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Los límites del presidente Fox
Ricardo Becerra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

cuentas claras


Maribel Ramírez Coronel

Fox, en medio de algodones

Foto: Jaime Boites

Si de por sí Ernesto Zedillo ya prácticamente había convencido a la comunidad de inversionistas internacionales y nacionales de que no habría crisis en el cambio de sexenio, con el triunfo de Vicente Fox y la forma como se dio, el mandatario saliente está a punto de cumplir un gran anhelo: pasar a la historia como el primer Ejecutivo que rompió con la maldición de las recurrentes y traumáticas devaluaciones al entregar la estafeta. Al menos así lo refleja el gran recibimiento que la Bolsa de Valores y el tipo de cambio dieron al próximo Presidente electo.

De hecho, al segundo día de conocidos los resultados de los comicios, las tasas de interés registraron uno de sus mayores descensos: los Cetes a 28 días, que es la más clásica referencia para todo tipo de crédito, pasaron de 17% a menos de 15%, y se espera que este mismo año lleguen a 13%. El peso, que había llegado a casi 10.15 por dólar en días previos a los comicios, se recuperó rápidamente y volvió a cotizarse en alrededor de 9.57 a la venta.

Dicen algunos analistas que la reacción eufórica de los mercados obedeció a la limpieza y lo incuestionable del proceso electoral, así como al estoicismo con que el candidato del PRI aceptó su derrota. Pero nadie niega que el candidato triunfador siempre tuvo la venia de los financieros y los dueños del dinero que el país requiere para su desarrollo. Ahora todo dependerá de la medida en que el gobierno foxista pueda cumplir las expectativas generadas.

 

El gran continuista

José Angel Gurría
Foto: Ave

Precisamente una de las grandes incógnitas es quién será el próximo titular de las finanzas nacionales, preocupación que no es gratuita después del pasado cambio de sexenio cuando a Jaime Serra Puche por desconocimiento de la bomba que recibía, le terminó explotando en las manos sin saber qué hacer.

Hoy se sabe que si Pedro Aspe Armella hubiera continuado como secretario de Hacienda, quizá no hubiera evitado la crisis, pero sí hubiera podido suavizar la estrepitosa caída que derivó en la pérdida de poder adquisitivo más grave que hayamos visto las generaciones actuales. Por eso hoy muchos consideran conveniente que José Angel Gurría se mantenga en el cargo al menos hasta que el nuevo gobierno tome por completo las riendas y se asegure de que no hay hilo suelto.

Si algo tiene claro el equipo que acompaña a Vicente Fox es que darán continuidad a la ruta marcada por el gobierno zedillista. Y para esa transición han encontrado "una actitud tremendamente receptiva" de parte del gobierno saliente, según dijo Luis Ernesto Derbez, jefe de asesores económicos durante la campaña de Fox. Por lo pronto, el equipo de Vicente Fox trabaja estrechamente con funcionarios de la administración de Zedillo para presentar al Congreso de la Unión, a fines de septiembre, el presupuesto federal para el año 2001.

En una reunión con corredurías estadounidenses, Derbez -ampliamente conocido en el mundo de las finanzas internacionales, pues fue directivo en el BM- delineó por dónde se encaminará el gobierno foxista: será aún más austero durante su primer año, pues tiene claro que para empezar a aplicar sus propuestas de mayor gasto en educación, federalismo y en general en el aspecto social, así como su ambiciosa meta de crecer a 7% anual, tendrá que esperar a que se concrete la largamente esperada reforma tributaria. Ojalá y lo logre, pues el presidente Zedillo no pudo y eso que era una de las metas de su plan de desarrollo.

De hecho, los grandes retos que Fox tendrá que superar son en gran parte los pendientes que deja el mandatario saliente. En esa lista de innumerables está aparte de la reforma tributaria, la reforma del sector eléctrico para dar mayor cabida al capital privado, así como la definición de la industria petroquímica y de una ley laboral moderna adecuada a las nuevas circunstancias, entre muchas otras.

Para tener éxito en sus propuestas y cumplir sus promesas de campaña los foxistas están en manos del Congreso, donde no las tienen todas consigo, pues carecerán de mayoría absoluta, de modo que no tienen otra opción que convertirse en verdaderos expertos del cabildeo

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