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Mucha política
Tender puentes, para construir acuerdos

Rafael Cordera Campos

"Todos están obligados a
consolidar y construir el
cambio que se quiere"
Foto: Raúl Ramírez Martínez

Hacer política diario y lo mejor que puedan, parece ser la "consigna" para todos los políticos mexicanos. Unos en sus partidos, otros en el futuro Poder Legislativo que se supone, y bien, que deberá ser el lugar privilegiado para esos deberes, otros en el Ejecutivo y más en la llamada sociedad civil. Todos, sin excepción, están obligados a mejorar, a tejer fino como se dice por ahí, si lo que quieren es que el proceso democratizador avance y se consolide. Todos a consolidar y construir el cambio que se quiere para hacer más democrático a México.

Vicente Fox y sus más distinguibles operadores políticos así lo están haciendo y así también lo están demostrando. Aquél visita al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y éstos van a entrevistarse con Dulce María Sauri y Sergio García Ramírez en la sede del PRI. Así se han dado entrevistas entre los mismos y los dirigentes de Democracia Social y otras organizaciones políticas. Recorrerán un largo camino de aquí al 1 de diciembre para, según ellos, tender puentes, construir acuerdos y compromisos, establecer consensos con quien se pueda y avanzar. Santiago Creel lo ha dicho varias veces, ha subrayado la política de "puertas abiertas" para todos y ojalá que le tomen la palabra, por lo menos para saber de qué se trata; qué se propone desde el próximo gobierno; cuáles son las ofertas desde el PAN.

En realidad, dada la composición que se ve existirá en el Legislativo, si lo que se quiere es construir otro régimen y otro sistema político, más democrático y fundado en la existencia de partidos fuertes y con vocación de Estado, no hay mejor camino conocido que el de la corresponsabilidad política compartida por los principales sujetos de ese tipo de organización. Los partidos políticos, antes que nadie, tienen que asumir esos tiempos nuevos donde el acuerdo y la convergencia deberán ocupar el lugar de la actitud contestataria y retadora. La oferta para construir, por encima de la negativa rotunda a siquiera establecer algún diálogo, debería convertirse en la nueva costumbre de los políticos.

El tiempo pasa y las situaciones cambian. Y aquellas entidades políticas que no sepan asumir la nueva realidad, con mucha seguridad no podrán recuperar lo perdido o, en el peor de los casos, tenderán a desaparecer en la perspectiva futura. Así están las cosas y es mejor que los políticos asuman una realidad realmente novedosa, donde las relaciones entre ellos, entre las organizaciones políticas y sociales, entre los poderes, empezando por los de la Unión, deberán redefinirse.

No será en unos cuantos días, como algunos lo pretenden, el arreglo al que deberán arribar las organizaciones políticas, sus dirigentes y militantes. Tendrán que pasar meses para elaborar y corregir los documentos básicos, hacer frente a la realidad y elaborar las propuestas necesarias para tratar de "encantar" a la sociedad. Deberán, también, concretar los nuevos pactos políticos que les permitan mantenerse con perspectivas reales. A unos les costará todo más trabajo que a otros y no podrán evitar las imposiciones que ha hecho la nueva situación política del país.

Para algunos se terminó el paternalismo y el clientelismo; para otros, el caudillismo. Son muchas las cosas que terminaron o se deterioraron de manera exagerada y a eso solamente se le puede enfrentar con políticas que asuman las experiencias y reconozcan la nueva situación que se ha creado. Son tiempos de renovación política y se actúa en consecuencia o se pierden el tiempo y el espacio que llenarán u ocuparán otros.

Los próximos meses serán de debate, de discusiones difíciles y de definiciones de cara a la sociedad. Los partidos políticos deberán aspirar a consolidarse abriéndose a las necesidades y reclamos de la sociedad. La ciudadanía, una vez más, se ha mostrado adelantada respecto de las ofertas partidarias. En los tiempos de las campañas electorales se demostró que las organizaciones políticas, sus candidatos y dirigentes, no entienden lo que la sociedad demanda. Las propuestas programáticas brillaron por su ausencia. Nada mal les haría a las entidades que se encargan de procesar la política, explorar en los sentimientos de la ciudadanía, nutrirse de la sabiduría popular y aceptar el reto de gobernar en conjunto. Así es la democracia.

La perspectiva es compleja para todos, pero es también muy clara. La realidad exige madurez a los partidos políticos y éstos están en la obligación de responder en positivo al reclamo ciudadano. Al tiempo

Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM.
Correo: rcc140@servidor.unam.mx

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