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primera plana intermedios
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difusiones El camarógrafo
Francisco Báez Rodríguez
Reality shows Sepultado por los escándalos de las campañas electorales, un escandalito menor se activó en el mundo de la televisión. Resulta que muchos de los invitados del programa Hasta en las mejores familias no eran señores que se habían acostado con la novia de sus hijos, ni mujeres a las que los hermanos les habían quitado la casa ni homosexuales que habían seducido a sus primitos. Eran actores que interpretaban un "pedazo de realidad". Esto supera los casos de Cristina, Laura de América, Cosas de la vida, donde en ocasiones se ha pagado a gente para que exhiba sus miserias físicas y morales. Se trata, muy claramente, de hacer pasar mentiras por realidades. El productor del programa, Federico Wilkins, convertido en filósofo catódico, ha intentado, mediante sofismas que ameritan de un psicoanalista, explicar cómo la verdadera realidad de fondo es la "realidad" que él se encarga de inventar y distorsionar en Hasta en las mejores familias, para según dice, "entretenimiento" de las familias mexicanas. Reality shows II Aposentados en la hiperrealidad, y tomando como hilo conductor esa mujer extraordinaria que es Carmen Salinas, habría que decir que las últimas semanas en la frenética campaña de Francisco Labastida son un ejemplo de lo que no debe hacerse, ni por razones éticas ni políticas. ¿No se dieron cuenta de que denigrar a una niña es peor que utilizarla en un mitin? ¿Que todo México se sabía el chiste y el pendejo no era el ministro? ¿Que cuando la crítica al adversario rebasa la caricatura se convierte en un bumerang? ¿Que sobresaturan a la población con la imagen del candidato? ¿Que dieron la impresión de aparatote desesperado? ¿Que todos estábamos hasta la madre del jingle de Juan Gabriel? El más elemental de los publicistas sabe que la dosis es tan importante como la medicina. Bastaron tres días de aliviado silencio para demostrar que el efecto contraproducente sería definitivo. Sin embargo, los priistas se instalaron en una realidad wilkinsiana. Y les cuesta, una semana después del ramalazo, salir de ella. Reality shows III
Como cereza en el pastel, Televisión Azteca transmite la filmación de un asalto callejero, incluso el valiente camarógrafo persigue, jadeante, al asaltante, quien se pierde en las calles del Centro Histórico. ¡Qué suerte la del camarógrafo! (¿O será que la ciudad es tan insegura que a cada rato te encuentras con delincuentes en acción?) Pues no. El asaltante voltea un segundo a la cámara. Es captado y capturado a los pocos días del suceso. Y resulta que es medio hermano del camarógrafo, que la asaltada es la otra hermana y que lo que presenciamos, disfrazado de noticia y presentado como primicia, es reality show en su versión más primitiva. En las condiciones de enfrentamiento entre la PGJDF y Azteca, y luego de los disparos contra Lilly Téllez, lo del camarógrafo fue un regalo de consolación postelectoral para Samuel del Villar. TV Azteca hace bien en demandar por fraude a su ahora ex trabajador. Es lo menos que puede intentar para salvar la cara. Y prometer ser más rigurosa, porque una "volada" de este tamaño requiere, para tener éxito, de un ambiente de trabajo en el que la ética no es la prioridad número uno Francisco Báez Rodríguez es subdirector general del periódico Crónica. |
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