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guía de perplejos Cabaret Voltaire
José Luis Durán King
Fundado en febrero de 1916 en una callejuela de Zurich, el Cabaret Voltaire funcionó como escenario y galería para los artistas del movimiento dadá. Horrorizados por los excesos de la Primera Guerra Mundial y disgustados por los valores burgueses, los dadaístas participaron en actividades de protesta en contra de lo que ellos consideraban una sociedad en agonía donde el arte de Occidente era la expresión de dicha sociedad. Esos conceptos subterráneos los manifestaron mediante creaciones antiestéticas que tomaron muchas formas: pintura, arte objeto, poesía, música y performance. Las actividades y actuaciones dadaístas tuvieron como característica un lenguaje furioso y chillón, elementos que también dirigieron hacia la estética y los convencionalismos sociales. En el libro Dadá. Documentos, publicado por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, Ida Rodríguez Prampolini y Rita Eder escriben: "No es casual que el nombre del cabaret donde se recoge el espíritu combativo y destructor de los valores sociales y artísticos que se manifestaba al mismo tiempo en varias partes del mundo (Nueva York, París, Berlín, Italia, España, etcétera), y se formula bajo el vocablo dadá, lleve el nombre de Voltaire. El filósofo de la incredulidad, impío, cínico y burlón era para Nietzsche `el representante de la tolerancia y el descreimiento`, y Nietzsche era para el fundador del cabaret, Hugo Ball, el destructor de la moralidad caduca y el instaurador del espíritu dionisiaco del cual el Cabaret Voltaire intentaba ser un bastión en plena guerra". Es interesante notar que el arte contemporáneo del performance continúa abordando temáticas muy similares propuestas por el movimiento dadá, aunque sería impreciso argumentar que el performance tiene sus orígenes en la estética dadaísta. El performance no se puede comprar o vender, tampoco coleccionarse como otras manifestaciones del arte. Por ello, los valores burgueses expresados en la adquisición del objeto artístico no penetran la dura coraza del performance. Así, esta manifestación que involucrados o más expresiones artísticas fue adoptada por los dadaístas de principios del siglo XX, quienes buscaron un foro y un medio que les permitiera evocar emoción, crítica política y acción. Ese foro fue el Cabaret Voltaire. Hugo Ball hizo un trato con Jan Ephraim, propietario de un café; de esta manera, a cambio de utilizar el espacio del cafetín para exhibiciones y performance, Ball garantizó incrementar las ventas de cerveza, ensaladas y sandwiches. Los performance del cabaret incluían música, danza, manifiestos, poesía simultánea y vestuario. Muchas de las actuaciones incluían varios si no es que todos estos elementos. El objetivo era integrar diferentes formas de expresión dentro de un Gesamtkunstwerk (obra de arte total) que reflejaría los absurdos de la guerra y la búsqueda de un significado para la generación sobreviviente de la conflagración mundial. La "búsqueda de significado" fue el corazón que latió en el interior del Cabaret Voltaire. Ball y sus colegas -Jean Arp, Tristan Tzara, Marcel Janco y Richard Huelsenbeck- creían que el significado arribaría a través de la emoción, el sin sentido y las experiencias viscerales. Basándose en propuestas teatrales e interrupciones espontáneas, los performance del Cabaret Voltaire eran impredecibles, sobre todo cuando Marcel Janco introdujo las máscaras en las actuaciones. En torno a este elemento Nietzsche había señalado: "Todo lo que es profundo ama la máscara". Por su parte, Hugo Ball apuntó en su diario: "Toda clase de máscara aquí es bienvenida". Ida Rodríguez y Rita Eder complementan: "Los jóvenes refugiados de varios países se cubren la cara no con máscaras antigases, como sus compatriotas del frente, sino máscaras contra el asco, la vergüenza y la impotencia". "Las máscaras transmitían su poder en nosotros con una violencia irresistible. Comprendimos inmediatamente por qué las máscaras son tan importantes para la pantomima y el teatro pues aquellas máscaras simplemente conducían a cualquiera que las portara hacia el absurdo y la danza trágica... ¡Qué fascinación para todos nosotros en aquellas máscaras que encarnaban emociones y pasiones en un escala sobrehumana! Repentinamente, el horror de nuestra época, el paralizante goteo de la guerra, era claramente perceptible", escribió Hugo Ball en referencia a la aportación de Janco. Debido a su naturaleza política y anticomercial, el Cabaret Voltaire es un hito en la historia del arte. Finalmente no está de más apuntar el significado del concepto dadá, según Richard Huelsenbeck, quien en 1920 escribió: "La palabra dadá la descubrimos accidentalmente Hugo Ball y yo en un diccionario alemán-francés mientras buscábamos un nombre de teatro para Madame Leroy, la cantante de nuestro cabaret. Dadá es la palabra coloquial francesa para los caballitos de madera de los niños. Es impresionante porque es breve y sugestiva. Pronto dadá se convirtió en el distintivo de todo el arte que lanzamos en el Cabaret Voltaire. Por `el nuevo arte` queríamos entonces dar a entender, en general, el arte abstracto" José Luis Durán King es autor del libro de cuentos Tabula Rasa. |
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