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Teatro y código de barras

Guillermo Vega Zaragoza

Foto: José Jorge Carreón

Las emociones mueren por carecer de código de barras. Esta es una de las contundentes frases que nos endilga Elena Guiochíns en su obra Plagio de palabras. Y así, con el tono de comedia postmoderna por delante, nos va soltando unas cuantas netas a los miembros de la Generación N (N de Internet, se entiende), que ya dejamos atrás las broncas que atormentaban a nuestros padres: el compromiso ideológico, la emancipación femenina, la búsqueda de la pareja ideal, la paz mundial y demás paparruchas. Ahora las cosas son menos claras pero no por eso menos culeras: no nos limitemos a pedir un nuevo trabajo, una nueva relación o un cuerpo diferente. Mejor pidamos una nueva vida.

Teatro de la incertidumbre le llama José Gordon en el original programa de mano, donde siguiendo el principio de la física cuántica propone que nada existe a menos que lo observemos. Como si el mundo se hubiera convertido en la monstruosa sala de espera de un aeropuerto, asistimos a la exhibición de personajes que nunca son lo que parecen: una modelo con postgrado en física, una aburrida pintora que ejerce como ama de casa, un director de cine que se dedica a hacer comerciales y telenovelas, una escritora egresada de Sogem que gana premios de novela rosa. Y en medio de todo, la incertidumbre máxima: ¿soy heterosexual porque así nací, porque así me hicieron o porque así quiero ser?

En una época donde todas las certezas parecen haberse abolido, a través de sus personajes Guiochíns nos recuerda: perder algo no significa que haya desaparecido; sino que no recuerdas dónde está. Teatro de búsqueda también, la dramaturga y directora recurre a todos los lenguajes escénicos posibles en busca de referentes con ese público que parece anestesiado por la tv y los talk shows: desde el melodrama telenovelero, los noticieros, hasta las presentaciones de libros. Estos delirantes juegos escénicos demandan desde luego, no sólo gran coordinación y economía de recursos escenográficos, sino un gran esfuerzo actoral por parte de todo el elenco. La truculencia de la trama es lo de menos. Lo que importa es que entre tanta intrascendencia sobresale aún el deseo de trascendencia, a lo mejor no en este mundo ni en este momento, pero sí con la certeza de reaccionar antes de nuestras vidas se conviertan en algo ajeno a nuestras personas

Plagio de palabras, de Elena Guiochíns. Con: Teresina Bueno y María Renée Prudencio, entre otros, se presenta en el Teatro Coyoacán (Héroes del 47, 122, Col. Churubusco Coyoacán), viernes (20:30 horas), sábado (19 horas) y domingo (18 horas).

Guillermo Vega Zaragoza es escritor, periodista y profesor universitario. Correo: gvegaz@hotmail.com

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