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Estado acorralado
Mercados, comunidades e individuos

Miguel Angel Vite Pérez

"La crisis ha sido creada por
una especulación global"
Foto: Raúl Ramírez Martínez

Ala globalización también se le ha identificado con la generalización de un modelo de organización política llamado democracia liberal; mientras, en el plano económico, con la expansión de los mecanismos de intercambio mercantil. Dicho modelo alcanza mayor legitimidad, en el mundo occidental, a raíz del derrumbe de los sistemas del llamado "socialismo real".

Pero cabe destacar que ahora la democracia liberal fue reducida a su aspecto instrumental, es decir, para organizar comicios que garanticen entre los partidos políticos una mayor competencia por los diversos puestos gubernamentales que, dentro de la nueva ideología "gerencial", es la forma más viable de elegir a los "mejores" representantes de una sociedad. Por otro lado, la dirección del desarrollo social y económico se transfirió hacia los agentes "maximizadores" de la libertad: las firmas o empresas. En este sentido, en nombre de la libertad -un supuesto de la economía de mercado- se justificó la privatización del patrimonio de la sociedad.

Lo anterior, para algunos críticos, ha provocado que la democracia liberal sea despojada de su contenido normativo relacionado con la igualdad de condiciones materiales para la realización de los derechos sociales, identificados con las instituciones de bienestar social, administradas, mal o bien, por el Estado. Esto se relaciona con el cambio que, en los años 80, sufrió la composición de los gobiernos de los países desarrollados y del Tercer Mundo al llegar, por ejemplo, una tecnocracia que introdujo paulatinamente reformas dirigidas a la autorregulación del mercado y, en consecuencia, intentaron convertirlo en el nuevo mecanismo de control del conflicto social. De esta manera, las acciones de la tecnocracia gubernamental favorecieron la expansión del capital sin que las instituciones estatales pudieran regularlo de algún modo.

Sin embargo, la supuesta universalización de la democracia liberal y de mercado no ha generado, como ahora lo reconoce el analista estadounidense Francis Fukuyama, un desarrollo social que, muy a su pesar, ha sido desplazado por la búsqueda de los valores, pero no los relacionados con la ética, sino con los que se concretan a través del intercambio mercantil. De este modo, las instituciones -que fundan un orden social bajo normas y valores entre los integrantes de una sociedad en un contexto de globalización económica- han sido debilitadas. Y, por tal motivo, las instituciones tienen problemas para regular conductas. Sobre todo, cuando en el mundo de hoy proliferan mercados, comunidades e individuos.

La globalización produce también contradicciones o paradojas, por ejemplo, el Estado regulador de los intereses particulares en favor del interés general de la sociedad ha dado paso a un Estado que socializa los costos, o lo que es lo mismo, los asume como propios, cuando, en realidad la crisis ha sido creada por una especulación global que no acepta la racionalidad estatal ni social sino solamente la que se desprende del mercado. Por otro lado, la baja capacidad regulatoria del Estado, para algunos, simplemente es definida como pérdida de soberanía. Al mismo tiempo, en el interior de un territorionación han surgido confrontaciones entre los poderes regionales y el poder central, agravados por la influencia de las mafias criminales o de los intereses económicos de las transnacionales.

La globalización económica, sinónimo de no regulaciones de cualquier tipo, no ha terminado con los problemas de desigualdad social y de fragmentación que, ante la debilidad de las instituciones estatales, ha permitido la multiplicación de las mediaciones sociales que han organizado, como grupos de interés, la gestión de proyectos de desarrollo social tanto en el plano regional o comunitario, o, con ayuda de la Internet, la protesta social en contra de las instituciones financieras o comerciales que apoyan la globalización económica.

Entonces, la modernidad globalizada es la expansión de la mercantilización en diferentes aspectos de la vida social, la colonización del mundo de vida -de acuerdo con el sociólogo alemán Jürgen Habermas- que termina por colocar, como articulador de la misma, la libertad de mercado; mientras, la representación partidista, sustentada en la democracia liberal, no ha podido, sobre todo en países como México, evitar los negocios privados con los bienes públicos o de hacer de estos últimos sus negocios privados. Es decir, "... unos robaron al Estado y los otros se robaron el Estado".

Finalmente, los sociólogos que apoyan la llamada tercera vía, el regreso de la socialdemocracia después del claroscuro de los gobiernos ultraliberales al poder de algunos países europeos, como el británico Anthony Giddens y el alemán Ulrich Beck, han terminado por creer y hasta justificar ideológicamente que la globalización económica ha transformado el riesgo en una oportunidad en las sociedades desarrolladas o de la tardía industrialización; sin embargo, se les olvida que son oportunidades todavía mediadas por una estructura social basada en la desigualdad de los ingresos

Miguel Angel Vite Pérez es maestro en Desarrollo Urbano por El Colegio de México.
Correo: miguelvite@yahoo.com

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