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reseña Matemáticas noveladas
Arturo López Rodríguez
¿Zola, Balzac, Tolstoi en matemáticas? Si de probabilidades se trata, diríamos que si las lecciones de matemáticas incluyeran más sobre la historia de éstas, es decir, sobre la vida y desvelos de sus precursores, tal vez dichas lecciones acapararían la atención de mayor número de estudiantes en general. Para consultar parte de estos temas, además de la recurrida enciclopedia, bien podríamos sugerir a Denis Guedj, matemático y novelista, autor de libros como La Révolution des savants y La Mesure du Monde: La Meridienne, quien sin salirse por la tangente, presenta una novela para aprender matemáticas bajo el cursilón título de El teorema del loro. Elgar Grosrouvre, matemático, quien reside en Brasil, decide enviar su inmensa biblioteca de matemáticas a su amigo y ex compañero de La Sorbona, el filósofo Pierre Ruche, propietario de la librería Las Mil y Una Hojas en el barrio de Montmartre en París: "Ahí están todas las joyas de este tipo de literatura (...) Si algún día se te ocurriera abrir uno de estos libros, pregúntate: `¿Qué me cuentan estas páginas?`. Estoy seguro de que entonces verás esas matemáticas tristes y opacas bajo otra luz, que te satisfacerá insaciable lector de las mejores novelas", le escribe Elgar en la primera de dos misteriosas cartas que constituyen parte del hilo conductor. Sin embargo, Guedj agrega un elemento que, por mucho que vuela, al final nos deja en las mismas: un loro cuyo nombre es "Sinfuturo". Las historias van y vienen sin parar. Desde el filósofo y matemático griego, Tales de Mileto (quien a diferencia de Pitágoras no se ocupó mucho de los números sino de las figuras geométricas), de Euclides, Tartaglia, Arquímedes, entre otros más. Elgar explica en sus cartas que después de La Sorbona continuó estudiando matemáticas y decidió reunir los libros más antiguos sobre la historia de esta ciencia, aunque aclara que no siempre "por los caminos más honestos ni los medios más lícitos", todo ello con un fin: resolver dos problemas célebres que durante siglos nadie había podido solucionar. Y aparentemente lo logra pero muere en un extraño incendio en Brasil, por lo que propios y extraños se interesan en poseer sus demostraciones. Pero, ¿en qué soporte material hubiera confiado sus demostraciones? ¿En qué disquete, cinta magnética, video o microfilm? Don Ottavio, también amigo y ex compañero de Ruche y Elgar en La Sorbona, representa a la mafia de Sicilia. Primero fue contrabandista de cigarros hasta llegar a coleccionista de diversas obras: posee cuadros de renombrados maestros de la pintura: Jonkind, Vermeer, Rembrandt, Goya, Braque y dos Picassos. Al suponer Don Ottavio que Elgar no confiaría sus demostraciones en ningún soporte material sino que éstas debieron ser transmitidas y confiadas oralmente, concluye que sólo una memoria que no necesita soporte material debía ser el mentado loro, la piedra angular de las pesquisas. Así, con tintes novelescos, Denis Guedj narra la relación entre las tragedias y las matemáticas. Ambas, de hecho, nacieron en Grecia Denis Guedj, El teorema del loro. Novela para aprender matemáticas, Barcelona, Anagrama, 2000, 537 pp. Arturo López Rodríguez estudió Gestión y Políticas Culturales en la Universidad de Barcelona. |
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