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La censura sería rechazada
Gerardo Estrada
¿Cuál será la orientación ideológica que tendrá el próximo Presidente en materia de cultura y educación? Son muchos los escenarios que podría suponer la respuesta a esta pregunta, sin embargo, si nos atenemos a las condiciones históricas a las que nos enfrentamos hoy los mexicanos de fin-principio de siglo, podremos encontrar respuestas, algunas obvias, otras difíciles de pensar hace algún tiempo. En primer lugar, porque resulta simplista juzgar a partir sólo de los discursos de una campaña política el desempeño que tendrá un candidato al asumir el cargo que le fue conferido. Si bien es cierto que durante la campaña se van generando ciertas expectativas en la población a raíz de discursos y promesas, también resulta indudable que durante la administración éstas llegan a transformarse, se cumplen algunas, se realizan otras y varias quedan en el aire. Pero, en cualquier caso, estas expectativas y estos discursos generan un condicionamiento para y en la actuación pública. Lo que quiero decir con lo anterior es que dada la metamorfosis inevitable que genera el cambio de ubicación -desde dónde proponemos líneas de acción y desde dónde las llevamos a cabo- nos orilla a no considerar como el único elemento de juicio a la campaña política como base para prever el futuro desempeño de un Presidente, cualquiera que sea su origen ideológico. Daniel Cosío Villegas demostró que "el estilo personal de gobernar" acaba por imponerse. Por otro lado, la observación de la actuación desde el poder de otros actores similares ideológicamente en procesos anteriores, nos brinda otro parámetro. Es cierto que en materia de gestiones culturales con gobiernos panistas, en algunos de los estados de la República existen desafortunadas experiencias pero también lo es que éstas no han sido exclusivas de los mismos. El populismo de cualquier signo ideológico es y ha sido también peligroso y las figuras e instituciones "intocables" han resultado también limitantes de la libertad. El estigma natural que suele asociar "a la derecha" con censura, limitación, mochería, etcétera, cae en la miopía cuando de procesos sociales (y sobre todo artísticos y culturales) se trata. La extrema derecha puede estar animada (y seguramente lo estará) a impulsar una serie de acciones que tiendan hacia la restricción de la libre expresión o por una canalización de la actividad creativa sobre cierta línea o bajo ciertos valores, sin embargo, parece difícil que la sociedad mexicana de finales de siglo lo acepte. La exigencia por el respeto de la mayoría y también, por fortuna, de las minorías nos conduce, a todos, hacia la inclusión, la tolerancia y el diálogo sin reservas. La cultura y la educación son más que ninguna otra actividad humana la encarnación de esto. De allí que no se prevea otro camino más que el de apoyar y tomar parte en este diálogo permanente que va más allá del alcance de una postura, de una ideología o de un gobierno. La sociedad mexicana no parece en este momento dispuesta a retrocesos o pérdida de derechos. Como jefe de Estado, Vicente Fox estará obligado a respetar el curso de los procesos sociales y a permitir que este diálogo entre las tendencias culturales y artísticas, tanto nacionales como internacionales, se siga dando. La sociedad mexicana no merece ni acepta que su voz sea acallada por ninguna tendencia ideológica. Tampoco creo que exista algún inocente que pretenda hacerlo. Si los mexicanos están abiertos a romper con paradigmas anquilosados como apoyar a un mandatario cuya estructura familiar es poco tradicional o a manifestarse públicamente exigiendo el respeto a los derechos de las minorías (como la de los gays), entonces también está dispuesta a defender su derecho de la exhibición sin censura de la obra artística de calidad. Se vislumbra a la eficacia como un marco sólido y seguro de acción. Más apoyo a la cultura e impulsar mejor educación para todos es la esperanza. Podemos concluir que el pragmatismo, más que ideología, debe ser lo que caracterice la actuación del siguiente gobierno y que la sociedad, por su parte, será la encargada de evaluar ese proceder. En todo caso, una sociedad que ha optado por la pluralidad política ha expresado al mismo tiempo su opción para una pluralidad cultural-artística, más allá de las convenciones ideológicas de la clase política que la represente circunstancialmente Gerardo Estrada es director del Instituto Nacional de Bellas Artes. |
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