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textos Hartazgo e ilusión
Rolando Cordera Campos
La victoria de Vicente Fox rebasa con mucho la posibilidad de un comentario de ocasión. Los términos de la entrega del poder adquirieron sus primeros perfiles la misma noche del domingo, pero lo que importa ahora está por delante. Entregado el poder, lo que queda ante el país, en efecto, es la cuestión mayor de su ejercicio. Tocará a las cámaras y los gobiernos y congresos locales, sin duda, darle a dicho ejercicio el contorno inicial básico, pero desde ya puede decirse que ese formato -heredado de las ilusiones liberales del siglo pasado- se probará pronto insuficiente sobre todo si incorporamos a la especulación las expectativas creadas por y al calor de la avalancha foxista. Dio por hablarse, como en los cuentos, de una victoria cultural panista, pero quienes cantaron esas glorias se quedaron cortos. Lo que México tiene hoy enfrente es algo más que el triunfo de una hipótesis política. El arrollador vuelco de las urnas nos habla más bien de un hartazgo y de una ilusión, de una apuesta mayor que sólo puede ser respondida desde la perspectiva arriesgada de nuevas formas de gobernar y comunicar el ejercicio del poder que ahora se cede graciosamente. Al mismo tiempo, la propia estadística electoral a la mano, nos advierte de la fuerza de una costumbre que no será fácil dejar atrás, con todo y la susodicha victoria cultural: el presidencialismo que ahora se deslizó en favor del PAN que había sido, hasta hoy, el campeón de una convocatoria democrática que suponía la superación de los usos y abusos que nos legó la revolución y que se resumían para bien y para mal en la fuerza metafísica de la Presidencia. Tiempo habrá para definir los términos de la ecuación que el arrollador triunfo de Vicente Fox le plantea al México del siglo XXI. Lo que sí se puede adelantar desde este lunes brumoso en Manzanillo es que no se trata, por ahora al menos, de política normal, como le gustaría al presidente Zedillo presumir, sino para salir al paso y pronto de los aprendices de brujo que prestos se ofrecen a cambiar el país de cabo a rabo. Y no es de eso de lo que se trata el laberinto mexicano, que en realidad reclama sentido del tiempo, de la oportunidad y de la prudencia. Ya veremos Rolando Cordera es presidente de la Fundación Carlos Pereyra del PDS. |
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