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textos Perredismo en crisis
Carlos Maldonado V.
Los resultados de la elección pasada fueron la gota que derramó el vaso en el PRD. A las deficiencias, atrasos y prácticas criticables de ayer (faccionalismos internos, reflejos antidemocráticos y caciquiles, discurso nacionalista envejecido) no sólo hoy se agregan más problemas (la derrota electoral a nivel nacional y el estrecho triunfo en el DF) sino que se asoman otros nuevos (la relación con el gobierno de Fox y la identidad misma del PRD). La tarea de reforma habrá de ser tan colosal como rápida si el partido pretende sobrevivir y volverse una fuerza política con aspiraciones de gobierno a nivel nacional. La confusión, el enojo, incluso el estupor ante la derrota, se vieron claros en la reunión del Consejo Nacional del PRD, lo cual en nada facilitó una respuesta nítida y ordenada a la crisis. La controversia giró en torno a las recriminaciones mutuas entre el equipo de campaña de Cuauhtémoc Cárdenas y la dirigencia del partido, así como los dimes y diretes en cuanto a la renuncia o no del Comité Ejecutivo Nacional del partido y de la presidenta Amalia García. Esas cuestiones no se dirimieron y falta todavía definir lo más importante: las relaciones con el nuevo gobierno; los temas de la agenda nacional y los espacios de colaboración con otras fuerzas políticas. Al final, Amalia se quedó en su puesto tras un dividido voto de confianza, pero bajo la tutela de un Consejo Político Consultivo con voz para criticar y proponer nuevos rumbos y soluciones. El próximo congreso será en marzo de 2001. Lo esencial y lo urgente se dejó para después (las elecciones en Tabasco y Chiapas, la agenda legislativa, la relación con el nuevo gobierno, con la sociedad y con otras fuerzas políticas, etcétera) sin que las pugnas internas desembocaran en una tregua que fortalezca al partido en los meses siguientes. Las críticas estuvieron presentes en los principales oradores, aunque casi siempre apuntando a algún enemigo interno. Cada uno criticó el faccionalismo interno como si se tratara de un fenómeno lejano y ajeno a ellos. Algunos hicieron un diagnóstico severo (Rosa Albina Garavito, Imanol Ordorika, Pablo Gómez, Carlos Imaz) en torno al poco entusiasmo que el partido despertó en los jóvenes, en las zonas menos atrasadas del país y entre amplios sectores sociales, así como la pasividad del perredismo ante signos de alarma que aparecieron hace mucho tiempo. Muy pocos hicieron propuestas claras o reflexiones sobre la identidad del PRD. Nadie tuvo la osadía de criticar directamente a Cuauhtémoc Cárdenas o siquiera preguntar sobre su papel dentro del partido. Una vez más, el candidato derrotado es un factor unificador y mediador entre las corrientes peleadas del partido. Y, en efecto, se vislumbró una clara rivalidad entre Rosario Robles y Amalia García quienes, a pesar de sus declaraciones de amistad y compañerismo mutuo, no pudieron opacar el hecho de que quienes quieren a la segunda fuera de la dirección del partido aspiran entregársela a la primera. Hay confusión y pesimismo en el PRD. El DF se ganó por poco margen. Con excepción de un puñado de estados, allí donde era primera o segunda fuerza política, quedó en un mediocre tercer lugar. Menos votos, menos diputados, menos senadores, menos presupuesto... Por si fuera poco, la identidad misma del partido está en crisis, pues hasta ahora se había definido como la oposición a un régimen autoritario "priista". Su segundo referente era la lucha contra el neoliberalismo al que ha satanizado. Ambos elementos aparecían en el discurso perredista como indisociables: los dos eran sinónimo de exclusión, autoritarismo, injusticia y marginación. De ahí que el PRD no haya sido un interlocutor político que recurra a argumentos económicos o de políticas públicas, sino más bien a principios absolutos, pero hoy ante el electorado esos argumentos de naturaleza casi ética han mostrado ser poco creíbles y atractivos. El mesianismo perredista siempre ha sido un lastre con negativos efectos electorales. Hasta ahora, el PRD se ha anunciado como la única oposición verdadera, nacionalista, justiciera y social, cuya misión y destino era desbancar al PRI y desenmascarar al PAN como oposición de papel. Los principios del PRD necesitan "cómos" más concretos. Una de las críticas más duras que se hizo el PRD en esa reunión fue la pérdida de apoyo entre la juventud y en otros sectores sociales que en esta elección buscaron una opción de cambio que el partido no supo ofrecer. Para ello, se apuntó la necesidad de que el perredismo deje de volcarse en las pugnas internas y se ubique como un proyecto y no una plegaria lejana y mesiánica Carlos Maldonado Valera es egresado de la licenciatura en Relaciones Internacionales de El Colegio de México. |
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