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real politik Australia y los huaraches
María Cristina Rosas
El presente artículo muy bien podría denominarse, especialmente si es escrito para el público mexicano: "¿A quién le importa? Who cares?". Y es que uno de los curiosos efectos de la globalización respecto de los sucesos en el mundo es que cada vez jerarquiza más la información, regionalizándola y circunscribiéndola a los espacios geográficos adyacentes a los países donde es difundida (a menos, claro está, que se trate de algo demasiado trascendente como para ser ignorado). Pero incluso en esos casos la cobertura está sujeta a las percepciones de los editores de diarios y noticieros, quienes priorizan las noticias locales (local news) a niveles que pueden resultar exasperantes. Las elecciones del 2 de julio, consideradas como un parteaguas en la historia del sistema político mexicano, ciertamente fueron seguidas por los principales medios de información de todo el mundo. En Australia, por ejemplo, donde quien esto escribe se encuentra desde finales de junio, de repente empezaron a aparecer algunas notitas que a un público preocupado por lo local, lo inmediato y los pronósticos del tiempo (¿lloverá hoy o habrá sol?) le parecieron incomprensibles. Prominentes expertos en el estudio de la política exterior de Australia han confesado a quien esto escribe su escaso conocimiento sobre México, y su interés por el tema se circunscribe a preguntas como: "¿Qué tal le va a México con el libre comercio?", o bien "los mexicanos son vecinos de una gran potencia y eso es envidiable para Australia que realmente está lejos de todo", o inclusive "desconozco la historia de México... pero todos usan huaraches y sombreros grandes allá, ¿cierto?". ¿La globalización ha contribuido a "educar" a la opinión pública mundial respecto de México, venciendo los tradicionales estereotipos? ¿Cómo pueden, por ejemplo, los lectores del Sydney Morning Herald, The Australian y The Age -tres de los medios impresos más importantes de Australia- comprender los sucesos que tienen lugar en México, cuando súbitamente aparece una nota sobre la victoria de la oposición en los comicios presidenciales y nunca más se vuelve a tocar el tema? Ciertamente la jerarquización de la información es necesaria dado que hay sucesos que revisten particular interés para la seguridad nacional y la política exterior de los países. Sin embargo, aquí también habría que proceder con precaución debido a que para el caso australiano los sucesos que se han venido produciendo en el Pacífico Sur (como el golpe de Estado en Fiji, la inestabilidad en las Islas Salomón y en otra región adyacente, el sureste de Asia, la crisis en las Islas Molucas), si bien han recibido una amplia cobertura en los medios de información, no han sido correctamente afrontados por el gobierno que preside el conservador John Howard. Respecto de Fiji, por ejemplo, transcurrió demasiado tiempo como para que Canberra empezara a aplicar sanciones contra el golpista George Speight (quien recién fue arrestado por las fuerzas gubernamentales) y resulta irónico que Estados Unidos, Gran Bretaña y hasta Naciones Unidas tomen el liderazgo en una zona donde los australianos deberían marcar la pauta. La atención de John Howard está más centrada en lo que algunos llaman diplomacia económica, esto es, el comercio y las inversiones, en tanto la necesaria dimensión política que debe caracterizar a toda política exterior está ausente. Howard, por ejemplo, es menos proclive a ensanchar los vínculos con instituciones multilaterales y en lugar de ello ha optado por afianzar los lazos con Estados Unidos, a tal punto que está dispuesto a apoyar el impopular proyecto de defensa para crear misiles antimisiles contra supuestos ataques que podrían generar los llamados Estados bribones (rogue states). La iniciativa es tan controvertida que incluso los aliados más leales de Estados Unidos como Gran Bretaña y Canadá se oponen abiertamente al proyecto. De ahí que Washington presione tanto a Australia para que lo apoye a cambio de la transferencia de alta tecnología militar que Canberra requiere. Es difícil que Australia se resista a ello, al menos durante la administración de Howard. Sin embargo, ello va a lesionar las relaciones de Australia con los países europeos, más China y Rusia quienes consideran que la propuesta estadounidense está revitalizando la carrera armamentista. Para una potencia media como Australia (asumiendo, por supuesto, que es correcto definir a la gran ínsula austral en esos términos) tradicionalmente la manera de lidiar con las grandes potencias es a través de un apoyo decisivo a las instituciones multilaterales, pues lo que no podría obtener Canberra en sus vínculos con EU o China podría lograrlo, presumiblemente, a través de un foro multilateral como Naciones Unidas. Pero esa no es una visión que comparten los conservadores (ciertamente no todos piensan como Howard, si bien no están en una buena posición para desafiarlo), de lo que se desprende que con un cambio de gobierno y con los laboristas en el poder podría producirse ese énfasis que Australia requiere para contar con mejores márgenes de maniobra en sus relaciones con el mundo. A Howard no le ayuda mucho el hecho de que su gobierno sucedió al laborista de Paul Keating, donde Gareth Evans, a la sazón ministro de Asuntos Exteriores, tuvo una destacada actuación en la promoción de iniciativas multilaterales (como el apoyo a la Convención sobre Armas Químicas) y también regionales (como la creación del Foro Económico Asia-Pacífico, APEC). Ello puso a Australia en la geografía del mapa mundial, recordando que en este país hay una falta de identidad nacional que se refleja en una actitud cautelosa cuando de lidiar con la política exterior se trata. Los australianos no son como los canadienses. Estos últimos gustan de ser protagonistas promoviendo una política exterior global (al margen de si disponen o no de los recursos para ello). Los australianos son más regionales y selectivos: ultimadamente la geografía pesa en este lucky country agobiado por la tyranny of distance de la que habla Geoffrey Blainey. Pero hay un problema en la definición de prioridades internacionales. La cobertura que, por ejemplo, ha recibido el cumpleaños 100 de la Reina Madre no tiene parangón. El reciente y costoso viaje de John Howard con todo su gabinete a Londres como parte de los festejos que culminarán el próximo año con el centenario de la federación, recibió fuertes críticas y fue motivo de mofa por parte de los más escépticos, dado que Anthony Blair, primer ministro británico, en un desafortunado lapsus se refirió a Howard como "el primer ministro de Estados Unidos". Para muchos esa es la triste realidad: nobody cares about Australia, ni siquiera la madre patria. Pero esa ignorancia sobre Australia no sólo se aplica a los británicos y a los estadounidenses, sino incluso a los mexicanos. ¿Cuántas veces en México Australia no ha sido confundida con Austria? Si John Howard no se esmera por tomar las decisiones correctas en materia de política exterior, no puede esperar un reconocimiento por ello. Ya de por sí bastante sufre Australia con el hecho de ser, al lado de Nueva Zelanda, los únicos dos países desarrollados en el mundo que se ubican en el hemisferio sur y de los que nadie se acuerda (dado que aún a la fecha prevalecen las nociones eurocentristas y estadounidenses Norte-Sur, asumiendo que todo lo que se encuentra en el hemisferio sur es sinónimo de salvajismo y subdesarrollo). Claro que ahora, con las críticas tan severas que ha externado Naciones Unidas a propósito de la situación de las comunidades indígenas y las violaciones a sus derechos humanos en Australia, la actitud del gobierno de Howard ha sido la de hacer saber al organismo internacional que Canberra revisará los términos de su participación en la ONU, lo cual, en la práctica, se traducirá en algunos berrinches, algunos bastante absurdos. Por ejemplo, en septiembre tendrá lugar la Cumbre del Milenio en Nueva York a la cual asistirán prácticamente la totalidad de jefes de Estado y de gobierno del mundo con la excepción de seis: cinco porque sus países se encuentran en guerra, y uno más, John Howard, porque no está de acuerdo con los comentarios de la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Mary Robinson, sobre los derechos humanos de los llamados "aborígenes" australianos. De manera que, con actitudes como ésta, Australia no sólo desaparecerá del mapa político mundial: podría producirse una embarazosa situación cuando algunos consideren que el jefe de gobierno de Austria habla (en alemán, por cierto) a nombre de los habitantes de la islota. Cuestión de enfoques... María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx La autora expresa un sincero agradecimiento a Qantas por el apoyo brindado para hacer posible el recorrido por las ciudades y suburbios de Australia durante los meses de junio, julio y principios de agosto. Australia posee una extensión territorial que cuadruplica a México. Ello y sus desiertos remiten a la necesidad de volar en vez de utilizar otro medio de transporte. Qantas cuenta con la reputación de ser la línea aérea más segura del mundo. Quien esto escribe puede atestiguar que es el caso. |
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