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El periodismo en los tiempos de Internet

Jorge Medina Viedas

La sociedad transformada

Foto: Mark Wemple/Newsweek

No hace mucho tiempo nos apasionaba hablar de la inminencia del fin del siglo. Lo hacíamos con curiosidadnatural pero también con ansiedad y nostalgia. Con nostalgia por las cosas -inconclusas- que íbamos a dejar atrás, pero al mismo tiempo nos inquietaba sabersi se verían cumplidas o frustradas las profecías que muchos hicieron a la luzde las expectativas del nuevo milenio. Ahora, sin grandes sobresaltos cabalísticos que recordar, pero rebosantes de novedades tecnológicas, políticas, culturales, estamos convirtiendo en pasado y en presente ese futuro que tanto sirvió a nuestras quimeras.

Ante nosotros tenemos, a saber: una era globalizadora donde los viejos modelos económicos y políticos son sustituidos por otros más modernos, en los cuales los promotores de la renovada ambición individualista metabolizan las estructuras de la "nueva economía". Sobre esa reciente armazón se ha ido edificando una sociedad distinta, más informada y contagiada de los valores democráticos, y donde las jóvenes generaciones han dado impulso al surgimiento de una cultura basada en la información visualizada o en las imágenes.

Manuel Castells afirma que este nuevo mundo que se formó al final del siglo, "se originó en la coincidencia histórica, hacia finales de los años 60 y mediados de los 70, de tres procesos independientes: la revolución de la tecnología de la información; la crisis económica delcapitalismo como del estatismo y sus reestructuraciones subsiguientes, y el florecimiento de movimientos sociales y culturales como el antiautoritarismo, la defensa de los derechos humanos, el feminismo y el ecologismo".(1)

Los acontecimientos cardinales como los detectados por el sociólogo catalán influyeron de manera decisiva en la mutación de las estructuras económicas y sociales, en la gestación de novedosas expresiones culturales, particularmente entre los jóvenes, y en el agotamiento de las ideologías revolucionarias que durante casi todo el siglo habían conformado una visión de la realidad. En ese sentido, los miembros de la generación del babyboom, los nacidos en la postguerra, compartieron una perspectiva más o menos común respecto de lo que había ocurrido en el mundo: el inesperado derrumbe de las economías socialistas, el surgimiento de una economía global apoyada en un asombroso salto tecnológico, todo lo cual arrastró con fuerza un conjunto de valores y paradigmas que en un momento dado se consideraron inmutables.

En esa ola de cambios, muchos de ellos impróvidos, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación y la revolución digital se constituyeron en invenciones galvanizadoras del cambio que ahora observamos de manera más clara. Y es que con ello se ha modificado "el contexto económico, los datos políticos, los parámetros ecológicos, los valores sociales, los patrones culturales y las actitudes individuales".(2)

Y la Internet, la red mundial que ha acortado las distancias temporales y geográficas y que ha hecho efectivo el mundo global es el corazón de esta mutación en curso. Como ha sostenido Raúl Trejo, la red "es la infraestructura en la cualse asienta, se reproduce y se extiende el ciberespacio, es decir, el espacio (o la colección de espacios) creados por la comunicación entre computadoras".(3)

Asimismo, la Internet es la evidencia más poderosa de que la transformación en curso tiene entre otros rasgos la sustitución creciente del trabajo físico por el trabajo mental. Las nuevas tecnologías que dieron lugar a la inserción de la Internet en todos los ámbitos de la vida social, el ya reconocido crecimiento exponencial de su aplicación con diversos fines en todo el mundo, revelan por qué esta transformación es comparable con la que dio lugar a la revolución industrial o la que originó la transición de las sociedades de cazadores-recolectores a las sociedades agrícolas.

Por la magnitud de su impacto en la vida social hay otros aspectos de la red que deben hacerse notar. Por ejemplo, el que se refiere al impulso que la Internet dio a la "nueva economía", y con ello a la rápida gestación de grandes fortunas a manos de un reducido y exclusivo grupo de personas. El proceso de conversión de la red en un gran centro donde todo se puede comercializar (no olvidemos que el portal que mayor tiempo promedio retiene a los cibernautas es E-By, la firma estadounidense que se dedica a subastar los más variados productos) y la potencia tecnológica de la Internet para ofrecer casi todas las opciones comunicacionales, permiten vislumbrar que quien controle su desarrollo tendrá mayores oportunidades de dominar el escenario mundial.

Ilustración: Newsweek

El escritor y periodista James Fallows destaca un rasgo que no puede soslayarse en el proceso de implantación en el mundo de la red: "A pesar de que la Internet es un reflejo de la globalidad en que estamos inmersos, su desarrollo, sus efectos y su importancia social, es diferente país por país. Pero hay que decir que el proceso histórico al que obedece el surgimiento de la economía de la Internet tuvo un singular despegue en los Estados Unidos y sólo hay versiones reducidas en Israel, Polonia, Taiwan, pero no en Europa".(4)

El sistema de Silicon Valley -sostiene Charles Ferguson, en esta reseña que de su libro sobre la historia de la Internet hizo Fallows- depende de un conjunto de hábitos, políticas gubernamentales e instituciones privadas que han evolucionado a lo largo del último siglo. La economía no ha sabido explicar los porqués de este fenómeno, o cómo el sistema podría ser imitado en algún otro lugar.

Ferguson alerta en su libro sobre los monopolios que posee la compañía Microsoft de Bill Gates. Uno está en sus sistemas operativos de Windows y el segundo es la "suite" Office (aplicaciones como Word para procesamiento de textos, Excel para hojas de cálculo, Powerpoint para diseño, Outlook para correo electrónico, etcétera) que le permite ganar enormes sumas de dinero. Al respecto dice el mismo Ferguson: "Más preocupante es el hecho de que las ganancias de ambos monopolios esenciales pueden ser, y han sido, usadas para financiar ataques encarnizados a los nuevos participantes innovadores... El estilo de Microsoft, además, rebaja los estándares éticos en una industria de antemano brutal, competitiva y despiadada". (Pero dice que todavía falta lo peor, subrayando un problema): "Que a largo plazo podría demostrar ser más importante que el eficiente y brutal monopolio de Microsoft como un monopolio ineficiente, decadente y politizado al estilo de General Motors, de AT&t ante el despojo, de IBM antes de 1993... los monopolios con clientes cautivos sucumben inevitablemente a las tentaciones de la holgazanería y la decadencia y, cuando lo hacen, imponen costos enormes a la economía".(5)

Los datos y las aseveraciones de Fallows y Ferguson permiten entender no sólo la fortaleza económica de las compañías de Internet, sino sirven también para entender que las crisis y los ataques que han sufrido marcas como Microsoft son parte de un proceso más complejo que el que se vende disfrazado de las fantasías y realidades del mundo virtual.

La Internet es, efectivamente, una enorme biblioteca, un medio tecnológicamente avanzado, un gran centro de información de todas las actividades humanas, pero es, ante todo, un negocio. Y los negocios se someten a las leyes del mercado, a sus caprichos, a sus fluctuaciones... y a sus injusticias.

Todo lo anterior hace relevante otro rasgo de la red: el entusiasmo que ha despertado en todos los sectores sociales y en todas las naciones, los niveles de crecimiento alcanzados por todas las instancias involucradas hacen menos evidentes las consecuencias negativas que producen en el desarrollo de las sociedades. En efecto, la asimetría que se ha manifestado en el desarrollo de la Internet de nación a nación y se corresponden con los niveles de crecimiento económico y cultural de cada una de ellas. Sin embargo, en lo particular la Internet podría "acelerar la desigualdad económica al interior de los países y en el mundo entero, conforme la gente y las pequeñas empresas que no se pueden permitir acceder a las computadoras sean dejadas atrás por quienes sí pueden hacerlo".(6)

Aunque sólo unos pocos se atrevían a pronosticar los enormes cambios que se podrían producir en varias de las actividades humanas, naciones o individuos que se subieran al tren de las nuevas tecnologías, como sucedió en otras épocas, no tenían por qué explicarse los porqués de las desigualdades ni estaban obligados a alertar sobre las consecuencias que vendrían a causa de esta nueva era.

En la región latinoamericana, por ejemplo, las diferencias se pueden detectar al identificar el número de hosts, es decir, los huéspedes que dan cabida a un número determinado de computadoras con acceso a la red. El primer lugar lo ocupa Brasil con 446 mil 444; México tiene el segundo lugar con 404 mil 873. Argentina el tercero con 142 mil 470, y los siguen Colombia con 40 mil 565, Chile con 40 mil 190, Uruguay con 25 mil 385, Venezuela con 14 mil 281, Perú con nueve mil 230, Costa Rica con siete mil 471 y República Dominicana con seis mil 754. Mientras tanto, en Japón, Inglaterra y Estados Unidos, los números de hosts son dos millones 636 mil 541, un millón 901 mil 812, y un millón 875 mil 663, respectivamente, sólo para citar a los tres más grandes del planeta.

Pero la asimetría más notable se expresa en el número de usuarios por regiones del mundo: de los 304.34 millones de usuarios de la Internet que se supone que existen, 136.86 se encuentran en Estados Unidos y Canadá; en Europa 83.35; en Asia-Pacífico 68.9; en los países del Este 1.90; en Africa 2.58, y en toda América Latina, 10.74 millones.

El número de usuarios de la red en México, como en otras partes, no es completamente fiable. Eduardo Adame Goddard, director de Tecnofin, estimó que el millón de usuarios que había en septiembre de 1999 pasaría al final de ese año a dos millones, pero los datos no están confirmados. Hay que decir que las tres empresas que acaparan prácticamente 95% de los usuarios en nuestro país -Prodigy, Infosel y Compuserve- habían concentrado 94% de las360 mil cuentas de acceso que había en México en septiembre de ese mismo año en el que Goddard hacía sus estimaciones. Si se considera que hay tres o cuatro cibernautas por cada cuenta, el crecimiento de 100% estimado por Goddard daría como resultado los dos millones calculados.

Añado otros datos que ayudan a tener una mejor perspectiva de la situación cuantitativa de Internet en México: 40% de las casi cinco millones de computadoras registradas por los sectores público y privado han sido adquiridas en los últimos tres años. El porcentaje de crecimiento del número de hosts en México es de 259% en los últimos seis meses, el más alto de América Latina. Y un dato más confiable es el número de dominios que hay en el país: al 17 de mayo había un total de 42 mil 749 dominios, según el Network Information Center (NIC).(7)

El periodismo y la Internet

Con todo lo anterior, no se puede poner en duda la influencia de la Internet en los medios de comunicación tradicionales, en el periodismo y en el propio ejercicio de la profesión. En cualquier caso, el fenómeno de la Internet está cambiando el universo de los medios de comunicación, ha afectado el mercado de los diarios y de los otros canales emisores y puede que también esté cambiando el contenido del periodismo. Partamos de un ejemplo sencillo: en 1995 el New York Times enviaba a la red tan sólo ocho páginas de su periódico. Obligado por el surgimiento de una cantidad enorme de páginas Web y de sitios que proporcionan información en tiempo real, en la actualidad, el periódico electrónico del famoso diario estadounidense proporciona audio, video, información nacional, internacional, en cantidades superiores a las que ofrece en el diario impreso, sin costo alguno.

Bill Gates
Foto: Joe Marquette/Time

El fenómeno del diario neoyorquino está ocurriendo con los diarios y los noticiarios de radio y televisión de México. El número de periódicos y revistas que cuenta en el país con una página Web es de 240. Y aquí lo importante es saber hasta dónde esta estadística está sustanciada por el cambio de hábitos de los usuarios de los medios tradicionales, o esta oferta se corresponde con la demanda de información por un nuevo medio.

Ya decíamos que más de 300 millones de personas acceden a la red mundial de Internet. Desde cualquier punto de vista es un mercado atractivo que estimula la imaginación de cualquier empresa de comunicación. En un gran número de los sitios se han colocado páginas y páginas de información que otros medios también transmitirán. Es decir, la red es un medio utilizado para difundir noticias con intenciones de competencia, pero también es un instrumento de apoyo para los diarios y los medios electrónicos a quienes puede proporcionar texto, voz e imagen.

Al principio, la prensa en Internet era una repetición o una síntesis de las ediciones impresas. En la actualidad las cosas han cambiado. Sitios como Slate, Salon, MSN, El sitio, Yahoo, T1MSN, Terra, El Foco y sus versiones mexicanas, y las páginas locales como Infosel, Yupie, Consucor y muchos otras, han obligado a los diarios a mejorar sus propios sitios. Es más, la página electrónica de un diario ya puede competir con su propia edición del día siguiente y no se diga con los rotativas rivales. En otras palabras, los diarios han encontrado en sus páginas electrónicas una forma de homologarse con la radio y la televisión (y con otras páginas en la red) en la disputa por la oportunidad de la noticia, y se han expandido en búsqueda de un mercado de lectores con características diferentes al tradicional.

Esto ha convertido a la Internet en un medio al que hay que recurrir para encontrar información rápida, fácil y en ocasiones exclusiva. Tiene que recordarse que uno de los escándalos en los que se vio involucrado el presidente Clinton, su relación con la joven interna de la Casa Blanca, Monica Lewinsky, fue transmitido por el conocido columnista Matt Drudge a través de su página de Internet. La revista Bussines Week tenía la información y por ética periodística no la había querido publicar, pero Drudge en la red no tuvo ningún reparo en cuestiones morales. De ese mismo affaire clintoniano fue la colocación en una página de Internet de las revelaciones del fiscal Starr sobre las relaciones de Clinton con la interna. El impacto le dio otra dimensión a la Internet: "A las dos de la tarde del 11 de noviembre de 1998, el recuento pletórico de los hallazgos del fiscal especial en el caso contra el Presidente de Estados Unidos llegó a la Red. Tan sólo en America Online, los usuarios abarcaron diez millones de horas. Esa tarde, los sitios más importantes del gobierno de Estados Unidos reportaron un incremento en su tráfico de 95%. En los dos días siguientes a la publicación del reporte de Starr, más de 24 millones de visitantes recorrieron la Internet, y aproximadamente seis millones de ellos revisaron el reporte".(8)

Muchos otros sucesos hicieron que la percepción que se tenía de la Internet por parte de los dueños de los medios o por muchos periodistas cambiara. Los mismos propietarios de varios periódicos estadounidenses empezaron a preocuparse cuando sus periodistas estrellas les presentaron sus dimisiones avisándoles que se iban a formar parte de un sitio en Internet. De repente, los salarios se elevaron, y muchos periodistas acudieron al canto de las sirenas.

Pero, ¿esto va a hacer que mueran los diarios? Van a pasar muchas cosas pero no eso. Ya están sucediendo, como cuando nacieron el cine, la radio, la televisión, los diarios, etcétera, y nadie destruyó a nadie. Están ocurriendo grandes cosas como las alteraciones a la naturaleza del empleo de periodista, o el cambio de las normas o técnicas que deben asumir los periodistas, o la conducta de las empresas tradicionales que tiene que actualizarse y ponerse al día en el uso eficaz de las nuevas herramientas de la comunicación que involucra la red de telecomunicaciones y la tecnología digital.

El uso de una nueva tecnología inevitablemente trae otros problemas y se deben resolver sobre la marcha. Ed Fohuy en la American Journalism Review hace una larga pero esclarecedora descripción de cómo la Internet afecta o puede afectar las normas que regulan el ejercicio profesional de los periodistas. Fohuy narra que: "Cada avance en las tecnologías que llevan noticias a los estadounidenses tiene importantes consecuencias que en algunos casos pasan desapercibidas. Un ejemplo temprano es el telégrafo, que obligó a los periodistas a escribir de manera más concentrada por el hecho de que Western Union cobraba por palabra. Primero el periódico, y después la radio y la televisión (a pesar de todos su defectos), han ayudado al país reuniendo a audiencias masivas en tiempos de crisis. Ha habido tres en la era moderna: la lucha por los derechos civiles, la guerra de Vietnam y el escándalo Watergate. En estos tres casos el país ha hecho un gran esfuerzo por llegar a un acuerdo. Hizo falta un gran esfuerzo y fue un proceso doloroso, pero cuando la opinión pública se puso de acuerdo, los legisladores hicieron lo correcto. Nos sacaron de Vietnam, crearon una mejor vida para los negros y sacaron a Nixon de la Casa Blanca. Pero hasta ahora nunca hemos visto algo parecido al poder de la red. Pensemos en una posible influencia: un Vietnam futuro. La red nos podría dar toda la información que podríamos absorber sobre nuestros enemigos y sobre nosotros mismos. Por ejemplo, el sitio llamado Kosovo Target construido por la Federación de Científicos Estadounidenses (FAS.org) incluyendo un catálogo ilustrado en tercera dimensión de las armas que la OTAN tiene contra los serbios. Cada bomba, avión y misil es descrito con increíble detalle. Una guerra más larga con un impacto estratégico sobre Estados Unidos seguramente podría inspirar a los astutos diseñadores de los sitios de la FAS y sus colegas en CNN, y otras organizaciones informativas a crear paquetes aún más sofisticados. Pero, ¿toda esta información nos ayudará a llegar a un consenso? ¿O sería tanta la información que no tendríamos tiempo de tomarla en cuenta y considerar las consecuencias de una decisión específica?".(9)

Los problemas que traen las nuevas tecnologías y la Internet "están alterando radicalmente la manera tradicional de trabajar de los medios impresos o electrónicos. En realidad ellos introducen el concepto de `nuevo periodismo` con la multimedia, los multicanales y el ambiente satelital y ofrecen la posibilidad de desarrollar noticias interactivas y servicios de negocios durante las 24 horas en tiempo real. Gracias al desarrollo tecnológico la información puede ser diseminada alrededor del mundo rápida y fácilmente. Estos servicios permiten el impulso de la economía, el incremento del empleo, y mejoran los niveles de pluralismo. Por otra parte, ellos también alteran las condiciones de empleo al hacerlo menos seguro y por favorecer el uso cada vez mayor de freelancers, quienes como comunidad son el sector del periodismo que ha crecido más rápido".(10)

El problema es que muchos de estos freelancers no están identificados como periodistas, no lo han sido, ni tampoco tienen la formación ni los antecedentes de haber hecho en algún medio la carrera de reportero o redactor. Dadas las características de las páginas de Internet, que reclaman una alta dosis de entretenimiento, estos nuevos periodistas suelen confundir el periodismo con la promoción, el mercadeo o la propaganda de un producto, y es ahí donde el periodismo pierde su mejor parte.

A esto habrá que sumar el gran número de periodistas de renombre, particularmente en Estados Unidos, que están trasladando sus escritorios a las empresas de Internet. Están firmando contratos millonarios por prestar sus servicios en páginas famosas como las antes mencionadas. Aquí puede ganar el periodismo electrónico, pero pueden perder los medios que se desangren.

Aunque pocos, ya son varios los periodistas mexicanos que dejaron su trabajo en un medio tradicional y ahora experimentan como responsables de páginas Web o tienen su propio sitio. Aunque lento, el negocio va creciendo y las mutaciones que se viven en otros países, en México terminarán por llegar.

El asunto estriba justamente en que las nuevas tecnologías deben ser adoptadas para que el medio progrese, sin que se pongan en crisis los sistemas de escribir las noticias. Dice John Lamani que en las nuevas circunstancias debe ser conservado el periodismo básico, que no es otro que el viejo periodismo basado en buenas historias. Esa es la clave. El buen periodismo aparece en todo momento como la respuesta a toda nueva situación que se relacione con el oficio.

Foto: Newsweek

Visto de otra manera, se puede pensar que el periodismo tiene demasiados problemas y la Internet no tiene por qué ser otro más. Por el contrario, el periodismo debe aprovechar las ventajas que le ofrece una herramienta con la cual no se contaba antes para informar mejor, con mayor información disponible y a la mano. "Internet puede ser utilizada como una manera de llevar noticias a regiones remotas y conseguir noticias de la comunidad global".(11) Se deben, pues, aprovechar esas ventajas: emparejar la competencia entre los medios cuyo rasgo es la inmediatez y la oportunidad con el periodismo escrito.

El problema más grave y de más difícil solución que enfrenta el periodismo es la carga de lucro y los afanes de ganancia que han caracterizado desde un principio el negocio de la Internet. Para los medios es cada vez más importante que las audiencias pongan atención a lo que difunde, puesto que los volúmenes de éstas le dan valor comercial al producto que se transmite. Se dice que "en la tv uno sintoniza un espectáculo y recibe mensajes sobre un producto. En la red, uno busca un producto y obtiene un espectáculo".(12) De esa manera, la industria de los medios se convierte en una amenaza para el periodismo y no me cansaré de decir que el mercado, cuando se exacerba, también lo es.

Esto tiene que entenderse bien, dice Jay Rosen, porque el periodismo no es un negocio, "aunque puede estar alojado en uno. El periodismo es mejor entendido como una de las artes de la democracia, pero esta arte se ve cada vez más amenazado por los medios".(13)

Es entonces cuando uno cae en cuenta de que el arribo de Internet a nuestras vidas, su intrusión en el periodismo en realidad sólo nos hace ver más claros los problemas de éste. La red es un medio como cualquier otro y el periodismo, como tal, tiene su propia dinámica y sus propios problemas. No son antagónicos ni excluyentes pero, como dice el propio Rosen: "En la red, cada lector también es un escritor, cada consumidor un productor potencial. Todos los que ahí se encuentran están al alcance potencial de cualquier otro que también esté ahí. Estas son condiciones nuevas para los periodistas, quienes sobresalen entre el desencanto que a menudo rodea a las pláticas sobre la red".(14)

Lo importante, pues, es recordar todos los días qué es el periodismo, para qué sirve y también es necesario saber responder a la pregunta de qué representan los periodistas si uno lo es. Si tenemos presentes nuestros deberes morales, si sabemos actuar en nuestra profesión ejerciendo con honestidad y responsabilidad la libertad de expresión, y si tenemos para nosotros que los asuntos públicos deben ser objeto de un buen trabajo periodístico, los medios como la Internet no podrán transmitir (sin riesgo de una condena social) los fuegos artificiales del escándalo y la pornografía.

Pero también es cierto que la Internet ha abierto una discusión que cruza todos los ámbitos de los medios de comunicación. Y como es una discusión que seguirá por otro tramo, sólo quiero dejar constancia de lo que apenas comienza: la catástrofe ecológica del mundo. Voy a citar un dato a la mano: "La producción de un libro de 500 páginas, con una tirada de diez mil ejemplares, requiere casi veinte toneladas de papel, el equivalente de 300 árboles".(15) ¿Es la Internet un medio alternativo cuando la desertificación del mundo es una verdadera amenaza para nuestros hijos, para las futuras generaciones?

 

Notas

1 Manuel Castells, La era de la información, España, Alianza Editorial, 1998, pp.369-370.

2 Ignacio Ramonet, El Financiero, 14 de mayo, 2000.

3 Raúl Trejo Delarbre, Desafíos y divergencias de la sociedad de la información en América Latina (con referencia a la situación de México); ponencia para el seminario Sociedad de la Información en el Mercosur y América Latina, Buenos Aires, septiembre de 1999. Con buena prosa, Trejo dice más: "A la red de redes se le puede comparar, por su extensión, con un insondable océano; por su diversidad, con un caleidoscopio; por su contenido y capacidad, con una enorme biblioteca, la más grande del mundo... En la Internet podemos encontrar algunas de las más autorizadas discusiones acerca de los clásicos griegos, o acerca de los avances genéticos y podemos enterarnos al instante de lo que sucede en los espacios de deliberación pública más diversos, de la misma forma que es posible encontrar intolerancia, pornografía y engaños. Igual que Borges azorado en El Aleph, en la Internet podemos maravillarnos de la sabiduría de nuestro semejantes, así como sobrecogernos y condolernos ante las miserias de la condición humana". Ese documento puede encontrarse en: www.recyt.org.ar/Delarbre.htm

4 La concentración de riqueza a causa del desarrollo de la Internet, por toda una serie de implicaciones sociales, lo documenta el estadounidense James Fallows. En el periodo de 1995 a la fecha se amasan la mayoría de esas grandes fortunas de la Internet. Estas incluyen los bienes de Jeff Bezos, creador de Amazon.com (siete mil 800 millones de dólares); Davil Filo y Jerry Yang, de Yahoo (tres mil 700 millones cada uno); Jay Walker, de Priceline.com (cuatro mil 100 millones); Pierre Omidyar y Margaret Whitman, de eBay (cuatro mil 900 millones y 960 millones de dólares, respectivamente); Joe Ricketts, de Ameritrade (dos mil 400 millones); Robert Glaser, de Real Networks (dos mil 400 millones); Steve Case, Barry Schuler, Robert Pittman y Ted Leonsis, de America Online (mil 500 millones, 750 millones, 725 millones y 675 millones, respectivamente). John Doerr y Vinod Khosla, dos de los más influyentes empresarios capitalistas de Silicon Valley, poseen valores por mil millones cada uno. James Fallows, "Babes of billion dollar`s", en The New York Review, núm. 20, 16 diciembre, 1999.

5 James Fallows, op cit. A finales de abril de este año, el Departamento de Justicia de Estados Unidos y 19 estados de la Unión pidieron a un juez federal que dividiera al gigante computacional de Bill Gates para acabar con el supuesto monopolio de Microsoft. Según el plan del gobierno de Estados Unidos, la primera empresa desarrollaría Windows 98, Windows 2000, Windows CE. La segunda, las aplicaciones como Office 2000, el navegador Explorer, el Microsoft Network y otros productos computacionales. Gates contestó que la decisión era como decirle a McDonalds que sólo puede vender hamburguesas y no papas fritas.

6 James Fallows, íbidem. Raúl Trejo confirma lo dicho por el periodista estadounidense: "... el hecho de que en todo el mundo haya acceso a Internet no significa que todas las personas se beneficien de este recurso de información. La red de redes, en muchos sentidos, es un espejo de la humanidad. También lo es al reproducir la desigualdad que escinde a las sociedades en todo el planeta". Trejo, op cit.

7 Los datos anteriores fueron tomados (y actualizados) de la página de Internet de NIC México (Net Information Center, www.nic.mx/esta/survey.html) y ponderados con los criterios de Raúl Trejo Delarbre en el material mencionado.

8 Michael J. Wolf, The Entertainment Economy, How Mega-media forces are transforming our lives, Times T. Books, Random House, p.193.

9 Ed Fohuy, "Wich way will it go?", en American Journalism Review, 16 de mayo, 2000

10 Alain Modoux, "The impact of technology on media ethics and freedom of the press", en WebWorld, Communication Information Informatic, www.unesco.org/webworld/point of views/modoux1.html

11 John Lamani, citado por Erin Phelan, "The Internet and the future of newspapers", en WebWorld, Communication Information Informatic, domicilio electrónico citado.

12 Michael J. Wolf, op, cit. p.197. Wolf es especialmente enfático al señalar que "cuando las empresas enfocadas a consumidores incursionan en la Internet, deben inevitablemente convertirse en compañías de entretenimiento". Y añade: "De modo que cuando una compañía decide arriesgarse a tomar posición en la red, también debe convertirse en una compañía de entretenimiento", p. 196.

13 Jay Rosen, What are journalists for?, Yale University Press, 1999, p. 286.

14 Jay Rosen, op cit, p. 294.

15 José B. Terceiro, Sociedad digital, España, Alianza Editorial, 1999, pp.161 a 164.

 

Jorge Medina Viedas es director de Notimex. Autor del libro Los medios en la política, Cal y arena, 2000.

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