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la hidra El caudillo no tiene la culpa
Jaime Ramírez Garrido
En su artículo de la semana pasada, Arturo Martínez Nateras le pide peras al olmo: que Cuauhtémoc Cárdenas sea un "joven Cuauhtémoc" y que lejos de ser el pastor de rebaños enfrentados sea el conciliador que aporte una nueva forma de ver y de hacer política en México. Difícil labor cuando si se solicita la presencia de Cárdenas por parte de los líderes de las diversas corrientes perredistas es precisamente para que ponga orden cupular entre ellas, no para que se disuelvan en una formación horizontal que permitiría al Partido de la Revolución Democrática si no crecer o reconstituirse, por lo menos sobrevivir. Cuauhtémoc Cárdenas empeñó no sólo su carrera política sino todo el capital del PRD en ganar para él la Presidencia de la República. No importó ni la creación de una fuerza política con un proyecto de izquierda más allá de los desplantes patrioteros ni importó generar desde el Congreso proyectos conciliables con otras fuerzas políticas, tampoco importó gobernar el Distrito Federal cuando algo de esto no servía directamente para apuntalar la candidatura a la Presidencia de la República de Cuauhtémoc Cárdenas. Cárdenas no puede ser, como pide Martínez Nateras, un Willy Brandt o un Felipe González porque él -pero sobre todo los líderes de las corrientes que lo siguen y lo necesitan- lo han hecho más un Elías Calles, un líder máximo, una figura indiscutible, y ahora un devaluado patrón de medición de la honestidad de los fines y medios. "¿Tendrá Cuauhtémoc la visión, la grandeza, el orgullo y la generosidad para desempeñar otro papel?", se pregunta Martínez Nateras, y continúa: "De este acierto depende el futuro de la izquierda mexicana". No estoy de acuerdo. Es precisamente una actitud que pretende que el futuro de la izquierda dependa de una figura, la que ha llevado al PRD, con Cárdenas a la cabeza, hasta donde ahora se encuentra. Más allá de la visión, la grandeza, el orgullo y la generosidad están los intereses de quienes le exigen a Cárdenas el penoso papel de ser un líder con carácter indiscutible, irrenunciable, omnipresente y omnipotente. El caudillo no tiene la culpa sino quien lo hace tlatoani Jaime Ramírez Garrido es secretario general adjunto del Partido Democracia Social. |
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