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Jóvenes
El voto que decidió el triunfo

Rafael Cordera Campos

"Forman parte de la generación a la
que le han arrebatado la esperanza"
Foto: Antonio Oropeza

Independientemente de los análisis que están por venir respecto de los resultados electorales, es común escuchar opiniones como que, al final de cuentas, el voto joven fue el que decidió el triunfo. Esto, además de cierto, se sabía desde antes de que iniciara el proceso electoral 2000.

Varios estudiosos del tema, articulistas e investigadores, académicos y políticos, entre otros, lo dijeron y lo demostraron hace años. Desde entonces se sabía, por los estudios demográficos y electorales, que los jóvenes de entre 18 y 30 años integrarían alrededor de la mitad del padrón electoral. Por ese solo dato se podía aventurar esa hipótesis con bastante probabilidad de que se concretara.

Tienen razón aquellos que han enfatizado que, además, la mayoría de ellos siempre han sufrido y escuchado hablar de las crisis; no conocen momentos de prosperidad. Forman parte de la generación a la que le han arrebatado la esperanza y se le ha subrayado la falta de expectativas, aun a aquellos supuestamente privilegiados por ocupar un lugar en las escuelas de educación media y superior.

El desempleo, las dificultades para encontrar ubicación en las instituciones educativas, los problemas de salud (desde los embarazos no deseados en adolescentes, pasando por el Sida, hasta llegar a las adicciones). La insatisfacción respecto de muchas cosas ha creado un ambiente de depresión y desprecio hasta por sí mismos en amplias franjas de los jóvenes mexicanos.

El problema de fondo es que esa situación tan compleja y profunda no se resuelve con el voto que emitieron ni con las promesas que ahora se expresan como compromiso para atenderlos. Se requiere del reconocimiento público de que esa problemática nacional (y regional) existe y, amerita la participación de especialistas en múltiples temas, la elaboración de políticas públicas integrales y el compromiso preciso y expreso de las instituciones estatales y de la sociedad, pues estamos hablando de un problema nacional de gran densidad social que, además, no es de obvia resolución.

En el país hay experiencia acumulada al respecto. Diversas instituciones han pretendido abordar esa problemática de múltiples maneras y han logrado éxitos aunque también han vivido fracasos. En universidades y en escuelas públicas y privadas, en las instituciones de salud, en las organizaciones de la sociedad que se dedican a diversos aspectos de la juventud, entre otras, se conocen trabajos desarrollados en diversas áreas, existe personal capacitado y especializado que no se debería desperdiciar. Además se cuenta con un Instituto Mexicano de la Juventud que se sustenta en una ley aprobada por el Poder Legislativo y a punto de llevarse a cabo una encuesta nacional de juventud.

En el Senado de la República se aprobó la ley que dio paso a la creación del Instituto Mexicano de la Juventud, que después siguió el mismo curso en la Cámara de Diputados. Estos son dos pasos que deberá ahorrarse si se quiere empezar a enfrentar esta problemática con seriedad. En México, en muchas materias, pero en particular en lo que se refiere al ámbito juvenil, hemos visto cómo se crean y luego desaparecen instituciones y políticas de atención a la juventud (Injuve, Crea, Conade) sin que se expliquen públicamente las razones de tales medidas. Ahora que se cuenta con el nuevo instituto que hemos mencionado es de esperar que el viejo método deje de imponerse.

Además existen otras experiencias positivas en múltiples campos que son contexto o afectan la vida de millones de jóvenes mexicanos. Esas cuestiones deberían tomarse en cuenta si lo que se quiere es imprimirle consistencia y velocidad a la atención de un asunto que socialmente es un reclamo nacional que puede documentarse con votos pero también con otras variables y que habla, además, de un enorme déficit que el Estado y la sociedad tienen respecto de franjas más que significativas de la sociedad del presente y el futuro.

Se podrá llegar muy pronto a un nivel de análisis serio y a una interpretación cercana a la verdad en cuanto al mandato del voto juvenil.

Algunas opiniones nos van a hablar de causas como el hartazgo, la incredulidad, la desesperación, el cambio, la vocación antisistémica y muchas otras razones, incluida la convicción de que el voto correcto tenía que ser por quienes resultaron los victoriosos y sus ofertas programáticas y de gobierno. Pero todo ello no será suficiente para reconocer una problemática que rebasa lo electoral y ahí es donde se podrán encontrar argumentos suficientes para elaborar perspectivas estratégicas con mínimos visos de solución.

En todo caso, a todos los partidos políticos, a los futuros miembros del Poder Legislativo, al próximo gobierno federal, a los gobiernos estatales actuales y futuros, además de otras instancias de gobierno, les corresponderá decidir si vamos a seguir posponiendo la toma de decisiones fundamentales y urgentes o ya es tiempo de enfrentar una situación que se ha vuelto en verdad preocupante

Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM.
Correo: rcc140@servidor.unam.mx

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