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En la soledad opositora
El PRI broncudo es cosa del pasado

Julián Andrade Jardí

"El PRI sólo cambiará si se
destierran las viejas prácticas"
Foto: Raúl Ramírez Martínez

Me dicen buenos amigos priistas, que el animal no está muerto, que requiere de cuidados intensivos pero que es probable que se recupere. Francamente lo dudo. El PRI, como lo conocimos, dependía de la voluntad presidencial. Por eso, no es extraño que los gobernadores furiosos lancen baterías contra Ernesto Zedillo. Se sienten traicionados porque pensaron que la maquinaria aún serviría.

Lo que no me queda muy claro es si el reclamo se relaciona con lo que el Presidente pudo hacer, de modo legítimo, o con la esperanza de que se utilizara cuanta triquiñuela existe para salvarse del naufragio.

Pero si en cambio la furia tiene que ver con la vieja nostalgia autoritaria, estarían realmente en problemas. El PRI broncudo, capaz de los berrinches más absurdos, es cosa del pasado. La soledad de la oposición, con una ciudadanía cada vez más educada, los conducirá a caminos hasta ahora insospechados pero en todo caso más transitables que los de su tortuosa relación con el Poder Ejecutivo.

El PAN ya anunció que su relación con Vicente Fox será de independencia. El nuevo Presidente ha sostenido que el PAN debe entender que su puesto requiere de compromisos muy distintos a los partidarios. No estoy muy convencido de que esta posición sea realista, pero entiendo perfectamente que después de las relaciones borrascosas del PRI y el Presidente, cualquier recurso radical puede ser a la larga positivo.

El PRI sólo cambiará -para bien, se entiende- si se destierran las viejas prácticas, si los grupos gangsteriles son echados de esa institución y si los sectores reformistas son capaces de sobreponerse a la orfandad de un partido sin el horizonte tranquilizador del Presidente.

Es cierto, también, que en el PRI se canceló la época de silencio. Nunca más serán los mansos corderitos al servicio del poder incapaces de ver su propia ruina. El resto, en todo caso, radicará en que prevalezcan los grupos democráticos, los que entienden que el ejercicio del poder no es un botín y que además no dura toda la vida.

Las oficinas de Labastida ya fueron vaciadas. Los guaruras y las secretarias dieron paso a los barrenderos. No funcionó el intento de colocarlo como presidente del partido y ahora se va de vacaciones.

No deja de ser un cruel epitafio y una lección de que la política tiene mucho de canibalismo y no pocas actitudes impresentables. Lo querían como Presidente y ahora no quieren ni verlo en las oficinas de Insurgentes Norte.

Para el anecdotario

Si uno es un lector atento de algunas columnas políticas verá un ejercicio de magia. Del labastidismo más contundente pasarán a la euforia por el PAN y su candidato. Este proceso de conversión irá aumentando conforme nos acerquemos a diciembre.

Son una especie de despojo de la cultura priista. Intentarán sobrevivir, aunque sospecho -y espero- que el cambio tenga la fuerza para que los nuevos aires empiecen a respirarse en la prensa

Julián Andrade Jardí es subdirector de Información del periódico Crónica.

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