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Los 100 días de Ricardo Lagos

María Cristina Rosas

Ricardo Lagos
Foto: Emiliano Thibaut/Time

Si existe una sociedad polarizada en América Latina es la chilena. En los comicios celebrados hace unos meses, queda de manifiesto que tanto la izquierda como la derecha reúnen a igual número de simpatizantes. Los chilenos se desgarran las vestiduras: unos señalando que Pinochet debería regresar al poder porque sólo la mano dura puede sacar adelante al país; otros insistiendo en ya era hora de que la izquierda se probara a sí misma y gobernara.

Y en medio de todos estos dimes y diretes, Ricardo Lagos llegó a los 100 días de su gobierno, donde se ha afianzado gracias a las negociaciones efectuadas con las fuerzas armadas, a su distanciamiento de los partidos políticos y a su muy particular forma de tomar decisiones y ejercer el poder.

Quienes lo conocen afirman que si bien Lagos escucha las opiniones de terceros, siempre ha marcado su autonomía, actuando sin precipitaciones. La impresión de los expertos en los sistemas políticos latinoamericanos es que Lagos no deja vacíos de poder sino que ejerce autoridad y está al mando. Tan es así que la anticipada sombra de Augusto Pinochet sobre la presidencia de Lagos no ha encontrado espacios para manifestarse; es más: el proceso para desaforar al anciano ex dictador está progresando. Hace apenas seis o siete años, una situación como la descrita habría sido impensable. Pero la habilidad de Lagos ha ido muy lejos.

Ricardo Lagos se sabe una figura pública y gusta de hacer apariciones con frecuencia. Sus asesores le han advertido que ello puede generarle un desgaste innecesario. Sin embargo, el mandatario chileno no vacila en hacer acto de presencia ante los medios, sea o no para afrontar dificultades políticas. Tantas intervenciones públicas del Presidente han terminado por hacer casi obsoletas las funciones del secretario general de Gobierno, quien hace las veces de vocero del Palacio de la Moneda. De hecho, el estilo laguista ya tiene un sello: el ejercicio de la autoridad presidencial.

La autoridad presidencial recrea mucho el estilo académico del mandatario. No hay que olvidar que fue profesor y trabajó en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales al lado de Fernando Henrique Cardoso, con quien conserva una importante amistad. Los dos, más Fernando de la Rúa en Argentina, constituyen la tríada socialdemócrata que rige a los únicos tres países políticamente estables en el cono sur actualmente.

Estudios de opinión revelan que en sus primeros 100 días de gobierno, la opinión pública tiene una imagen positiva sobre el Presidente. Este personaje posee una oratoria clara, maneja un discurso con credibilidad para los chilenos y sus intervenciones no pasan inadvertidas. Una encuesta realizada por la revista chilena Qué Pasa, en torno a la imagen que proyecta el mandatario, encontró que es equiparable a la de un profesor sabio, un jefe exigente y un padre protector.

A diferencia de su antecesor, Eduardo Frei, el presidente Lagos no sólo despacha en el Palacio de la Moneda sino que también efectúa reuniones de trabajo en otros lugares, por ejemplo, su residencia. Lagos es afecto a trabajar con grupos a distintos niveles. Uno con el cual lleva a cabo encuentros semanales es al que concurren el ministro del Interior, José Miguel Insulza; el secretario de la Presidencia, Alvaro García, y el secretario de Gobierno, Claudio Huepe, con quienes se anticipan los temas de relevancia en las semanas por venir y se discuten los temas políticos pendientes.

En seguida se encuentran los asesores principales del Presidente: Ernesto Ottone y Eugenio Lahera, reconocidos como los brazos derechos de Lagos. El desempeño de estos personajes ha estado en el ojo de la tormenta dado que constituyen, en la práctica, una estructura paralela de poder, en el corazón del gabinete presidencial. Además Ottone y Lahera desarrollan actividades que tradicionalmente son de la competencia de los miembros del gabinete.

Como se comprenderá, el ritmo de trabajo del mandatario es intenso. Es Lagos quien maneja las agendas de los secretarios de Estado, estableciendo metas y tiempos para su ejecución. También, todas las mañanas revisa la prensa nacional y un dossier sobre temas internacionales.

En términos de iniciativas de ley, ha logrado imponer su dinámica. Si bien puede hablarse únicamente de dos proyectos de la era Lagos -uno sobre seguro del desempleo y otro sobre la restricción en los gastos de campañas electorales- se ha avanzado en la tramitación de 160 iniciativas que no pudieron aprobarse durante la gestión de Eduardo Frei. De hecho, esto representa entre cuatro y cinco veces las iniciativas que los antecesores de Frei lograron estimular en sus primeros meses de gobierno.

¿Puede mantenerse este ritmo de trabajo junto con las apariciones públicas continuas? Siempre los inicios de una administración son intensos. El nuevo gobernante debe no sólo diferenciarse de quien lo antecedió, sino también afianzarse en el poder, imponer su propio estilo, por lo que es razonable suponer que esa dinámica no se mantendrá a lo largo de seis años dado que por obra del desgaste, resultaría contraproducente.

En sí, Lagos está inaugurando una era de fuertes cambios. En el terreno de la política exterior está acercándose más a Brasil y al Mercado Común del Cono Sur (Mercosur). Asimismo, es un entusiasta participante en el Foro Económico Asia-Pacífico (APEC) y está promoviendo la concreción, a la brevedad, de un acuerdo de libre comercio y concertación política con la Unión Europea, siguiendo los pasos pioneros de México en esa dirección.

Uno de los cambios en el terreno económico que está planteándose por las autoridades chilenas, es el abandono de los controles a la inversión especulativa. Aparentemente Lagos ha entendido de que para atraer inversión extranjera y dar nuevos bríos a la economía es menester deshacerse de esos controles que llevan, en su opinión, a que la bolsa chilena de valores sea considerada la menos rentable y no sólo en América Latina.

El "negrito en el arroz" sigue siendo la relación con las fuerzas armadas, que mantienen cuotas de poder imposibles de ignorar en el sistema político chileno. Aun así, los avances que se han tenido en torno al caso Pinochet, muestran la capacidad gestora del presidente Lagos y de su equipo de asesores

María Cristina Rosas es profesora-investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Correo: mcrosas@prodigy.net.mx

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