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No. Son un espectáculo grotesco
Gastón García Miranda
"Mi hermana me bajó al marido", "me cambió por una enana", "mi esposo anda con la comadre"... Estos son algunos de los temas que han convertido los llamados talk shows en objeto de discusión y encendida polémica, sobre la conveniencia de sus horarios de transmisión para los niños y también sobre la viabilidad de mantenerlos "al aire". Los talk shows constituyen un espectáculo grotesco, un circo romano donde los invitados, casi siempre "extras" que cobran de 150 a mil 500 pesos, representan burdamente a personas envueltas en triángulos amorosos o situaciones embarazosas, generalmente relativas a sus relaciones sentimentales y sexuales. Aquí panelistas de utilería, a quienes instruyen sobre lo que deben decir o hacer, dan vida a tramas de telenovela, a partir de jugar con los sentimientos de los verdaderamente afectados. La ausencia de un tratamiento serio, hace de estos programas verdaderos circos. En ocasiones el público llega a ser tan patético como los miembros de una especie de jurado que emite un veredicto condenatorio invariablemente hacia el macho cínico, que sonríe cada vez que alguien revela sus "travesuras" o el público lo manda a los leones. Este no puede ser en modo alguno el apoyo educativo que buscamos para nuestros niños. Personalmente no lo creo y me cuesta trabajo imaginar que conductores y productores de estas series permitan a sus hijos o nietos asomarse siquiera a ese espectáculo grotesco, donde todos hablan o gritan al mismo tiempo, se cachetean, se insultan y se amenazan. La Iglesia católica y la UNICEF se pronunciaron por la desaparición de estos programas. Después de meses de discusión en las cámaras de diputados, Senadores y en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, así como en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Secretaría de Gobernación formuló un exhorto a Televisa y TV Azteca, a cambiar el horario de transmisión de sus talk shows. Y es que en estas carpas el engaño es total, al punto en que los propios conductores o "moderadores" son sorprendidos por su equipo de producción. Este fue el caso de Rocío Sánchez Azuara, en Cosas de la vida, quien públicamente admitió que desconocía el hecho de que su equipo de producción contrataba a la gente para que hiciera el papel de víctima. Esto, en vez de orientar a las personas que efectivamente pasan por situaciones como las que se plantean les causa un mayor desconcierto. El recurrente tema de la sexualidad atrae a las masas no por la reflexión que los especialistas contratados puedan ofrecer, sino por el morbo. A Gobernación le corresponde, de acuerdo con la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, promover la producción de radio y televisión y vigilar que se mantengan dentro de los límites del "respeto a la vida privada, a la paz y moral pública y a la dignidad personal". Para nadie es una novedad el poderoso grado de influencia que ejerce la televisión en los menores de edad, quienes -de multiplicarse estos programas- poco harán mañana como individuos en favor de estos valores sociales. Se impone una profunda reflexión para revisar el debido cumplimiento de la Ley Federal de Radio y Televisión, así como también el marco ético con el que deben conducirse los responsables de éstos y otros programas de contenidos violentos. La guerra de los ratings que protagonizan las dos principales televisoras de México nos ha llevado a todos a esta discusión, en la que quienes defienden los talk shows aseguran que es muy amplio el sector de la población que los ve. Sin embargo, mientras sigan haciendo apología de la violencia y no acaten los preceptos de la ley, difícilmente sobrevivirán. Otra prueba del mal gusto de estas emisiones es su pobre comercialización. Si habremos de seguir copiando modelos extranjeros para hacer una televisión popular, al menos tratemos de mejorar el modelo, en lugar de prostituirlo con temas como los que ahí se tratan. En alguna ocasión el tema fue: "Mi hombre lo tiene más grande", ¿es acaso este un asunto digno de análisis científico o sociológico, sano para la teleaudiencia? ¿Cuál es su contenido o aporte social? Por lo pronto, los programas en cuestión se van a la noche, en lo que puede ser la antesala de su extinción, si las autoridades federales demostraran voluntad por promover un elevado nivel de calidad de la programación televisiva Gastón García Miranda es jefe de Información del programa radiofónico López-Dóriga. |
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