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cuentas claras
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La economía que recibirá Fox
Ricardo Becerra
¿En qué condiciones arrancará el próximo sexenio? Respondamos en una nuez: esta economía no será entregada con un desequilibrio mayor; es perfectamente administrable en el corto plazo, aunque con serios problemas en el mediano. Es decir: Fox no recibirá un paquete macroeconómico que pueda estallar de inmediato, pero de su talento depende que no haga explosión y que, por el contrario, pueda seguir creciendo en los próximos 36 meses. El cuadro que sigue resume los indicadores de la economía que recibe: Los números hablan: es un cuadro bastante mejor que el heredado por Salinas (aunque claro y por fortuna, en el último tramo de Zedillo no ha habido asesinatos políticos ni levantamientos armados ni renuncias de prominentes miembros del gabinete ni salidas tumultuarias en dólares), el gobierno tiene recursos para hacerle frente a contingencias importantes y además cuenta con un millonario blindaje financiero. Todo esto no significa el paraíso; quiere decir que Fox no empezará cerca o desde un profundo agujero, pero debe darse prisa para que los desequilibrios latentes no lo alcancen. Veamos: La administración foxista vivirá la difícil parábola: cuenta con una economía alineada en 10% de inflación; cada punto menos le exigirá mayor esfuerzo, entre otra cosas, más disciplina fiscal (y es que Fox ha prometido un incremento de precios igual al de los miembros de la OCDE -3%-, pero resulta que cada punto adicional es más difícil y costoso conseguirlo). No sólo eso: ha prometido redoblar y superar la disciplina fiscal zedillista, dice poder cuadrar los ingresos y los gastos; es más, ha dicho que puede recibir más de lo que va a gastar, que va a tener un superávit. No será nada fácil: en primer lugar, porque los precios del petróleo no se van a mantener tan altos como hasta hoy; en segundo, porque las obligaciones del rescate bancario son cada vez mayores (se calcula que al ritmo en el que vamos, anualmente, se agregan algo así como siete mil millones de pesos adicionales a la bolsa general). En tercer lugar está el costo de la reforma a la seguridad social, que implica una magnitud de desembolsos similares. Luego, los costos de sus propias promesas: tendrá que despojarse de recursos para canalizarlos hacia los 31 estados de la Federación, lo que va a disminuir su propio financiamiento disponible.
Por si fuera poco, el próximo Presidente tendrá que hacer frente a inversiones masivas en infraestructura básica, sobre todo en dos temas esenciales: generación de energía eléctrica y dotación de agua a las principales ciudades del país. Estamos hablando de cantidades extraordinarias que suman, conservadoramente, unos diez mil millones de dólares en el sexenio. El problema es simple, y tan viejo como la República misma: hay inmensas necesidades de gasto y hay pocos recursos con que hacerlo. Para decirlo de otro modo: la disciplina fiscal va a ser un objetivo cada día más difícil de cumplir. ¿Cómo logrará el Presidente la meta hercúlea de cuadrar las cifras? Aunque logre privatizar industrias o segmentos de ella, aun así las finanzas públicas serán uno de los problemas torales del presidente Fox: Zedillo entrega buenas cuentas, pero es una herencia provisional, entregada con todo y problemas latentes, con compromisos futuros inevitables y sujeta al talento político y administrativo del nuevo gobierno. Por eso, Fox no va a poder eludir el tema crucial de la economía política mexicana: la reforma fiscal. Paradoja del gobierno liberal: o cobra más impuestos o estará cancelada la viabilidad de su proyecto, de su federalismo anunciado, de su revolución educativa, de sus grandes apoyos a las empresas, de sus prometidas transferencias al campo. No hay atajos y tampoco sobra tiempo. Este es un tema que no pudo resolver el PRI durante tres décadas, ¿lo hará el flamante presidente Fox? Como quiera que sea, tendrá que intentarlo Ricardo Becerra estudió Economía en la UNAM. |
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