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por los caminos de sancho

Elba Esther Gordillo
Está lista para la SEP

Renward García Medrano

También debe de ser castigo del Cielo que a los
escuderos de los caballeros vencidos los puncen
moscas, los coman piojos y les embista el hambre.

Elba Esther Gordillo
Foto: Alfredo Estrella

Permítame felicitarla, profesora Elba Esther Gordillo. No sólo ni principalmente porque con notable habilidad y agudo instinto político se está adaptando rápidamente a una realidad política que a todos nos era desconocida y a muchos resulta desconcertante, sino por su admirable capacidad de supervivencia.

No conozco su historia en detalle, pero sé, como muchas personas, que usted nació a la vida política sindical bajo la guía, protección y amparo de Carlos Jonguitud, uno de los más fuertes líderes oficialistas del magisterio, caído en desgracia al principio del gobierno salinista y a quien usted relevó, por obra y gracia de Manuel Camacho, sin el más mínimo escrúpulo y, obviamente, por el método más tradicional: la imposición desde el gobierno. Sospecho que en esos días amargos Jonguitud no tenía más que aceptar la rendición incondicional o seguir la suerte de "La Quina".

En el sindicato magisterial, señora Gordillo, tuvo el acierto de reconocer que la era del oficialismo avasallador había llegado a su fin, y era indispensable convivir con los grupos que forman la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Usted se percató de que esta organización no se limitaba a ser una oposición moral y extraordinariamente limpia dentro del sindicato como la que encabezó Othón Salazar, sino que se había convertido en una poderosa fuerza política a la cual no se podía cooptar con cargos en el sindicato, negocios o dádivas, ni se le podía disolver por medio de la violencia.

Usted, doña Elba Esther, hizo pasar por democracia lo que no era sino un esquema de reparto del poder sindical nacido de su admirable sentido de la realidad en política. Eso explica su liderazgo magisterial que, si no es tan absoluto como el de cualquiera de sus antecesores, es igualmente prolongado y más asentado en la realidad.

Su oposición a la federalización del sistema educativo que impulsó el doctor Ernesto Zedillo como secretario de Educación, pasó por autonomía y hasta enfrentamiento con el poder, pero usted y yo sabemos que en realidad obedeció a que el asunto era de vida o muerte para el sindicato que ya se había constituido en su base de poder real, así como a que Zedillo no parecía tener la más mínima posibilidad de llegar a la Presidencia de la República y, peor aún, no era parte del grupo de Manuel Camacho al que usted pertenecía.

Me impresiona, señora, que haya podido sobrevivir políticamente en los seis años del gobierno zedillista e incluso logrado hacerse de una posición fuerte dentro del PRI (nada menos que dirigente de la CNOP), a pesar de que ha tenido una actitud crítica, a veces acremente crítica, hacia el gobierno y el Presidente. Usted sabe muy bien, claro, que Zedillo no es Salinas o Díaz Ordaz, por lo que usted no corría mayor peligro mientras no rebasara los límites de la cuasi oposición en los que usted se ha movido.

Hoy, profesora, está usted lista para ser secretaria de Educación Pública con el primer gobierno panista de la historia. Sus relaciones con Vicente Fox parecen provenir del llamado Grupo San Angel al que usted perteneció más que por ser una "intelectual" (Fox, por supuesto, tampoco), por ser una representante conspicua de Manuel Camacho y lo que para entonces representaba.

Con un olfato político extraordinario mantuvo usted una buena relación con Fox desde antes que éste iniciara su larga campaña por la Presidencia de la República. Soy de los que creen que usted fue leal al PRI y a su candidato, Francisco Labastida, no por pruritos morales sino porque la deslealtad, en determinadas circunstancias, es una estupidez, y usted está muy lejos de cometer errores políticos monumentales. Su lealtad, eso sí, no excluyó su buena relación con Fox y creo que está usted a punto de lograr el mayor ascenso en su carrera política.

El programa educativo del próximo gobierno, profesora, será estratégico y espero que tenga la capacidad para entenderlo así, para articular una propuesta sólida, para convencer a Fox y convertirlo en su aliado y, lo más difícil, profesora, para defender a la educación pública que necesita el país, en un grupo de gobierno de corte conservador. Nadie espera que sea usted el Justo Sierra o el Vasconcelos del siglo XXI, pero sí que haga de la educación laica la puerta por donde vuelvan a entrar los pobres -que son muchos millones- hacia una vida digna de ser tal. Le deseo mucho éxito

Renward García Medrano es periodista.

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