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No. El país no es un negocio personal
Volga Cecilia del Riego S.
Vicente Fox no deja de sorprendernos, y no lo digo como elogio sino como una expresión de pasmo por los alcances inauditos de este iluminado metido a político y empeñado en hacer de la política mexicana ese "mundo feliz" que, por culpa de los políticos, los ciudadanos no hemos logrado conocer. Como si fuera una nueva empresa que él mismo está por inaugurar, Vicente Fox ha abierto ahora una feria del empleo para formar su gabinete; a los aspirantes demanda como requisitos de ingreso: amor a México, honestidad, capacidad, responsabilidad y resultados, o parafraseando al propio Fox, "honestidad, trabajar un chingo, ser poco pendejo". Quien habrá de gobernarnos durante los próximos años sigue pensando que el país es un negocio personal y que sólo demanda de un empresario como él para administrarlo bien. No dudo que en toda actividad deban establecerse controles de calidad y parámetros de eficiencia al modo de las empresas más productivas del mundo; pero la política no debe catalogarse como una más de las ramas de la actividad productiva; ni la función pública como un nicho para el desarrollo y expansión de los negocios; ni los ciudadanos simplemente como el mercado a satisfacer. Quizá resulte atractiva esta nueva forma como el futuro Presidente de México propone que se desarrolle el ejercicio de la política, y quizá a muy pocos disgusten las exigencias de calidad total, eficiencia y eficacia para el desempeño de un cargo público. Como discurso suena bien; pero para la real politik suena a vacilada. ¿Será suficiente con ser honesto, trabajar un chingo, ser poco pendejo y tener un alto amor por México para que la función pública pueda ser satisfecha en todas sus amplias, impredecibles, inopinadas, variadas, insospechadas vertientes en las que suelen expresarse las sociedades y las necesidades que a cada paso plantea? Me parece que no y me atrevo a afirmar que serían éstos requisitos genéricos, no sólo para cumplir más o menos bien la función pública, sino cualquier otra actividad que un particular eligiera como su principal función en la vida. Abrir el gabinete a la mentalidad fresca -no contaminada políticamente- de los empresarios y hacer de la política una nueva rama empresarial es una idea novedosa a la que no pocos ciudadanos le otorgan el beneficio de la duda respecto de sus resultados. Quizá muchos estén de acuerdo con tirar a la basura el molde tradicional del político dedicado a la función pública y crear al hombre nuevo, al político empresarial o al empresario político, que construya en México el mundo feliz donde todo es posible, hasta la erradicación definitiva de los males y los problemas sociales, e incluso su prevención, con sólo apretar un botón. En el fondo de todo este pretendido afán democratizador y pluralista para formar su gabinete se esconde la certeza de Vicente Fox de que es imposible cumplir todo lo que ofreció en campaña. Sabe que cuando lleguen las protestas por el incumplimiento de sus propuestas, podrá responder que no fue Fox sino "los distintos órganos de la sociedad", quienes no supieron seleccionar a los mejores. Si Fox verdaderamente quiere conformar un gabinete plural y de consenso con "los mejores hombres y mujeres de México". ¿Por qué no dejarle la tarea a los diputados y los senadores que son, por definición constitucional, los representantes del pueblo y de sus intereses? ¿Por qué no solicitar al Congreso las propuestas para integrar el gabinete, o bien someter a su consideración los nombramientos? Fox inauguraría una nueva etapa en la vida institucional de México, cumpliría a la vez su promesa de tener un gabinete plural, lo haría de manera verdaderamente democrática y contribuiría al fortalecimiento del Poder Legislativo en una de las funciones que le es propia: la de control. De no hacerlo así, el ejercicio no será sino una burla a los millones que cifraron sus esperanzas en la palabra "cambio". A ver cuánto le dura el gusto a quien pretende ser el gerente de México, en lugar del Presidente que la mayoría de los mexicanos eligieron para ser gobernados, y a ver cuánto nos dura el susto después Volga Cecilia del Riego es asesora del grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados. |
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