propósito de reconciliar intereses, amarrar los apoyos, con el fin de convencer al electorado de que el "elegido" es la mejor opción. Para George Bush Jr. la Convención Republicana también fue importante para tratar de jalar los votos de los sectores centro-liberales más influyentes de la sociedad estadounidense, dado que las posturas del candidato sobre una amplia cantidad de temas han cambiado tanto desde que su elección interna se planteó como una posibilidad hasta hacerse efectiva, que es difícil saber hasta dónde se ha comprometido con un proyecto y hasta dónde se trata de vil oportunismo. Ciertamente Bush se ubica a la cabeza en las preferencias electorales, pero por varias razones nada está escrito aún. En primer lugar, la elección de su compañero de fórmula, Richard Cheney, fue muy desafortunada y ha generado recelo incluso en las filas del propio Partido Republicano. En segundo lugar, habrá que ver si la elección del senador de Connecticut, Joseph Lieberman, que al cierre de esta edición se perfilaba como virtual compañero de fórmula de Gore -por cierto, el primer judío ortodoxo en una fórmula presidencial- impulsa la campaña demócrata y disminuye la distancia entre los dos candidatos presidenciales. No hay que olvidar, sin embargo, que Gore carece del carisma que el estadounidense promedio siempre busca en un candidato. A pesar de formar parte del equipo de William Clinton, Gore es distinto y su "cara de piedra" en las pantallas de televisión lo hace aparecer ante millones de electores como insensible, inexpresivo, sin emociones. En ese sentido, tiene una enorme desventaja frente a George W. Bush. Empero, no todo está dicho y todavía no ha llegado el momento de que Gore se haga cirugía plástica. Hay algunas cartas que los demócratas deben jugar, aunque hay que reconocer que hay factores que inhiben sus márgenes de maniobra. Un problema más o menos grave es la pérdida de popularidad de Hillary Clinton en la contienda para ganar la senaduría por el estado de Nueva York: después de haber estado a la cabeza ahora se encuentra rezagada y ello impacta de manera desfavorable a Gore. La razón es simple: ¿quién puede ser más clintoniana que la esposa del Presidente? Y dado que Clinton se dice comprometido con la causa de los nuevos demócratas y los reformistas en el Partido Demócrata, su esposa y Albert Gore son identificados en esa corriente. De manera que si la primera dama no "levanta", Gore tiene pocas posibilidades de prosperar. La carta que le queda jugar a Gore, es la de la continuidad en aras de mantener la estabilidad económica y la prosperidad de los estadounidenses. Aun cuando hay mucha retórica en ello, el vicepresidente debe enfatizar, en estos meses que le restan a su campaña, que no vale la pena votar por otro candidato cuando la economía crece, generando empleos y una mejora sustancial en los niveles de vida de la población. En otras palabras: ¿qué puede ofrecer Bush a los estadounidenses que Gore no esté en posibilidad de otorgarles, asumiendo que mantendrá la continuidad en el programa económico establecido por William Clinton? Esa es la pregunta que definirá a final de cuentas la elección presidencial en noviembre, por eso, la Convención Republicana fue tan aburrida, dado que Bush Jr. se esmeró en evadir el tema María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx |
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