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textos McDonald`s: a la altura de los Jones
Luis T. Díaz Müller
En Entrevista sobre el siglo XXI, Eric Hobsbawn revela, sin ironía, el carácter global del mercado y las comunicaciones. El futbol: verdadero ¿entretenimiento? mundial permite que los partidos puedan verse en todas las pantallas y surja un verdadero mercado, sin territorio, del desplazamiento de los jugadores: Anelka, Batistuta, Rivaldo, Marcelo Salas, para no hablar del martirologio de Diego Armando Maradona, "consumido" por el éxito y la destrucción de sus "héroes", por la propia sociedad argentina, sin identidad, subdesarrollada, fatalmente en crisis. Esta tendencia profunda hacia la uniformidad del capitalismo mundial de la postguerra fría transforma el orden, la justicia, la cultura, las comunicaciones, y convierte al mercado en el árbitro supremo de las relaciones mundiales. Armand Mattelart plantea una idea que se ubica en la base de este proyecto integrador y multiforme de la mundialización: representa la matriz de unificación de las sociedades humanas. Las nociones de interdependencia e internacionalismo reflejaron los sombríos proyectos de comienzos del siglo XX. El periodo comprendido entre la Paz de Westfalia, al término de la guerra de los 30 años (1648), marcó un momento límite: la autonomía y la soberanía de los Estados. A contracorriente, el Renacimiento y los grandes viajes de la aventura del descubrimiento y el dominio colonial, indicaron con claridad la visión integradora y mercantil de las potencias mundiales en la búsqueda de un nuevo orden: el proyecto del presidente Wilson, "los Estados Unidos del Mundo", demostró con claridad los propósitos que al albergue de la guerra se perseguían para desmontar el Estado-providencia que duraría hasta el New Deal (Roosevelt, 1933). ¿Crisis del Estado y de la nación? Por cierto, pero no desaparición; búsqueda de una solución uniforme e integradora. Primero, en términos de "sociedad transnacional", después de la Segunda Guerra Mundial, y el impetuoso avance de los conglomerados; Benetton, Nike, Ford, Coca-Cola, situada en el número 4 de la Plaza Karl Marx de Moscú. Segundo: la extinción de los sistemas integrados de la Federación Rusa, la guerra del Golfo, vía CNN, marcó la profundización del modelo de la globalización que aparece como la receta mágica del mundo del siglo XXI. Las nuevas tecnologías y el proyecto del genoma humano van revelando, por la vía del dominio del conocimiento, la preocupante trama desigual que divide a la sociedad del consumo en un mundo cada día más atenazado por la contradicción: globalizadores y marginados. La destrucción de los puentes del Danubio confirmó un hecho para nada innovador: el mundo tiene hoy más refugiados que nunca desde la Segunda Guerra Mundial. El Estado, ogro filantrópico, se va quedando inerme ante la pérdida de su poder de coerción, de gobernabilidad (Colombia, Perú) y legitimidad. Es que el mismo proceso de la mundialización se encarga de desarmarlo de sus funciones clásicas: soberanía sobre el territorio, defensa de fronteras, vigencia de los mitos nacionales, avasallados por los medios de comunicación, las redes financieras, la presencia transnacional, y los organismos financieros intertransnacionales (Ecuador, Argentina), como es el caso de la deuda externa. Los derechos humanos y la guerra cambian su sentido y alcance. En el plano de los derechos fundamentales, a pesar de la avalancha de textos, seminarios, reuniones y declaraciones, queda en claro que los genocidios, la pobreza africana, el desempleo están marcando un límite a esta cultura del proyecto de globalidad. La guerra, muy a la orden con los tiempos, se privatiza, acelera y comercializa con mayor intensidad. La guerra ha cambiado en sentido geopolítico y tecnológico. Es posible que estemos ante la desaparición de la amenaza nuclear global. Sobre todo, porque las guerras asumen un carácter "local" bajo nuevos supuestos: alta tecnología, desaparición de las fronteras de las guerras internas e internacionales, y aparición de empresas privadas de la guerra. Esta nueva situación, como plantea M. Ignatief, retoma las guerras étnicas, microguerras altamente destructivas que invitan a la "intervención humanitaria" y a las guerras televisivas. Una globalización tutelada, donde Estados Unidos, sin dejar de recordar la situación de los trabajadores migratorios y la depredación ambiental (basureros nucleares) se constituyó en el centro hegemónico de control de este sistema mundializado. No por nada se ha dicho frecuentemente que el siglo XXI, más que un siglo-paradoja, resultó ser un siglo americano: american way, como los Jones, esa típica familia de clase media, para no acordarme de los Simpson Luis T. Díaz Müller es abogado. Profesor de Derecho Internacional y Derechos Humanos, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. |
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