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La sombra del caudillo
Cárdenas y las necesidades del PRD

Arturo Martínez Nateras

Con resistencias el PRD ya empezó a admitir que los resultados del 2 de julio son una derrota. Errar es de humanos. Errar es atributo de los dirigentes de la vida política. Equivocarse y perseverar en el desatino conduce a nuevas derrotas.

En política la solidaridad no se materializa en esa hermosa práctica de que cada uno hace la autocrítica a los demás. Yo te autocritico; tú me autocriticas, él nos autocritica. La paja en el ojo ajeno.

El Consejo Nacional del PRD transcurrió entre el escándalo, las maniobras y las convergencias para evadir el fondo del problema.

La causa principal de la derrota del PRD es la postulación de Cuauhtémoc Cárdenas y el papel que él desempeña en el PRD. La postulación de Cuauhtémoc envió a la sociedad un mensaje que el electorado se negó a apoyar. La propuesta que él encarna dejó de ocupar el lugar central en los anhelos nacionales y recibió sólo un poco más de 15% de la confianza soberana; no le dijo nada a los jóvenes ni a la sociedad urbana; menos a las mujeres, no consolidó el apoyo de la intelectualidad y el voto del PRD es el de los adultos mayores. La derrota no llegó a debacle por los resultados en el DF, en Michoacán, en Guerrero y en Baja California Sur.

La postulación de Cárdenas aceleró desprendimientos que se venían gestando como el de Porfirio Muñoz Ledo, que a nadie deben alegrar. Cárdenas ya no tenía la fuerza del jalón para arrastrar a una pléyade de candidaturas parasitarias. Por ello, la Convención Nacional Electoral se convirtió en una disputa por las primeras posiciones plurinominales o de representación proporcional.

¿Había opciones? Por supuesto. Incluso evadiendo la posibilidad de la alianza con Fox, era posible buscar alguna otra figura nacional; postular al propio Porfirio Muñoz Ledo, a Andrés Manuel, a Ricardo Monreal, etcétera. Pero nada de esto beneficiaba los intereses de las sectas.

El error ya es historia. El papel de Cárdenas en el PRD debe ser modificado y enaltecido. No debe seguir siendo el centro indiscutible del universo de grupos de interés que lo usan como coartada para combatir a los demás.

Hoy nadie se atreve a decir con claridad que la candidatura de Cárdenas es la causa principal de la derrota y por ello los "chuchos" culpan a los "amalios", éstos a los "cívicos". Todos contra todos y le cae a quien se raje es el espectáculo del PRD, pero ninguno atina al meollo. Todos hablan contra la existencia de los grupos de interés a partir de defender sus intereses de grupo. Con titubeos pero Ricardo Monreal ya empezó a plantear y a recoger algunas ideas similares.

El caudillismo central se multiplica y reproduce en todo el país y el PRD se ha convertido en una suma de presidencialismos y despotismos que ahuyentan a la sociedad.

Es un partido administrado como patrimonio burocrático. El PRD carece de dirección política colectiva, incluyente, representativa.

Cuauhtémoc Cárdenas tiene un lugar relevante en la historia, en el movimiento social, en la izquierda; él mismo debe replantearse dejar de ser el líder moral indiscutible; el jefe, el gran caudillo para permitir que afloren las figuras nuevas, para facilitar y forzar la disolución de las bandas y la aparición de las tendencias de ideales y modos de ver al país y a la política; para facilitar que el PRD sea, con otra denominación, un verdadero partido político con vida interna democrática y una adecuada relación con la sociedad. Hoy no lo es.

Cárdenas es un activo de la izquierda que hoy debe jugar otro papel. Similar, toda proporción guardada, al de Felipe González, al que alguna vez desempeñara Billy Brandt.

Sin una nueva conducta política del propio Cuauhtémoc Cárdenas, el PRD no tiene otro porvenir que el voto duro de una izquierda que envejece física y mentalmente. Un joven partido político de las izquierdas mexicanas requiere de Cárdenas pero de un joven Cuauhtémoc aportando una visión de cara al siglo XXI.

Por lo pronto, me atrevo a sugerirle que permita fluir las ideas, el debate, el diálogo, que renuncie al papel de dador de líneas, de ser quien determine tareas, metas, objetivos y fines. Que deje pasar un poco el tiempo y se obsequie la oportunidad para escuchar, para dialogar, para leer y a tiempo externar las propias.

¿Tendrá Cuauhtémoc la visión, la grandeza, el orgullo y la generosidad para desempeñar otro papel? De este acierto depende el futuro de la izquierda mexicana

Arturo Martínez Nateras es director general de la editorial Fábrica de Letras.

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