etcétera el país el mundo dinero columnas
águila y sol gente medios ciberia
ensayos tianguis libros cultura
espectáculos etcétera
columnas

por los caminos de sancho
Elba Esther Gordillo
Renward García Medrano

nostalgia
Conjurar demonios
Julián Andrade Jardí

bahías
Jóvenes
Rafael Cordera Campos

textos
Fox y los sindicatos
Claudio Jones

textos
Espejo e imagen
Gastón García Miranda

textos
Estado acorralado
Miguel Angel Vite Pérez

máquina de luz
Clepsidra
Jorge Claro León

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

barandal

...Y seremos más
La población mexicana en el futuro

Ciro Murayama

Para Natalia, que ya es abogada

"La esperanza de vida seguirá en aumento"
Foto: Jerónimo Arteaga

El demógrafo José Gómez de León, fallecido hace apenas un par de meses, es autor del capítulo "Retos y oportunidades demográficas del futuro de la población" en el libro México 2030, coordinado por Julio A. Millán y Antonio Alonso Concheiro y que, bajo el sello del Fondo de Cultura Económica, ahora circula en librerías.

El trabajo de Gómez de León es un ejercicio de prospectiva que se basa tanto en la observación del pasado como en criterios científicos de proyección en el tiempo, a partir de lo que nos dibuja un factible escenario de la dinámica demográfica a lo largo de las siguientes cinco décadas en México.

La demografía, dentro de las ciencias sociales, combina venturosamente elementos que sobran o escasean en otras disciplinas: datos duros, objetivos, a partir de los cuales es difícil "tirar al monte" (como ocurre con frecuencia, por ejemplo, en la sociología) y como su objeto de estudio es la población de forma natural concentra su atención en la gente sin plantear escapatorias de otro tipo (como pasa también en no contadas ocasiones en la economía, donde el bienestar, siendo el eje de la reflexión de esta disciplina, llega a quedar supeditado, para los malos economistas, a otros objetivos supremos). Desde esa combinación virtuosa de la demografía, Gómez de León nos ilustra sobre los retos y las oportunidades que los cambios en nuestra estructura demográfica nos plantearán en un futuro no lejano.

Para empezar, hace 50 años en promedio cada mujer tenía 6.6 hijos, cuatro en 1985 y en la actualidad la media es de 2.4. Esto es, hemos llegado al punto donde los nacimientos alcanzan sólo para el reemplazo demográfico, y los cálculos indican que para el 2030, el número de hijos por mujer será de 1.68.

Junto con estos patrones en la fecundidad, que son los que mayor peso tienen sobre las hipótesis a partir de las cuales se trazan las proyecciones demográficas, se tiene que la esperanza de vida seguirá en aumento. En 1950, un mexicano gozaba de una esperanza de vida de 48 años y una mexicana de 51 años; en la actualidad es de 73 años para los varones y de 77.5 para las mujeres (un incremento de 23 y 26.5 años en medio siglo), mientras que en 2050 será de 82 años para los hombres y de 85.5 para las mujeres. Este fenómeno implicará que una persona en 2050 demandará en atención, consumo y servicios, 72% más que lo que exigía una persona nacida un siglo antes.

La otra variable importante para analizar y predecir tendencias demográficas es la migración internacional. Si bien en nuestro país emigran 300 mil personas al año, se espera que los flujos poblacionales al exterior comiencen a reducirse dentro de una década y que en 2030 el peso de la migración sea igual a cero dada la integración con Estados Unidos.

Esta mezcla de elementos recién referida nos indica que en México tendremos una transición demográfica tardía pero intensa: que el fenómeno de envejecimiento de la población se registre a partir del año 2030, tardando 40 años en ocurrir a partir de que se frenan las tasas de natalidad, cuando en países como Suiza, Suecia y Japón llevó 80 años.

La reducción de la fecundidad y la prolongación de la esperanza de vida operarán sobre nuestra pirámide demográfica estrechando la base. Y se espera que hacia 2044 se estabilice el crecimiento poblacional -las mujeres hasta entonces tendrán menos hijos que en el pasado pero el grupo de mujeres en edad reproductiva, de los 15 a los 49 años, es muy amplio-, al llegar a los 132 millones de habitantes en el país, y, a partir de entonces, habrá crecimientos negativos, es decir, seremos menos.

Por grupos de edad, lo que se tendrá es una reducción de las personas de entre cero y cinco años; en 1950 había 5.4 millones de niños en esas edades y en 1990 eran 13.6 millones, pero desde entonces este grupo se va reduciendo, lo cual no tenía precedente en México porque jamás algún grupo poblacional había disminuido en términos absolutos. Este fenómeno implica que se podrá mejorar la atención a los niños (en la familia, en campañas de salud, etcétera) y habrá oportunidad para incrementar la tasa femenina de participación en la población económicamente activa.

Por otra parte, el grupo que va de los seis a los 14 años de edad, que ahora es de 20 millones de personas, ha llegado a su límite y desde este año comenzará a decrecer hasta llegar a ser de 12 millones en 2050. Esto quiere decir que hoy nos encontramos en el tope de la demanda de educación básica y que nunca llegará a ser mayor, por lo cual se abre la oportunidad de mejorar cualitativamente la educación en primaria y secundaria.

El grupo en edad de trabajar, de los 15 a los 64 años de edad, dejará de tener incrementos veloces a partir de 2007 (sus crestas de crecimiento en el pasado han coincidido, de forma desafortunada, con las crisis económicas de inicios de los 80 y mediados de los 90) y en 2030 serán 87.8 millones. Esto plantea una oportunidad que merece ser aprovechada: disminuirá, particularmente entre 2010 y 2030, el índice de dependencia demográfica como nunca antes en nuestra historia. Pero, a la vez, habrá una oferta de trabajo creciente que presionará sobre el mercado laboral y una demanda de educación media y superior en ascenso.

Finalmente, el grupo de 65 o más años de edad pasará de ser de 5% en la actualidad a 25% en 2050, lo cual genera el reto de incrementar el ahorro interno para costear jubilaciones dignas y afrontar los costos de la medicina para personas en edad avanzada, y como todos los que ahora leemos esto, estaremos en ese contingente, no haríamos mal en preocuparnos por esa materia desde ahora.

En suma, entre 2010 y 2030 habremos de explotar las oportunidades que el cambio demográfico ha generado o, de lo contrario, los retos nos quedarán grandes. Eso es lo que, con toda oportunidad, nos alertó José Gómez de León

Ciro Murayama es economista por la UNAM. Realizó estudios de postgrado en la Universidad Autónoma de Madrid.

principal | correo | publicidad | búsqueda | suscripciones | anteriores