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real politik barandal
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textos Chávez y Fujimori
Adrián Acosta Silva
La tercera reelección de Alberto Fujimori en Perú y la contundente victoria de Hugo Chávez en Venezuela confirman la complejidad de los tiempos políticos en América Latina. Ambos liderazgos tienen el inconfundible aspecto del caudillismo y la dominación carismática que caracteriza a buena parte de los dirigentes políticos en la región, pero representan también los riesgos de las peores pesadillas de la frágil democracia latinoamericana: la tentación golpista, la negación de la pluralidad, el desequilibrio de las relaciones entre los poderes, subordinados al hiperpresidencialismo que de hecho o de derecho termina por sujetar a todas las demás instituciones y fuerzas políticas al poder del presidente-caudillo en turno. Los dos personajes surgieron de contextos nacionales unidos por un clarísimo aire de familia: la pobreza y el hartazgo. Los peruanos, dominados durante un largo periodo por el histórico APRA (una versión local del PRI en aquel país), vieron crecer, por varias generaciones, dos horrores: la pobreza y la miseria, y la aparición de Sendero Luminoso, el grupo terrorista de inspiración maoísta. Los venezolanos, luego de la crisis petrolera de los primeros años 70, vieron los mismos fantasmas bajo distintos ropajes: la corrupción y la pobreza, y la ineficacia política de la democracia cristiana encabezada por personajes como el ex presidente, en dos ocasiones, Carlos Andrés Pérez, de estilo y concepciones similares en más de un sentido a los de Luis Echeverría y José López Portillo. Bajo el fuego cruzado de esos horrores y fantasmas, y con la llegada de la tercera ola democrática en América Latina, personajes como Fujimori y Chávez lograron subirse a la cresta de la ola y convertirse, en medio del aplauso y la esperanza, en los nuevos salvadores de sus respectivos países. Sin embargo, al comenzar el siglo Fujimori enfrenta un enorme desprestigio político nacional e internacional, producto no sólo del desgaste que puede provocar mantenerse por más de una década en el poder, sino porque esa permanencia ha significado un ejercicio autoritario del poder que le permitió, por ejemplo, disolver el Congreso peruano en su primer periodo y crear una oposición leal, capaz de no poner en predicamentos su liderazgo y proyecto político. Chávez, por su parte, en la campaña electoral de este año mostró que ya no es el militar golpista que hace unos años quiso derrocar por la vía de las armas al Presidente en turno, sino que ahora se presenta como un demócrata convencido, capaz de interpretar los anhelos de los ciudadanos, y luchar por ellos disolviendo, de ser necesario, el Congreso y los poderes constituidos. Ambos liderazgos poseen una indudable fuerza social y política, aunque, en el caso peruano, esa fuerza pueda ser más producto de la capacidad de control y de represión del fujimorismo que resultado de su fortalecimiento en una auténtica competencia democrática. En ambos casos es posible constatar que la democracia es interpretada en buena parte por las sociedades respectivas como una suerte de paraíso de las ilusiones perdidas para convertirse, como en otras ocasiones a lo largo de la historia latinoamericana, en semidemocracias, o en frágiles democracias tuteladas por un líder ubicuo y fuerte. Si los 80 y buena parte de los 90 fueron los años de la transición a la democracia en América Latina, los años con que terminó la década y el siglo se convirtieron en los de los procesos de rolling-back de la democracia al autoritarismo, como lo demuestran los casos de Bucaram en Ecuador, de Fujimori, o el que se perfila con el de Chávez. En cualquier caso, Perú y Venezuela muestran o la enorme "elasticidad" de las democracias latinoamericanas, o el retorno anunciado del "nuevo autoritarismo" en América Latina, como denominó, hace ya más de 20 años, el politólogo argentino Guillermo O`Donnell a los procesos de estructuración no democrática de los regímenes políticos de la región Adrián Acosta Silva es profesor-investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Jurídicas del CUCEA-Universidad de Guadalajara. |
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