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nostalgia El complot tapatío
Julián Andrade Jardí
Como en un molino, las investigaciones del caso Posadas siempre llegan al mismo sitio y lo hacen porque no hay duda de que se trató de una confusión. ¿Por qué persiste, entonces, la idea del complot? Me parece, en primer lugar, que subsiste por el enorme descrédito de nuestras autoridades y por una idea conspirativa que permea en amplios círculos de la opinión pública, la menos informada, pero la más susceptible de ser seducida por este tipo de ideas. El otro factor es la Iglesia católica. Grupos conservadores insisten en la tesis de la conspiración porque la canonización del cardenal Posadas Ocampo les significaría una importante victoria en el Vaticano. Hace unos años, el papa Juan Pablo II declaró que en México había "dos papables". El pontífice se refería a la importancia de la diócesis de la ciudad de México y a la de Guadalajara. Estos señalamientos, más producto de la cortesía que de la realidad, desataron la imaginación del clero tapatío y su jerarca: Juan Sandoval Iñiguez. ¿Un papa mexicano? No suena mal y por eso la grilla se desató para canonizar a Posadas. El cardenal Posadas Ocampo sólo puede ser ascendido a la calidad de santo si "murió por su ministerio", esto es, si el crimen se relacionó con su trabajo pastoral. A lo anterior hay que sumar los delirios de la derecha católica, ésa que se siente tan cómoda en la Secretaría de Gobierno en Jalisco. Un mártir, conviene recordarlo, nunca viene mal si de lo que se trata es de apoyar ideas fundamentalistas. La PGR concluyó la investigación pero no estaría muy seguro de que el próximo gobierno no caerá en la trampa de volverla a abrir. Los intereses son muchos y la posición de Sandoval y del gobernador de Jalisco es más que clara, reafirmando la hipótesis de que se trató de un atentado directo y soltando rumores sobre una línea política que debe ser indagada. El móvil político fue descartado desde hace siete años. Las investigaciones de Carpizo y de Antonio Lozano dejaron claro que esa ruta no llevaría a buen puerto. Madrazo llegó a la misma conclusión, por lo que resulta paradójico el capricho en el que se encuentra empeñado el cardenal de Guadalajara. El clero coincide, en su gran mayoría, con los resultados de la investigación, convencerlos, sin embargo, no fue una tarea sencilla. Luis Reynoso, obispo de Cuernavaca, fue escéptico sobre los resultados a los que iba llegando la autoridad. Finalmente lo convencieron y así a otros tantos. Lo que preocupa es que se pueda continuar en la incertidumbre a pesar de los años invertidos en el asunto. Cuando se conocieron los resultados, algunos medios de comunicación señalaron que "se había dado carpetazo al asunto", como si no se hubieran seguido todas las pistas y cada una de las hipótesis por descabelladas que fueran. En este caso, debemos celebrar los resultados porque la trampa me parece imposible. No veo a Antonio Lozano coincidiendo con Carpizo y con Madrazo, si no es porque las cosas están muy claras. Es tiempo de volver la cara a los grupos que insisten en la tesis del complot para tener una idea de qué es lo que se está engendrando. Los buenos modales de la ultraderecha duran poco, sobre todo cuando el poder puede estar cerca. Ojalá que la conclusión de la PGR sea eso, y no el anuncio de una nueva escalada, a partir de diciembre, para empezar el sexenio como nadie quiere. Lo anterior no debe, tampoco, alejarnos de la consternación por la muerte de un cardenal, por el peligro que representa el narcotráfico y por la capacidad de violencia que engendra. Tampoco hay que olvidar a los otros muertos, los de ese día trágico cuando México empezó a descomponerse. Mataron ese día al constructor de la nueva relación entre la Iglesia y el Estado y a uno de los jerarcas representantes del pensamiento moderno. Ahí está lo que perdimos y no en los delirios fundamentalistas, en las fiebres del complot y en la incapacidad de reconocer cómo y por qué fueron las cosas Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica. |
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