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exposición

Mercado o tianguis

Miriam Mabel Martínez

Foto: Rosa María Nova/Todo Imagen

En el Museo de la Ciudad se presentó la muestra Los otros libros dentro del marco del Primer Mercado de Poesía. Dos cosas sobresalen de está exhibición: la atinada elección de piezas de 39 artistas (Franco Aceves Humana, Gilberto Aceves Navarro, Erik Beltrán, Gabriel Macotela, Emiliano Gironella, entre otros) que accedieron a compartir con el público "sus libros" que muestran y las distintas apreciaciones y aprehensiones de lo que significa el libro como un objeto de arte. Felipe Eherenberg exhibió cinco libros de su autoría y 13 de su colección; Salvador Alanís presentó un hipertexto, Jugar con la palabra; Gustavo Artigas un video-documento realizado en Banff, Canadá, y una interesante propuesta visual de Juan González de León que combina la proyección de imágenes sugerentes y palabras que dialogan de un muro a otro, acompañadas de un libro-diario en el que retoza la escritura con el dibujo, la intimidad del creador en contrapunto con una pieza que sugiere las memorias y las lecturas que se hacen sobre un mismo texto: revistas intervenidas en las que el artista pinta, hurga e inventa un plano diferente de lectura. Quizá la pieza más llamativa es Rollo encontrado en el mar muerto de Juchitán, de Francisco Toledo. Estos otros libros sobreponen lo lúdico con la experiencia visual, emotiva... un punto de intersección de la palabra y la imagen vista y entendida desde perspectivas autónomas que lejos de limitar, enriquecen la idea de leer y de observar.

Desgraciadamente, Los otros libros, curada por Demián Flores, sólo permaneció una semana en exhibición, pues debía ceder sus espacios para el festejo del segundo aniversario del Instituto de Cultura de la Ciudad. Ignoro si esta acción se debe al autoritarismo y negligencia del ICCM o a la distracción de los directivos del museo por no afinar la programación. De cualquier manera, resulta triste la situación ya que lo único que se les ocurrió fue convertir el Mercado en tianguis sobre ruedas y llevarlo "itinerante" por las plazas comerciales de la ciudad. En un ataque optimista pensé: "Se trata de un experimento que consiste en quebrar los límites museísticos y trasladar este espacio a lugares públicos, un cuestionamiento sobre lo público, lo oficial, lo popular y sus distintas concepciones". Poco después me convencí de que era una salida astuta y a mi juicio, una falta de respeto al público y sobre todo al artista, porque los exponentes ignoraban la brevedad de la exposición y mucho menos el plan itinerante.

No cabe duda que donde manda capitán no gobierna marinero y que es más importante complacer al jefe que al público. Lástima

Los otros libros. Muestra itinerante Museo de la Ciudad de México, Plaza Inn, Galerías, Plaza Loreto, Plaza Satélite...

Miriam Mabel Martínez es becaria del Fonca.

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