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textos Generation Fo(X)
Khemvirg Puente
El 2 de julio hizo su presentación estelar en México la generación Fox, parodia de la Generación X que plasmó en 1993 el escritor canadiense Douglas Coupland. Los resultados en favor de Vicente Fox fueron un grito de auxilio de una generación sin identidad propia, perdida en un México en crisis permanente, frustrados por no ser "alguien" en esta vida. La victoria de Fox se debe, en gran medida, al voto de los jóvenes, al voto de moda, al voto por el cambio. Nadie sabe para dónde será el cambio (al parecer, ni el propio Fox) pero lo importante es el cambio por el cambio. Las visitas de Fox a la Ibero, el Tec, el ITAM y todas las que se pudiera; su aparición en programas de radio y televisión, como los de Adal Ramones y Eugenio Derbez, estaban dirigidos al mercado de jóvenes X, "espectadores de todo, protagonistas de nada". Este es el mejor momento para decirle a esta juventud "sean protagonistas del cambio", "sean protagonistas de algo, no importa de qué", "sean protagonistas de `algo`". Ya, ya, ya; hoy, hoy, hoy; no, no, no; vota por el cambio, vota por el cambio, vota por el cambio; ya ganamos, ya ganamos, ya ganamos; constituyeron los mensajes centrales de Fox. Mensajes huecos, vacíos de principio a fin, es decir, con el contenido perfecto para las expectativas de la Generación X. El ex directivo de Coca-Cola, la bebida preferida por los jóvenes X, cuya estrategia de publicidad definió, con humor y cinismo, el futuro de la juventud: "vive la sensación". No importa si es bueno o malo, lo importante es hacerlo, no pienses, disfruta el momento. Recuerdo la campaña de publicidad de un refresco de la misma empresa, dirigido a la juventud X. Su eslogan decía:"¿Qué sentido tiene beber ok? Bueno, ¿qué sentido tiene todo?". Esa fue la estrategia de Fox, ¿qué importa lo que pase con México? Bueno, ¿qué importa el país? Lo importante es votar por el cambio, votar por Fox. Los resultados del 2 de julio no sólo son la esperanza de aquella juventud que nació en crisis, creció en crisis y cuyo futuro está hipotecado en el Fobaproa; son un llamado a las autoridades de nuestro país y que exigen una opción diferente; una opción que garantice una política de atención a la juventud. Son un grito desesperado de ayuda de una generación agraviada por las élites del sistema político mexicano. Muchos años existió en México un Consejo Nacional de Recursos de Atención a la Juventud (Crea), también una Dirección General de Atención a la Juventud, y una Dirección General "Causa Joven", y ahora, para que se escuche más importante: "el flamante Instituto Mexicano de la Juventud", que cuenta con menos recursos económicos que el Crea, su antecesor. De esta forma, la generación FoX puede estar segura de que no estarán solos, siempre tendrán un aparato burocrático justificando el presupuesto para los jóvenes. ¿Qué importan los jóvenes para el gobierno? ¿Qué importan los jóvenes para los partidos? ¿Qué importan los jóvenes para Fox? Nada, sólo disfruta el poder que otorgan sus votos. Los años por venir para el futuro gobierno panista serán un gran reto. Será su oportunidad para involucrar, de una vez por todas, a los jóvenes en la transformación de este país. La juventud ya dijo sí, sin embargo, no parece que el panismo responda de la misma forma. Una cosa son los votos y otra es el ejercicio del poder político (¡eso es cosa de adultos!). Lo importante no es que respondan una Encuesta Nacional de la Juventud, sino los programas de atención que a partir de ella se originen. No basta un Instituto Mexicano de la Juventud, cuyo principal objetivo es seleccionar candidatos (recomendados por gobernadores) para recibir el Premio Nacional de la Juventud de manos del ciudadano Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. La realidad de los jóvenes está en las calles, en cada uno de los barrios de las ciudades, en cada una de las comunidades rurales. Los jóvenes que votaron por el cambio no sólo están en la cafetería de la Ibero o en las canchas de tenis del Tec, también están en Zacatecas y Guanajuato a punto de emigrar a Estados Unidos en busca del empleo que no encuentran en su propia tierra, están egresando de la UNAM y el Poli buscando una oportunidad laboral mal pagada pero que los ayude a iniciar una vida profesional, pero también están en los antros y en las calles buscando "grapas" y "churros" para relajarse y "vivir la sensación". Esos son los jóvenes que pusieron su fe y su esperanza en el cambio; son aquellos que quieren vivir en un país donde no los extorsionen por su edad, donde no los discriminen por su apariencia, donde no los agredan por su forma de pensar, donde encuentren una buena razón para luchar por su futuro y su presente. La esperanza quedó sembrada el 2 de julio. Depende de Vicente Fox responder a sus expectativas. Los jóvenes no sólo quieren un país de oportunidades, quieren un país de realidades. No basta una efectiva campaña publicitaria ni aparecer en la televisión justificando el presupuesto. Hoy, hoy, hoy es necesario trabajar en favor de esta generación, la generación del cambio. Si Fox falla, los jóvenes habremos perdido lo único que nos queda: la esperanza de un mejor futuro, la esperanza de vivir en un país de oportunidades para todos Khemvirg Puente estudió Ciencias Políticas en la ENEP-Acatlán. |
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