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tintero "La teoría no es base de la novela"
Héctor González Jordán/Gonzalo Garcés
Bonaerense de nacimiento, Gonzalo Garcés (1974) visitó la ciudad de México para presentar su novela Los impacientes (Seix Barral, 2000) por la cual se hizo acreedor al Premio Biblioteca Breve 2000. Siendo apenas su segunda novela, el escritor argentino ofrece una visión aguda y reflexiva de tres personajes jóvenes, hartos de una vida monocromática y que ansían encontrar algo que les haga recuperar la fe, en un mundo al que parece han llegado tarde. El escritor radicado en París se brinda a una charla que discurre por los distintos caminos de su obra. Tú eres un escritor joven, ¿a partir de la literatura intentas ganarle tiempo a la vida? No sé cuando se me metió en la cabeza la idea de que sólo vale la pena vivir mientras escribes. No puedo explicar a qué obedece, pero sé que le ocurre a otros escritores, personalmente puedo decir que los únicos momentos que realmente lo paso bien y me siento en mi lugar y justificado es cuando estoy frente a la máquina escribiendo. Para mí la situación ideal es estar en casa con mi mujer al lado y frente a la computadora resolviendo un problema narrativo, estar frente a un personaje preguntándome: "¿Ahora qué hago con este personaje?","¿qué es lo que va a hacer y cómo lo voy a contar?". ¿Buscas con tus historias vivir cosas que no has hecho y en un momento dado te gustaría realizar? En esta novela no hay prácticamente nada autobiográfico. Hay en los personajes algunos rasgos de diferentes personas que conocí, pero es una historia inventada. Es muy curioso cómo a veces tú puedes empezar por tener solamente la estructura, saber que vas a tener tres capítulos que son como el infierno, el purgatorio y el paraíso, y luego los personajes van surgiendo de eso, como un poco de la nada. Creo que en el inconsciente de cada uno de nosotros están mezcladas todas las caras y todas las personalidades que hemos conocido, y sin darnos cuenta al escribir esto surge y hay una amalgama de personas y de experiencias, pero es algo inconsciente. Me parece que Los impacientes es una novela en la que presentas un buen número de teorías, ya sea sobre el amor, la vida, el destino. He escrito dos novelas, en la primera hay mucha menos teoría y en la que estoy escribiendo todavía hay menos. La teoría no debe ser la base de una novela, pero si tienes personajes que son más bien intelectuales, es lógico que pongas sus pensamientos y sus teorías porque también nos ayudan a conocerlos como personajes. Las opiniones de una persona son tan importantes para conocerla como su aspecto físico. En los tres personajes que manejas en Los impacientes percibimos a tres jóvenes desolados, que manifiestan una especie de hartazgo ante la imposibilidad de encontrar lo que buscan, ¿cómo ves a la juventud? No traté de hacer un retrato generacional, pero después de haberlo terminado y leer otros libros contemporáneos, y revisando las pruebas de imprenta, me di cuenta que sin quererlo quizá había puesto ciertos rasgos que se pueden aplicar a una generación, ¿cuál?, la de aquellos que hoy tienen entre 25 y 35 años, la llamada generación X en algunos ámbitos, la llamada también generación Gorbachov en otros. La denominación de generación Gorbachov me parece más adecuada que la de generación X, porque ésta, en un momento muy sensible que como es la adolescencia, vivió el fin de la guerra fría, la caída del bloque soviético, la caída del Muro de Berlín, la instauración del liberalismo como ideología única, en otras palabras el fin de la historia. Creo que nos pegó muy fuerte a mi generación y nos metió muy profundamente la idea de que vivimos al fin de la historia, de que estamos al final de una época, de que no hay futuro, de que todo esta hecho. Estos personajes sufren un poco de este síndrome pero también quieren superarlo, están hartos de ser víctimas y de haber llegado tarde a todas las fiestas. Mencionas que ciertamente en algunos otros escritores de tu generación se presenta también esta visión un tanto desangelada y por momentos harta, pienso en Alberto Fuguet. Alberto Fuguet me parece un excelente narrador, pero desde el punto ideológico me siento en las antípodas de él, porque me parece trágico y excesivamente triste resignarse, como parecen hacerlo sus personajes, al aburrimiento y a la nada. Es muy difícil poner en una novela personajes positivos, que triunfen sin caer en la falsedad, para mí es un desafío guardar la honestidad y al mismo tiempo conseguir un rasgo positivo en un personaje. Dentro de las reflexiones que presentas en tu obra, en varias ocasiones aludes al Yo, ¿qué tanto le das al factor psicológico en tus personajes? Componer un personaje significa entre otras cosas darle una vida psíquica verosímil. Lo que me interesa es saber a dónde van a llegar en su viaje los personajes, eso es algo que no sé cuando empiezo a contar su vida. ¿Cómo manejas la relación entre tu literatura y la religión? Estableces entre tus personajes y los capítulos una analogía con el cielo, el infierno y el purgatorio. Hay algunas analogías con un aspecto de la religión cristiana, primero te aclaro que no soy creyente, pero siempre me sentí muy impresionado por la profunda verdad poética que hay en los evangelios. Los escenarios de Buenos Aires son algo a lo que también le das peso dentro de la novela. Los impacientes es una novela que transcurre ahí y además la ciudad misma es parte del tema de la novela. Mientras viví en Buenos Aires, nunca se me ocurrió escribir sobre ella, justamente porque estaba demasiado inmerso en ella. En cambio, al instalarme en París y verla desde lejos fue poco a poco haciéndose un tema poético, porque en realidad todo lo perdido es poético, por eso la ciudad aparece como vista de lejos. Mencionas que todo lo perdido es poético. ¿La nostalgia, la melancolía, son estados idóneos para escribir? Para escribir cierta literatura, Borges decía que la emoción poética para escribir era la nostalgia, era la pérdida, la tristeza; pero admitía que había poetas como Walt Withman que habían cantado la plenitud de la alegría, creo que eso se aplica a la novela también Héctor González Jordán estudió Comunicación en la FCPyS de la UNAM. Correo: hector_tito_mx@yahoo.es |
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