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bahías Reconciliación
Rafael Cordera Campos
En solidaridad con la familia
Pasó el 2 de julio, la ciudadanía acudió a las urnas, los votos se contaron, los triunfos se anunciaron a tiempo, las autoridades cumplieron con su cometido, los adversarios reconocieron los resultados al igual que el presidente Zedillo y muchas cosas más. Los resultados están a la vista pero el principal, a cargo de la ciudadanía, hay que reconocerlo en todas sus implicaciones. Tal vez, quienes deberían hacer un primer análisis de la participación que se presentó el domingo 2 sean precisamente los partidos políticos. Estos no pueden evitar el reconocimiento de una participación abundante del ciudadano común ni mucho menos el sentido que dio a su voto. En pocas palabras, deben reconocer puntualmente el mandato de la ciudadanía. A la hora que los estudiosos del caso nos presenten sus conclusiones, se podrá abundar con más información y detenimiento en aquellas reflexiones que pueden contribuir a una visión de mayor horizonte. Unos subrayarán el voto de castigo, otros lo que se refiere a la composición que resultó en el Poder Legislativo, algunos nos dirán el tipo y grado de acotamiento en que queda el próximo Ejecutivo. En ese y otros sentidos, habrá de más para pensar y discutir. Pero lo que ya debería estar claro, es que la vida no empezó el 3 ni todo se terminó el 2. Muchos de los problemas seguirán entre nosotros. Sobre todo los que reclaman ser asumidos y resueltos, en la medida de lo posible, por todos y, en particular, por el próximo gobierno. Desde el nuevo gobierno ya no será suficiente ningún dicho o frase bien construida para convencer a la sociedad de que las cosas se están haciendo bien. Como en todos los tiempos, pero ahora como producto del cambio que produjo el voto ciudadano, el gobierno de Fox tendrá desde el principio que hablar con hechos. Con resultados ante los problemas que deberá intentar resolver en los terrenos sociales, políticos y económicos. Prácticamente ninguna de nuestras dificultades principales es nueva. La pobreza y la desigualdad, para empezar, están ahí, siguen entre nosotros y habrá que revisar a fondo todas las políticas con las que se les ha querido enfrentar en pasadas administraciones. El tema juvenil no se muestra en toda su complejidad en el voto que se emitió el 2 de julio, ni en el secuestro de la UNAM por un CGH enloquecido y minoritario; tampoco en los hechos de la normal rural del Mexe. Las adicciones, el Sida, el desempleo, la educación y un extendido etcétera nos hablan de la necesidad de construir políticas integrales, que no existen como tales, en la materia. Son muchos y complejos los asuntos que el próximo gobierno deberá atender. Acerca de algunos de ellos se expresó Vicente Fox por lo regular con generalidades, como la ya famosa frase que aseguraba que en 15 minutos resolvería el problema chiapaneco o aquella referida al 7% de crecimiento del PIB. Hubo de más, sobre todo si pensamos en lo que dijeron a lo largo de las campañas los candidatos a la Presidencia. Pero antes de empezar a hacer públicas las políticas que atenderán los principales problemas nacionales y regionales, el futuro Presidente y, por supuesto, su partido, deberán resolver un asunto de vital importancia: el de la gobernabilidad. La "reconciliación nacional" es indispensable para el buen gobierno y el tendido de puentes, el establecimiento de acuerdos y compromisos con todas las fuerzas políticas no son otra cosa que condiciones indispensables de cumplir para poder pensar con cierta seguridad en el futuro de la nación. Es cierto que nobleza obliga y las iniciativas deben partir del que obtuvo el triunfo, pero es necesario que también desde los otros puntos de nuestra pluralidad política se vayan exponiendo los elementos clave de sus horizontes, los centros estratégicos de la negociación. Los resultados electorales, las composiciones que se verán actuar en el Poder Legislativo, nos hablan de rigurosos acotamientos y de la necesidad de hacer política entre todos y con todos. A ninguna fuerza política le alcanza en las dos cámaras para decidir por sí sola. La fuerza de la mercadotecnia demostrada durante las campañas tendrá que abrirle paso a la elaboración y presentación de proyectos consistentes y realistas. A las fuerzas políticas se les obligará desde la sociedad a que se conviertan en entidades productivas en cuanto a ideas y programas se refiere. Los ciudadanos cumplieron con creces, las autoridades electorales también. Lo que ahora hará mucha falta será precisamente que se dejen los dimes y diretes, las ofensas, el grito y el sombrerazo. Es tiempo de vivir una nueva normalidad estableciendo las vías de comunicación necesarias para acceder a compromisos claros y públicos entre todos los partidos políticos, entre gobernantes y gobernados. ¿Lo veremos? Rafael Cordera Campos es profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. |
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