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Marina Robles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Errores de la vida

Marina Robles

Foto: National Geographic

Usted y yo sabemos del decir popular que presenta a los humanos como los únicos animales que tropiezan dos veces con la misma piedra. Pero resulta que eso no es necesariamente cierto y para muestra un botón.

En un estudio publicado por Gina Reppucci y Carolyn Mostello, investigadoras de la división de pesca y vida silvestre de Massachusetts, Estados Unidos, quienes registraban el estado de una población de golondrinas de mar que se encuentra en peligro de extinción, se sorprendieron al identificar una especie de albatros, originario del Atlántico sur, en una de las islas de su zona de estudio ubicada en el Atlántico norteño. La especie que encontraron parece ser una de las más raras de este grupo, el albatros nariz amarilla (Thalassarche chlororhyncos).

Estas aves son consideradas accidentales, en el lenguaje de los ornitólogos, particularmente en las zonas del océano Atlántico. Los albatros son las aves voladoras más grandes; al extender sus alas alcanzan poco más de dos metros. Son principalmente marinas y van a tierra sólo para buscar pareja, dejar un huevo y empollarlo.

Según las investigadoras, la isla de su estudio presenta condiciones excelentes para que un ave como esa pueda usarla de zona de anidación, pues, al ser tan grandes, necesitan un buen espacio para despegar y además en la isla no existen mamíferos que puedan actuar como depredadores de sus huevos.

El asunto extraño es que el ave se encuentra 180 grados confundida, porque su rango geográfico está en el hemisferio sur y encontrar pareja donde no hay otro ejemplar de la especie puede resultar imposible. Claro que si lograra encontrarse otro despistado, podría ser la posibilidad de extender su rango a otro hemisferio.

Pero resulta que éste no es el único caso. El año anterior también se encontró un albatros de esta especie en una zona del Golfo de Maine (zona compartida entre Estados Unidos y Canadá). La extraña ave permaneció un par de horas, los amantes de aves la fotografiaron, ella voló y nunca más se le volvió a ver. A menos que sea la misma que ahora se encontró en la isla Penikese.

Otro ejemplo similar de este mismo grupo de aves es el de una tenaz constructora de nidos y aquí regreso al refrán. En este caso, un albatros de frente negra, construyó su nido de 1972 a 1987. Y en ninguno de esos años llegó alguna compañía emparejable. El lugar terminó siendo famoso entre los ornitólogos quienes visitaban el sitio viendo cuánto más duraría la espera de la Penélope voladora.

Vale la pena decir que en la vida de un albatros, 15 años puede no ser un esfuerzo tan grave para buscar emparejamiento, pues son aves muy longevas que llegan a vivir hasta 80 años. El asunto es que en esta idea de mitificar cosas, muchas veces hemos pensado que los animales distintos a nosotros tienen mejor capacidad de orientación y no se equivocan. Los ejemplos que rompen esta idea cada vez son más numerosos, los estudiosos del comportamiento animal tienen muchos

Marina Robles es maestra en Ecología Marina por el CICESE y Fellow del Programa LEAD-México. Actualmente estudia el doctorado en Ciencias en la UNAM.

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