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La veta oculta de Manuel José Othón

Luis Ramón Bustos

Foto: Histroria Gráfica de México

Manuel José Othón, quizá nuestro poeta de más depurada técnica, pergeñó obra prosística de valía; mucha de ella se perdió en periódicos y revistas, sobre todo en los estados de la República. Poemas, artículos, crónicas, cuentos y novelas cortas quedaron sepultados en la montaña de papel del periodismo del siglo XIX. Pero mientras llegan investigadores que rescaten esa obra extraviada, habría que hacer repaso de las novelas cortas, cuentos y narraciones periodísticas editadas en libro.

La vida sosegada y contemplativa de San Luis Potosí determinó, en buena medida, su carácter y sus intereses literarios. En La idea del progreso y El estudiante dio a conocer sus primeros esbozos de prosa creativa. Desde entonces se vislumbra al futuro poeta y narrador, con su obsesión por la forma y la perfección.

Sus años de estudiante -ya sea en el Seminario Conciliar o en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí- los pasó más en la biblioteca estatal que en las aulas: allí abrevó en los clásicos griegos, latinos y españoles, y comenzó su larga relación con los narradores románticos. Los libros fueron su fuente principal de inspiración creativa.

Sin embargo, su trabajo como juez de primera instancia le hizo correr la legua; ese contacto con la dura realidad del porfiriato le condujo a un oposicionismo ético. Sustentándose en la filosofía cristiana, escribió cuentos y textos periodísticos que denunciaban la miseria e injusticia social de aquellos años. En esa vena social surgieron varias de sus prosas, en especial las de índole descriptivo. En ellas revela la angustia de campesinos y gente pobre del norte; pese a su origen acomodado y conservador, descubre el aspecto inhumano del régimen.

Esquemáticamente se podría clasificar su obra narrativa del siguiente modo: novelas rústicas, cuentos de espantos, relatos humorísticos, crónicas autobiográficas y narraciones descriptivas o de viaje. Las "novelas rústicas", que incluyen El montero Espinoza y El pastor Corydón, tienen un acento alegórico y hacen del paisaje el personaje central. Como en sus poemas, el influjo de la naturaleza adquiere características animistas. Quizá fueron esbozadas durante su juventud, cuando vivía en la hacienda familiar de Bernalejo. Inspiradas en las novelas pastoriles españolas en lo que a técnica y léxico se refiere, en lo temático están enraizadas en suelo mexicano. La redacción final de El pastor Corydón tuvo por marco Santa María del Río, pequeño poblado de San Luis Potosí donde residió varias temporadas. En las dos novelas cortas se percibe la alegría de vivir que le provocaba la proximidad de la naturaleza. Son éstas sus narraciones más reconocidas, sobre todo El pastor Corydón; no obstante, algunos de sus cuentos de espantos y sus relatos autobiográficos confirman su talento prosístico.

Encuentro pavoroso, Coro de brujas y El nahual sintetizan su interés en las leyendas de espantos. En ellos se manifiesta el contacto paradójico entre el hombre instruido y las creencias y mitos del pueblo; tal vez los escuchó en veladas pueblerinas o en las típicas tertulias de aquellos años. El México rural solía regodearse en esas historias orales que referían casos sobrenaturales. Con ánimo de captar el espíritu del mito, explora una vertiente más nacionalista, principalmente en El nahual. El aroma y el sentido mágico de las creencias populares afloran ahí con naturalidad, dejando un sabor de cuento de abuelos.

Su relato humorístico más logrado es Una fiesta casera. En éste describe la cotidianidad provinciana en un día de fiesta. Con mirada sarcástica, con piedad algo malévola, con ojo atento a los detalles chuscos, muestra un filón insospechado: soez, cruel y capaz de reírse de la estupidez humana. Raro ejemplo de humor sobrio.

Entre sus crónicas autobiográficas destacan Días de otoño, 27 de abril, Recuerdos del general Martínez y El padre Pagaza. Las tres primeras aluden a su niñez y juventud y en ellas hallamos al poeta nuevamente; casi en prosa poética escribió estas crónicas, iluminando pasajes oscuros de su pasado con el instrumento revelador de la metáfora. Perfilan sus primeras andanzas en prosa y, asimismo, son documento de sus pasos por San Luis Potosí El padre Pagaza, escrito a manera de ensayo, es una apología de Joaquín Arcadio Pagaza; este texto confirma que también fue asiduo lector de los poetas mexicanos de inclinación clásica.

Su trashumancia por el centro y norte del país se ve reflejada en narraciones descriptivas o de viaje. En ellas gana el prosista y pierde el poeta, pues la carga descriptiva y el uso del lenguaje se vuelven llanos y fluidos. Algunos de estos textos fueron publicados como artículos periodísticos; de ahí que tengan otra finalidad y procuren ser más directos. Mencionemos algunos de ellos: "El puente de Dios", "Sobre la sierra" y "La gruta de canoas". Si buscamos al narrador lo encontraremos en estas páginas: ameno, sutil, abandona sus obsesiones metafóricas y los ritmos propios del verso.

Su gusto por la música clásica se decantó en un cuento extraño y sugestivo: "Un nocturno de Chopin". Un dejo de poesía renovadora y la intención de verter en palabras la emoción musical dan como resultado un relato-ensayo que busca ahondar en el espíritu de la música del compositor polaco. Muy propio de la estética modernista (recordemos que Othón compartió intereses con los escritores de las revistas Azul y Moderna), es su cuento más comprometido con la búsqueda de metáforas nuevas y ritmos inusuales.

Sus narraciones acreditan a un creador puntilloso, con una finísima percepción del paisaje. Quizá como cronista logró mayores aciertos. Se puede conjeturar que, si se lo hubiera propuesto, habría sido un excelente cuentista. Algunos críticos han afirmado que Othón, junto con Federico Gamboa, son los verdaderos precursores de nuestra narrativa contemporánea. Tal vez exageren, pero esto avala su calidad.

Aquilatándolo con mesura, debemos reconocer que es un buen narrador, un regular cuentista y un magnífico cronista. Al igual que muchos de sus contemporáneos, fue en la crónica donde logró mayor aliento artístico. En sus narraciones es posible descubrir algunos trechos ocultos de su alma, detalles secretos de su vida que en la poesía jamás reveló. Una rica veta autobiográfica emerge de ellos; y una visión crítica y singular de las sombras y luces del porfiriato

Luis Ramón Bustos es ensayista y traductor. Especialista en narrativa del siglo XIX.

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